Capítulo 30
J ohn estaba de pie, con las manos en los bolsillos, con la vista perdida en los tejados de Thonglor mientras le daba vueltas a las posibilidades. Una mano en el hombro lo devolvió al presente. Se giró y cogió la taza de café que le tendía Adriana.
—He pensado que esto te ayudaría a pensar. Puede que la noche sea larga.
John sonrió y dio un sorbo.
—Has estado en su apartamento. Descríbemelo.
—Bueno, a juzgar por el tamaño del salón, es enorme, debe de tener varios cientos de metros cuadrados. Está en la última planta. Aunque solo vi el salón, así que no puedo decirte mucho más.
—¿Sabes si tenía alarma?
—No tengo ni idea, pero lo dudo. La mayoría de los apartamentos no tienen sistema de alarma porque el edificio tiene seguridad. Hay un guarda en la entrada principal y también habrá cámaras.
John asintió.
—Pongamos que consigues entrar en el edificio. ¿Cómo vas a entrar en el apartamento? Estará cerrado con llave.
—No lo sé.
—¿Sabes forzar una cerradura?
—No.
Adriana se apartó y se dejó caer en el sofá.
—Estamos en un callejón sin salida, entonces.
John la observó mientras se tomaba el café, sintiendo el líquido caliente deslizarse por su garganta.
—Creo que puedo entrar en el edificio con bastante facilidad. Como soy blanco, si entro con seguridad, la mayoría de los guardas no me pararán. Suelen tener miedo a la confrontación, sobre todo si apenas hablan inglés.
—Vale, pero sigues sin poder entrar en el apartamento.
—No. —John se mordisqueó el labio—. Pero puede que tenga una idea. Has dicho que es el apartamento de la última planta, ¿verdad?
—Sí.
—¿Puedo usar tu portátil?
—Claro. —Adriana se levantó, fue a su dormitorio y salió con el portátil. Tras dejarlo en la mesa del comedor, abrió la pantalla e introdujo su contraseña. John se acercó, dejó la taza de café en la mesa, retiró una silla y se sentó.
—¿Cómo se llama el edificio?
—Arunraj Mansion.
John tecleó el nombre en la barra de búsqueda. Se desplazó por los resultados y luego hizo clic en uno de los enlaces. En la pantalla se abrió una foto del edificio.
—¿Es este?
—Sí, ese es.
John amplió la foto y la estudió. Era un edificio de hormigón de veinticuatro plantas, pintado de blanco y con grandes balcones curvos que lo rodeaban por todos los lados.
De algunos niveles caían cascadas de buganvillas rojas desde las jardineras de los balcones y otros estaban llenos de helechos y palmeras. Señaló la pantalla.
—Así que supongo que será este apartamento de aquí.
—Volvió a hacer clic en los resultados de la búsqueda—.
Tiene que haber un plano en la web de alguna inmobiliaria.
Ah, aquí está. Se alquila un apartamento.
—Hizo clic en la descripción y amplió el plano—.
Mira esto. Aunque no es el mismo apartamento.
El suyo debe de ocupar toda la planta superior.
Adriana se inclinó y estudió la pantalla por encima del hombro de John.
—Sí, su salón es mucho más grande y la puerta de entrada está en este lado.
John se echó hacia atrás en la silla. Una idea estaba tomando forma. Levantó la vista hacia Adriana, con una sonrisa en la cara.
—¿Qué pasa?
—Ya sé cómo entrar.