John Hayes: Libros 1–3 Capítulo 21
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Capítulo 21

J ohn braceó con más fuerza al tomar la curva y cruzar la línea de meta. Redujo la velocidad y miró el reloj. Cada vez era más rápido.

Pasó a un trote suave y luego se puso a caminar, recuperando el aliento.

El sudor le chorreaba por la frente y se le metía en los ojos, y se lo secó con el bajo de la camiseta.

Estaba empapado, pero se sentía bien. No había dormido bien; la cabeza no paraba de darle vueltas a la situación de Amira.

Cuando se despertó, no había descansado y estuvo a punto de saltarse el ejercicio matutino para dormir un poco más, pero correr siempre lo hacía sentir mejor y lo ayudaba a pensar.

Sus mejores ideas le venían corriendo, pues su mente alcanzaba una claridad que no conseguía con ninguna otra actividad. Además, lo mantenía en forma.

Una serie de pitidos sonó por la megafonía del parque. Eran las ocho de la mañana e iba a sonar el himno nacional de Tailandia. Dejó de caminar y se quedó quieto, al igual que todos los que lo rodeaban.

Había tardado un tiempo en acostumbrarse.

La primera vez que había oído la retransmisión, estaba en plena carrera y por poco se choca con la gente que se había detenido delante de él.

Ahora estaba preparado y siempre cronometraba el ejercicio para terminar antes de que sonara.

Mientras el himno resonaba por todo el parque, dejó que su mente divagara. Pensó en Hassan.

¿Por qué un hombre de negocios rico y de éxito mantendría a alguien como esclava?

Podía permitirse contratar a cualquiera.

John nunca llegaría a entender qué pasaba por la cabeza de la gente, la forma en que trataban a sus semejantes.

Superaba su entendimiento. Lo que era aún más extraño era que si alguien quería tener un esclavo, ¿por qué iba a elegir a alguien de su propio país?

¿No cabría esperar un mínimo de respeto por alguien de tu misma cultura?

El himno terminó y John echó a andar. Nunca resolvería el problema de la crueldad humana, pero al menos podía encontrar una manera de liberar a Amira.

El problema era que, como decía Amira, la policía estaba implicada y, a juzgar por el compañero de copas de Hassan de la noche anterior, sus contactos llegaban muy alto.

John también tenía que evitar que le pasara algo a la familia de Amira como represalia.

No estaba seguro de cuál era la mejor manera de abordar el asunto, pero había quedado con Adriana para desayunar, así que confiaba en que entre los dos encontraran una solución.