Capítulo 22
J ohn le contó a Peter toda la historia, desde el descubrimiento del dinero en su cuenta hasta los recibos de depósito encontrados en el despacho de David.
No se dejó nada, y Peter se limitó a escuchar sin apartar la vista de John.
Cuando John terminó, Peter se recostó en la silla y soltó un largo suspiro, negando con la cabeza con incredulidad.
—Guau.
John también se recostó, quitándose un gran peso de encima.
Permanecieron en silencio un rato. Peter, sumido en sus pensamientos, recorría la habitación con la mirada. Cuando habló, fue casi como si estuviera hablando consigo mismo, y John tuvo que aguzar el oído para escucharle.
—Si yo muero, David se hace con el control de la empresa. Se lo queda todo... El muy hijo de puta codicioso. Siempre he tenido mis dudas sobre él y algunos de sus contactos, pero a veces no puedes elegir con quién te metes en la cama.
John se aclaró la garganta. —He oído que tiene muchas deudas de juego.
Peter asintió, todavía absorto en sus pensamientos. John tomó un sorbo de su oporto, sin querer interrumpirle.
De repente, se giró hacia John. —Creo que deberías hacerlo.
—¿El qué?
—Creo que deberías matarme.