Capítulo 19
T ras estar con Thapa, John salió a dar un paseo para despejarse.
El movimiento siempre lo ayudaba a pensar con más claridad, sobre todo correr, pero estaba en pleno centro de la ciudad, así que tendría que conformarse con un paseo.
Bajó la cuesta en dirección a Queen’s Road, luego giró y subió la empinada colina hacia el Club de Corresponsales Extranjeros antes de girar a la derecha por Wyndham Street.
La hora punta del almuerzo estaba empezando y los bares y restaurantes de Wyndham Street se estaban llenando.
Pero John no tenía hambre; su mente estaba ocupada con cosas más importantes que la comida.
No conseguía encajar las piezas del puzle. Nada tenía sentido.
Si David Yu era el hombre que estaba detrás de los mensajes, ¿por qué querría matar a Peter Croft?
¿Qué ganaría con ello? John recordó haber leído en alguna novela de misterio que había que «seguir el rastro del dinero».
Si lo que decían los contactos de Thapa era cierto, David tenía un problema con el juego y estaba muy endeudado.
Por lo tanto, ¿saldría ganando económicamente con la muerte de Peter?
¿Le daría su muerte el control de la empresa?
Tenía que haber algún beneficio importante; de lo contrario, no malgastaría un millón de dólares en ello, sobre todo si ya estaba endeudado.
John meneó la cabeza, frustrado. No sabía lo suficiente sobre derecho mercantil como para comprender las implicaciones, e incluso si resolviera eso, ¿por qué lo había elegido David Yu a él?
Se detuvo junto a la escalera mecánica de Mid-Levels, sin saber qué dirección tomar.
Las calles estaban cada vez más abarrotadas mientras los oficinistas salían en masa de sus despachos en busca de algo para comer, así que fue en contra del flujo de peatones y bajó la cuesta, tomando el camino que discurría por los callejones bajo la pasarela elevada y la escalera mecánica.
John llegó de nuevo a Queen’s Road y giró a la derecha, de vuelta hacia Pedder Street.
No tenía ni idea de adónde iba, solo deambulaba sin rumbo, haciendo tiempo mientras su subconsciente hacía el trabajo.
Su avance era ahora mucho más lento, pues las aceras estaban atestadas de gente.
Al ver un hueco en el tráfico, cruzó la calzada corriendo hacia el lado norte, ligeramente menos concurrido, e hizo una mueca cuando el movimiento le recordó la paliza.
Mientras se abría paso entre los peatones que venían de frente, creyó oír que lo llamaban por su nombre.
Miró a su alrededor, pero no pudo ver quién lo llamaba y supuso que lo había oído mal.
—John.
Una mano que lo saludaba le llamó la atención y vio a Peter bajarse de su Mercedes, aparcado junto a la acera.
John se abrió paso a empujones entre la multitud hacia Peter y le tendió la mano. Peter se la agarró con ambas manos y lo saludó afectuosamente.
—Nos volvemos a encontrar. ¿Cómo está?
—Bien, gracias, Peter. ¿Y usted?
—Excelente. No esperaba volver a verle tan pronto. —Peter lo miró de arriba abajo, fijándose en su ropa informal—. ¿Tiene el día libre?
—Sí, es una semana tranquila y tenía que hacer unos recados.
—¿Qué le ha pasado en la cara?
John se llevó la mano al labio partido. —Ah, pues... me he dado un golpe con una puerta en casa.
—Vaya. Suena doloroso. Oiga, ¿tiene algún plan para esta noche? Mi mujer está fuera de la ciudad, podríamos quedar para tomar una copa y picar algo.
A John no se le ocurrió ninguna excusa lo bastante rápido y, además, cuanto más conociera a Peter, más fácil le sería salir de este embrollo.
—Sí, claro, estoy libre. ¿A qué hora?
—Tengo un par de reuniones que acaban tarde, pero ¿por qué no se pasa por mi despacho a las siete y salimos desde aquí? —Señaló el edificio que había detrás de John. John se giró y se dio cuenta de que estaba frente al despacho de Peter.
Volvió a girarse y sonrió. —Claro, nos vemos a las siete.
Peter le dio una palmada en el hombro y se dirigió a su oficina a través de la multitud, mientras John miraba su reloj. Tenía tiempo de sobra para ir a casa, asearse y cambiarse.