John Hayes: Libros 1–3 Capítulo 7
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Capítulo 7

MARTES

J ohn se despertó tarde, casi a las diez de la mañana.

No había podido dormir; había estado dando vueltas en la cama hasta las tres de la madrugada, cuando por fin se quedó dormido.

Los pensamientos sobre qué hacer con su recién descubierta fortuna, su libertad financiera, le habían llenado la cabeza.

Había una cosa segura: no iba a volver más a ese trabajo sin futuro.

Salió de la cama, se estiró y fue a la cocina.

Abrió el armario y sacó su cafetera de émbolo.

Cogió un paquete de café molido de la nevera y midió la cantidad necesaria en la cafetera antes de verter un poco de agua caliente sobre la molienda.

Esperó treinta segundos a que el café floreciera y luego vertió el resto del agua caliente.

Puso un temporizador de cuatro minutos y, con una taza en la mano, llevó la cafetera al salón y la dejó sobre la mesa de comedor para dos.

Mientras esperaba a que el café se infusionara, se quedó mirando por la ventana la ladera que se alzaba empinada detrás de su bloque de apartamentos.

Un excursionista subía por el empinado sendero hasta la cima de la colina.

John lo observaba, pero tenía la cabeza en otra parte.

Pensó en el dinero y en que Charlotte debería haber estado allí para disfrutarlo con él.

En las cosas que podrían haber hecho juntos.

El sonido del temporizador lo devolvió al presente.

Bajó el émbolo de la cafetera y se sirvió una taza de café solo y humeante mientras pensaba en su siguiente paso.

¿Debía comprar algo? En realidad, no necesitaba nada y tampoco tenía grandes caprichos.

Siempre había querido un buen coche, quizá un Porsche, pero el tráfico de Hong Kong y el coste del aparcamiento lo hacían poco práctico, y no sería más que una atadura.

Por encima de todo, quería ser libre. Libre para tomar sus propias decisiones, para viajar cuando quisiera, para hacer lo que le diera la gana cuando le diera la gana y no estar atado a un trabajo, encadenado a un escritorio como un esclavo moderno.

Se recostó en la silla y sonrió. Eso era lo que le daría el dinero. Libertad. Se bebió el resto del café y se fue a la ducha. Por primera vez en más de un año, el futuro le ilusionaba.