Un tipo con poca suerte (Javier Ramiro 2) 45
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¡Nos marchamos!

Mientras estoy preparando las cosas para huir, no puedo dejar de pensar en este último año.

No he parado de correr y de vivir experiencias excitantes, también aterradoras.

Sé qué día empezó todo esto, el mismo día que conocí a Salazar, a Sara, a Garmendia...

y al resto. El día que amplié mi circulo de conocidos.

Tal vez haya sido un egoísta y un mentiroso, puede que no haya sido respetuoso o responsable, todo lo que me ha estado pasando desde entonces hasta hoy me ha hecho cambiar. De eso estoy seguro.

No puedo reconocerme al mirarme al espejo. Soy alguien nuevo, decidido y valiente y con una meta propuesta, ser feliz y no buscarme más problemas. Estoy decidido a mejorar mi situación y mi futuro. Ya no más mierdas.

Todo está en las maletas. Recogemos los cepillos de dientes y cojo las llaves. Salimos del piso y cierro con llave. A medida que voy bajando en el ascensor pienso que tal vez hubiera sido mejor no cerrar; si vienen a buscarnos me tirarán la puerta abajo. Otra vez.

Llegamos a la entrada de mi edificio y comprobamos que no haya nadie en los laterales de la entrada ni en la acera de enfrente.

Estamos muy asustados. Esos tipos no se andan con chiquitas.

En cuanto vemos que un taxi para delante de la puerta, esperamos unos segundos para ver si alguien aparece por algún rincón escondido, al final no hay movimiento.

Salimos a paso ligero, abrimos el maletero e introducimos las bolsas.

Díaz se sienta en el asiento de detrás que está junto a la acera, yo me dirijo junto a él por la otra puerta.

Un ruido estruendoso rechina detrás de mí.

Un coche acelerando quemando ruedas Un escalofrío me invade al recordar haber escuchado ese mismo sonido meses atrás.

No me da tiempo a girarme y observar que no estoy confundido.

Con la puerta abierta, a punto de entrar en el asiento de atrás del taxi...

un calor me invade por la espalda y las piernas, escucho breve a voz alzada a Díaz gritar «¡Noo!

». El coche me ha arroyado arrastrándome a mí junto con la puerta del taxi.

Algo húmedo recorre mi frente. No sé en qué postura estoy, no entiendo dónde estoy...

tan solo sé que me duele muchísimo la espalda y una rodilla.

Algo me atraviesa el brazo izquierdo, es un trozo de hierro del marco de la ventanilla, un dolor punzante así me lo muestra.

Intento centrar la vista al frente, pese a que no consigo ver con claridad sigo escuchando la voz de mi amigo.

«¡Mal parido, lo arrolló!» Estoy sintiendo que me voy a desmayar, creo que me estoy durmiendo sin poder evitarlo.

Mi último pensamiento es que realmente soy un tipo con poca suerte.