Un tipo con poca suerte (Javier Ramiro 2) 39
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Las magdalenas

Han pasado seis días y vuelvo a tener visita de Díaz.

Es bastante pronto para que tenga nada nuevo, aun así me alegra mucho saber que viene a verme.

En realidad, es bonito tener a alguien que te quiere pase lo que pase.

Nunca lo había pensado, ni cuando mis padres vivían, y estaba claro que ellos también eran incondicionales pues yo no les aportaba nada de alegría ni mejoras en su vida, pero eran mis padres y me querían.

Llego a la sala de visitas y mi amigo está sonriendo de oreja a oreja.

Creo que sí tiene noticias y corro a sentarme frente a él para no perder tiempo.

Tenemos tan solo una hora, en otras circunstancias me parecería suficiente, ahora con Díaz y el asunto que nos traemos entre manos, una hora parece demasiado poco.

—Cuenta, cuenta, estoy impaciente por saber —empiezo a salivar de los nervios.

—Fui al apartamento de tu conocido Raúl Martínez, resulta que tiene tiempo cerrado.

Una de las vecinas, justo la que vive abajo, me contó que antes siempre venía su mamá una vez al mes a verlo.

Me dijo, que tal vez esté enferma y que él esté con ella.

Le dije que me preocupaba que eso fuera así y me dio la dirección de la mamá de Raúl.

—¿Lo has encontrado? —pego un brinco de la silla.

—Espera. Al principio no había ni señal de que Raúl estuviera con su mamá.

Incluso la policía parece que fue varias veces antes que yo a su casa—hace una pausa y se seca los labios, parece que también está nervioso—.

Después de hablar con ella y parecerme rarísimo que no sepa nada de él ni que esté preocupada, siendo una mamá tan dedicada, que lo visitaba cada mes, me quedé en el carro en el fondo de la calle esperando cualquier movimiento raro. Y...

—¿Y, y, y ?

—Pues que la espera valió la pena. Una noche, lo vi saliendo de la casa bien tarde, lo seguí hasta un bar en la carretera y allí pude hablar con él mientras tomábamos unos tragos.

Al final, y después de muchos tragos, logré que empezara a cantar.

Me estuvo contando que tenía mucha plata [50] y que la había ganado de forma rápida y limpia.

Que tras tantos años trabajando en el aeropuerto le llegó la oportunidad de recibir una buena cantidad y ya se había retirado. »

«Yo, por supuesto, le fui sacando toda la información que pude sobre él. Me explicó hasta cómo su mamá hacía las torticas [51] ,. que al parecer son las mejores de toda la zona. Bueno... ya supe de dónde sacó la plata, quién se lo dio y por qué.

—¿Y? Díaz me estás poniendo nervioso. ¡Habla ya!

—Fue Sara. Ella le pagó por cerrarle la maleta, pero sin ponerle el candado. Le dijo que necesitaba sentirse segura y tranquila y, que si le daba un ataque de claustrofobia, quería poder abrirla para poder respirar un poquito de aire.

—¿Cómo iba a abrir ella la maleta desde dentro?

—Ahí está lo bueno, él también le preguntó lo mismo y cuenta que ella le guiñó un ojo y le señaló un sistema de alambre que había puesto por el interior de la maleta para poder abrirla desde adentro; por eso no podía tener el candado puesto.

—¡La madre que la parió! ¿Quieres decir que ella salió por su propia voluntad de la maleta e hizo creer a todo el mundo que la habían secuestrado o algo peor?

—Bueno eso es lo que me parece a mí, por lo menos es a la conclusión que llegamos Raúl y yo después de darle muchas vueltas.

Al final estuve en su casa y las torticas de su mamá sí están buenísimas.

Te traje, mira, en este paquete. Está abierto por que me lo revisaron los guardias, pero al final me dejaron dártelas, las picaron [52] todas por la mitad.

—Vale. ¿Cuánto dinero le dio? —las magdalenas me traen sin cuidado por ahora, eso sí, después pienso comérmelas.

—Cien mil euros.

—¿Cien mil? Joder la mosquita muerta. Tenemos que dar con ella. Seguro que está viva, no puede ser que haya desaparecido y más teniendo un plan cómo el que tenía para salir del equipaje. Me la ha jugado bien jugada y se ha quedado con gran parte de mi dinero.

—Tranquilo, voy a dar con ella. Por ahora le estoy echando una mano a tu abogado para conseguir la pista de la clínica mental donde estuvo ingresada Sara.

Los papás lo han escondido súper bien. De todas formas, hemos estado investigando y parece que hay varios lugares en el país donde puedes ingresar sin que quede ningún registro oficial.

Eso es solo para famosos y gente con plata que no quieren que se sepa su situación. Seguro algo vamos a encontrar

—Me queda poco tiempo, el mes que viene empieza el juicio oral —estoy desesperado.

—Tranquilo que lo vamos a lograr. Vas a salir de esta, te lo prometo.

Me lo ha prometido... sé que no puede hacerlo, él me lo ha prometido.

Aunque no sea nada seguro, es un punto muy grande a su favor, me llena de ilusión y esperanza.

En realidad él cree en sus palabras, su rostro así lo muestra y con tan solo esa convicción  a mí también me ha seducido la idea.

Nos deseamos lo mejor y quedamos en que volverá lo antes posible con nuevas noticias.