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Haré todo lo necesario
Un poco de esperanza. Hoy ha llegado Díaz a la prisión, me han informado que está en la sala de visitas, me pongo las zapatillas y salgo corriendo de mi celda.
Sigo al carcelero hasta la sala y me siento en una mesa cuadrada frente a mi amigo.
Por un momento he intentado abrazarlo, el funcionario nos ha separado antes de llegar a tocarnos.
No puedo evitar llorar al verlo frente a mí. Díaz se hace el fuerte.
Es una situación muy desesperante. Tengo juicio en poco y no consigo nada a mi favor.
Sara sigue sin aparecer, en estos momentos si la encontrasen sería muerta y eso tampoco me ayudaría en nada.
He intentado convencer a Garmendia de que comprueben las huellas de Sara en el neceser de la insulina, me han dicho que en caso de que encontraran sus huellas sería muy normal, pues ellos dos tenían una relación de hacía años y sus huellas están por toda la casa de Jorge Dubois, es más, ha insinuado que yo podría haber utilizado guantes para manipularla sin dejar mis huellas.
Díaz ha podido instalarse en mi piso y ha tenido que retirar del trastero las cosas para llevarlas de nuevo a casa.
No puedo pagar el alquiler del trastero.
El juez ha dictaminado bloqueo preventivo de mi cuenta bancaria, así que no puedo disponer del dinero; además en la empresa, me han despedido enseguida.
Itúrbide & Asociados no está dispuesta a guardarme el puesto, sobre todo después de haber inculpado a su dirección en un posible delito de encubrimiento de un asesinato.
Así que estoy bastante jodido y no puedo ni mantener a Díaz mientras esté en España para ayudarme, de todas formas ha sido precavido y se abrió una cuenta con un banco que opera aquí, así puede disponer de su dinero ahorrado.
Hemos hablado largo y tendido, gran parte de la información de lo sucedido hasta ahora ya se la había dado mi abogado.
Se puso en contacto con él antes de venir a verme.
Está dispuesto a hacer lo que sea para ayudarme, así que me ha explicado que lo primero que tiene pensado hacer es buscar a Raúl.
En el aeropuerto ya le han informado que justo al día siguiente de mi detención abandonó su empleo.
La policía parece que no da con él. Díaz dice que mi abogado no ha conseguido información sobre el centro psiquiátrico en el que se supone que estuvo Sara.
De todas formas Díaz está dispuesto a salirse de la ley si es necesario para encontrar todo tipo de pruebas exculpatorias para mí.
Por mucho que le he suplicado que no se meta en líos, dice que no está dispuesto a cambiar de opinión.
En realidad me alegro de tener un amigo como él.
Nadie es capaz de involucrarse en algo tan importante como encontrar la verdad por una persona a la que conoces desde hace tan poco tiempo y sin esperar nada a cambio.
Con lo miserable que he sido en gran parte de mi vida y las malas costumbres que tenía, como el juego, la mentira, la holgazanería...
creo que no soy merecedor de una amistad tan grande.
No puedo perder la esperanza, es lo único que me queda.