26.Hasta ti #2
Respiré profundamente.
Huele a sal.
A verde.
A paz. Mi lugar.
Sonreí.
La primera vez que traje a Lucas aquí tuve miedo de arrepentirme.
Durante años había protegido aquel sitio como protegía tantas otras cosas.
Era el lugar al que venía cuando necesitaba pensar.
Y también cuando necesitaba dejar de hacerlo.
Se lo había mostrado cuando apenas comenzábamos a conocernos.
Y no me arrepentía.
No me arrepentía de haberlo traído.
Ni de haberle contado mis historias.
Ni de haber conocido las suyas.
Ni del primer beso.
Ni de aquellas conversaciones interminables.
Ni siquiera de haber tenido miedo.
Miré al hombre que caminaba a mi lado.
Era un buen hombre. Lo sabía.
Conocía sus defectos.
Sus inseguridades.
Su tendencia inexplicable a derramar bebidas cuando se ponía nervioso.
Sonreí para mis adentros.
Conocía también su fe.
Su forma de tratar a los demás.
La manera en que amaba a su familia.
Y cómo me había tratado a mí incluso cuando no pensábamos igual.
Volví la mirada hacia el mar.
No sabía qué quería decirme.
Pero estaba segura de algo.
Lucas jamás arruinaría mi lugar favorito.
Al menos...
no conscientemente.
—¿Por qué sonríes? —preguntó. Lo miré.
—Mis pensamientos.
Él sonrió.
—¿Cuánto?
Pensé unos segundos.
—Creo que estos ya no tienen precio.
Por primera vez...
Lucas no intentó mejorar la oferta.
Solo me miró.
Y aquello consiguió que mi corazón volviera a acelerarse.
Llegamos a la parte alta del mirador.
La ciudad se extendía por la costa.
—Este lugar es de las cosas más hermosas que he visto nunca —le dije, girándome hacia él.
Lucas también se volvió hacia mí
—Yo estoy de acuerdo, solo en parte.
—¿En parte? —Para mí debe de ocupar el segundo...
Hizo una pausa.
—O quizá el tercer lugar.
Entrecerró los ojos.
—Mmm...
Ahora necesito saber qué ocupa los dos primeros.
No me respondió.
Solo me miró y sonrió.
Se me acelero el corazón.
-Lucas
Respiré profundamente.
—Xana...
Esta semana ha sido importante para mí.
Se giró completamente hacia mí.
—Necesitaba estar seguro de que no estaba tomando una decisión solo porque estoy enamorado de ti.
Sonrió ligeramente. Sus ojos se abrieron apenas.
Ahí estaba.
Lo había dicho.
Por primera vez.
Estoy enamorado de ti.
Tragué saliva.
—Porque lo estoy. Muchísimo.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
—Y no empezó esta semana.
Creo que llevo bastante tiempo sabiéndolo.
Sonreí.
—Probablemente desde antes de estar dispuesto a reconocerlo.
Ella dejó escapar una pequeña risa entre las lágrimas.
Eso me dio valor para continuar.
—Esta semana entendí otra cosa.
No quiero solamente seguir saliendo contigo. No quiero limitarme a preguntarme cuál será nuestra próxima cena, nuestro próximo concierto o cuándo volveré a verte.
Quiero una vida contigo.
Xana se quedó completamente inmóvil.
—Y sé que decir eso no significa que todo vaya a ser fácil.
No soy perfecto.
Ni de lejos.
—Eso ya lo sé —susurró.
Me reí.
—Gracias por el apoyo.
Ella se llevó una mano a la boca intentando contener una sonrisa.
Negué con la cabeza.
—No puedo prometerte que nunca voy a equivocarme.
Seguramente lo haré.
No puedo prometerte una vida perfecta.
Ni que siempre estaremos de acuerdo. Ni siquiera puedo prometerte que algún día conseguiré ganarte al Monopoly.
—Eso seguro que no.
Los dos nos reímos.
Y agradecí aquella risa.
Porque seguíamos siendo nosotros.
Incluso allí.
Incluso en aquel momento.
Di un paso hacia ella.
—Pero hay algo que sí puedo prometerte.
Quiero elegirte.
Hoy.
Y quiero seguir eligiéndote cuando las cosas sean fáciles...
y cuando no lo sean.
Cuando nos entendamos.
Y cuando tengamos que esforzarnos para hacerlo.
Orar contigo.
Reírme contigo. Servir a Dios contigo.
Escuchar todos esos pensamientos que todavía no puedo permitirme pagar.
Xana soltó una risa ahogada entre las lágrimas.
—Conocer todos los sueños que todavía no me has contado.
Estar cuando cumplas algunos.
Y sostenerte cuando otros tengan que esperar.
Respiré profundamente.
—Quiero construir una familia contigo, si algún día los dos queremos hacerlo.
Vi caer una lágrima por su mejilla.
Esta vez no intenté limpiarla.
Tenía las manos temblando demasiado.
—Hace nueve meses me preguntaba cómo podía gustarme alguien a quien apenas conocía.
Sonreí.
—Ahora te conozco.
Y te amo mucho más. Metí una mano en el bolsillo.
Xana bajó la mirada.
Y entonces...
lo supo.
Se llevó ambas manos a la boca.
—Lucas...
—Espera.
Me eché a reír nervioso.
— Déjame terminar porque llevo varios días preparando esto y, si me interrumpes, probablemente olvide hasta mi nombre.
Ella empezó a reír entre las lágrimas.
Saqué la pequeña caja.
Y me arrodillé.
El mar.
La ciudad.
Las luces.
Todo desapareció. Solo podía verla a ella.
Abrí la caja.
—Xana Alonso...
Ella negó con la cabeza mientras lloraba y sonreía al mismo tiempo.
Yo también estaba empezando a perder cualquier apariencia de serenidad.
—¿Quieres casarte conmigo?
Respiré.
Y añadí:
—¿Aventurarte conmigo a construir una vida perfectamente imperfecta?
Durante un segundo...
no respondió.
—Xana...
—¡Cállate!
Me quedé inmóvil.
Ella se echó a reír entre lágrimas. —Estoy intentando procesarlo.
—Ah.
—Y deja de mirarme así.
—Estoy de rodillas. No tengo muchas otras cosas que hacer.
Se rio.
Y entonces asintió.
Una vez.
Después otra.
—Sí.
Creo que mi corazón dejó de latir.
—¿Sí?
—Sí, Lucas.
Quiero casarme contigo.
No recuerdo haberme levantado.
Solo recuerdo tenerla entre mis brazos.
Su risa contra mi cuello.
Mis manos temblando. Las suyas también.
Y durante unos segundos...
ninguno de los dos dijo nada.
Hasta que Xana se separó lo suficiente para mirarme.
—Por cierto...
—¿Qué?
Sonrió.
—Creo que ya sé cuál era la primera cosa más hermosa que habías visto.
La miré.
—Ah, ¿sí?
—Yo.
Solté una carcajada.
—Definitivamente vas aprendiendo.
Me golpeó suavemente en el pecho.
La abracé otra vez.
—Te amo. Sentí cómo dejaba de reír.
Me miró.
Y esta vez no hubo ninguna broma.
—Yo también te amo.
Y aquellas cuatro palabras...
valieron más que todos sus pensamientos.
-Xana
Las lágrimas siguen corriendo por mis mejillas.
Lo ha dicho.
Yo lo he dicho.
He aceptado.
Voy a casarme con Lucas.
La idea me atraviesa y una risa se mezcla con mis lágrimas.
Pero entonces comprendo que no quiero limitarme a decirle que sí.
Porque no se trata solo de aceptar casarme con él.
Quiero que lo sepa. Quiero que escuche mi elección también.
Tomo su rostro entre mis manos.
—Yo también quiero elegirte.
Su sonrisa desaparece lentamente.
Solo me mira.
—Cada día.
En lo fácil y en lo difícil.
Cuando todo vaya bien...
y cuando tengamos que luchar para que vaya bien.
Quiero caminar a tu lado.
Construir contigo.
Seguir descubriendo todo esto contigo.
Él apoya su frente contra la mía.
Cierro los ojos.
Y pienso en todas las veces que pronuncié aquellas palabras.
Como una certeza.
Como una defensa. Como una puerta cerrada.
Jamás y nunca.
Sonrío entre las lágrimas.
Qué equivocada estaba.
Abro los ojos.
Lucas sigue ahí.
—Porque jamás y nunca...
Mi voz se quiebra.
Él sonríe.
—¿Jamás y nunca qué?
Suelto una pequeña risa.
—Jamás y nunca me había sentido así.
Acaricio su mejilla.
—Jamás y nunca había confiado así.
Sus manos rodean mi cintura.
—Jamás y nunca imaginé una vida así.
Hago una pausa. Lo miro.
Al hombre que apareció cuando no estaba buscando a nadie.
Al que nunca intentó cambiarme.
Al que me acompañó mientras yo aprendía a mirar la vida de otra manera.
Al que convirtió mis absolutos en posibilidades.
Sonrío.
—Jamás y nunca...
Hasta ti.
Y lo beso.
Con el mar extendiéndose a nuestros pies.
Con las luces de la ciudad brillando a lo lejos.
En aquel lugar al que durante años había venido cuando necesitaba pensar...
o dejar de hacerlo.
Esta vez no necesitaba ninguna de las dos cosas.
Por primera vez... simplemente lo sabía. Y continuaron construyendo su historia para siempre…