Capítulo 41
L a adrenalina recorre mi sistema mientras lamo la punta de la polla de Henry, sosteniéndole la mirada al tiempo que me inclino hacia delante y lo entierro en mi garganta.
He esperado tanto tiempo para esto.
El embriagador aroma almizclado que desprende, la forma en que sus dedos se clavan en mi cuero cabelludo cuando pierde el control, los sonidos que hace.
Gimo alrededor de su miembro, con el deseo palpitando en mis venas.
Deslizo una mano entre mis piernas, rodeando mi clítoris mientras me folla la boca.
Theo me agarra la muñeca y dirige mis dedos a su boca; su lengua está caliente y húmeda mientras los limpia.
Me besa la palma antes de bajarse al suelo, arrastrando mi cuerpo hacia atrás hasta que quedo suspendida sobre su cara.
Me agarro a la parte trasera de los muslos de Henry, acercándolo más.
Mantengo una mano en su pierna para estabilizarme y le agarro los testículos con la otra, haciéndolos rodar en mi palma antes de deslizar un dedo más atrás, masajeando su perineo.
Y entonces todo sucede a la vez. Theo deja de jugar y succiona mi clítoris con la boca.
La presión hace que me arquee contra su cara, gritando alrededor del miembro de Henry.
La vibración hace que Henry arquee la espalda y mi dedo resbala en mi saliva, deslizándose hacia atrás para presionar contra su ano.
Su autocontrol salta por la ventana. Me sujeta la cabeza con las manos, manteniéndome quieta mientras embiste en mi boca.
Dos bombeos y presiona profundamente, descargándose en el fondo de mi garganta.
Lo trago todo, lamiendo el semen de su miembro antes de apartarlo para que Dylan pueda ocupar su lugar.
—Está bien... —protesta Dylan, mirando entre Henry y yo.
—Dylan. Ahora —exijo, con el cuerpo temblando mientras Theo me arrastra de nuevo al límite con hábiles círculos de su lengua.
Dylan se acerca lentamente, todavía inseguro.
—No estás abusando de mí. Necesito tu polla en mi boca tanto como el aire para respirar. —Lo digo en serio. No soy demasiado orgullosa para suplicar si me obliga.
—¿Estás segura?
—Métetela en mi boca, Dylan. —Su expresión cambia cuando el deseo puro reemplaza cualquier duda persistente. Le cojo la mano y tiro de él, presionando su miembro contra su estómago y pasando la lengua por la parte inferior.
—Oh, Dios, justo así —jadea, enredando los dedos en mi pelo.
Aplano la lengua, rozando su frenillo, ávida de más elogios.
—Joder, Isla —gime, apartándose un poco.
Engancha un dedo en mis dientes inferiores, obligándome a abrir la boca, manchando mis labios con su líquido preseminal antes de presionar entre ellos con un gruñido.
—Estás tan jodidamente guapa con los labios envueltos alrededor de mi polla —susurra, con los ojos clavados en mí mientras embiste.
Este es un lado de él que aún no había visto, y me encanta. Me cuesta meterlo todo, pero deja que vaya a mi propio ritmo, alabándome cuando mis labios tocan la piel tensa de su abdomen.
—Buena chica —jadea, manteniéndome ahí mientras trago a su alrededor.
Mi núcleo se contrae cuando me entrega todo su ser, rindiéndose a mi boca.
A mí. Me arqueo contra la boca de Theo cuando Dylan pierde su batalla por el control, bombeando dentro de mí, perdiéndose entre mis labios.
Theo aparta mis caderas de su boca antes de que llegue al orgasmo, y yo gimo alrededor de la verga de Dylan mientras su semen llega al fondo de mi garganta.
—Por favor, deja que te folle —suplica Theo desde debajo de mí, jadeando contra mi coño hinchado.
—Tenemos una regla, Theo —digo, alejándome de Dylan y lamiéndolo para limpiarlo.
—Técnicamente, es solo que los tres no podemos follarte a la vez, ¿verdad? —pregunta Theo, rozando con sus labios mi clítoris hipersensibilizado.
Joder. —Cierto. Supongo que es cosa vuestra, entonces.
—No, esa es decisión tuya, pelirroja. Yo me voy a duchar —dice Henry, acercándome para darme un beso; sus labios están calientes y pesados sobre los míos. Dylan es el siguiente; su beso es dulce y tierno.
—Tú eliges, Pecas. Voy a asearme y luego prepararé algo de picar para antes de dormir. —Dylan me da un último beso antes de alejarse.
—Di que sí —suplica Theo, lamiéndome lentamente, provocándome.
—¿Estás seguro de que no les sabrá mal? —pregunto, con miedo de hacer algo que arruine la dinámica.
—Te lo habrían dicho si se sintieran así, Isla. Si han dicho que es tu elección, es exactamente lo que quieren decir. —Me succiona el clítoris como para enfatizar su punto.
—Vale —jadeo, cabalgando su cara, desesperada por correrme.
Theo me aparta de su boca, saliendo a gatas de debajo de mí, y luego se levanta, me coge en brazos y me echa sobre su hombro.
Suelto un chillido, forcejeando contra su fuerte agarre mientras camina hacia su habitación.
Cerrando la puerta de una patada, me lanza sobre la cama.
Antes de que pueda parpadear, está sobre mí, con una mano inmovilizándome las muñecas sobre la cabeza y la otra tirando de mi pezón mientras se mete en mí de golpe.
Joder. El placer me ciega, cada embestida me empuja más y más alto.
Grito mientras sufro espasmos alrededor de su polla, con mis caderas recibiendo cada embestida castigadora.
—Eso es —raspa, presionando sus labios contra los míos, profundizando el beso, con sus caderas tartamudeando mientras llega al clímax. Me suelto de su agarre, aferrándome a su culo, atrayéndolo más, cabalgándolo, exprimiendo cada gota de placer de nuestros cuerpos.
—Joder, Isla —jadea, con la polla todavía dura dentro de mí y las caderas sacudiéndose con las réplicas del orgasmo.
Gimo mientras mi cuerpo se queda lacio, con cada músculo temblando y el placer cortocircuitando mis terminaciones nerviosas. —No creo que pueda moverme —medio gimo, medio río, besándole la barbilla.
—Quédate aquí; vuelvo ahora mismo. —Me besa la punta de la nariz y desaparece en su baño, saliendo un minuto después con una toalla húmeda y caliente.
Me limpia con cuidado, besando cada centímetro de piel, dejando su marca en mí.
Me encanta esa posesividad; apela a algo oscuro y primordial dentro de mí.
Algo que no tiene nada que ver con mi lado independiente y todo que ver con la parte de mí que quiere ceder el control y estar a su merced.
—¿Dónde quieres dormir esta noche? —murmura, metiéndose en la cama conmigo y pegándome a su pecho, con la mano extendida sobre mi estómago. Intento responder, pero el sueño ya me está reclamando, arrastrándome hacia la oscuridad.