Capítulo 25
M e tomo mi tiempo, alargando los segundos, sosteniendo la mirada de Dylan mientras la anticipación sube hasta alturas vertiginosas.
Deslizo mis uñas por sus muslos delgados y musculosos, luego paso las palmas por sus caderas, atrayéndolo hacia mí.
Él gime, su polla da un respingo y el deseo asoma por la punta.
Me cuesta todo lo que tengo no inclinarme hacia delante y enterrarlo en mi garganta.
Envuelvo mis dedos alrededor de la base de su miembro, apretando con suavidad.
—Joder, Isla. Sus rodillas tiemblan y estira el brazo, agarrándose al marco de la ducha para apoyarse.
Mi mirada se desliza por la línea de vello oscuro, sobre sus abdominales tensos, hasta los relieves de sus pectorales.
Una lujuria desenfrenada toma el control, ardiendo por mis venas.
Lo lamo como si fuera un cucurucho de helado, deslizando la lengua desde la base hasta la punta, gimiendo mientras su sabor impregna mis sentidos.
Paso la lengua alrededor del glande de su polla, y luego la rozo apenas en ese punto de debajo.
Una mano fuerte se desliza entre mi pelo y él flexiona las caderas, empujando dentro de mi boca.
Lo tomo profundamente, hundiendo mis mejillas, concentrándome en respirar por la nariz mientras subo y bajo la cabeza, follándolo con la boca.
Lo miro, sosteniendo su mirada mientras lo atraigo hacia mí, sin detenerme hasta que lo siento en el fondo de mi garganta.
Giro la lengua a su alrededor mientras me retiro, repitiendo el movimiento con la mano, girándola sobre su miembro lubricado.
Su gemido me eriza el vello de los brazos.
—Si sigues así, voy a ponerme en evidencia —raspa, dejándose caer de rodillas, lanzando sus gafas sobre la encimera antes de enmarcar mi cara con sus manos.
Traza mis labios con el pulgar, jadeando cuando hundo mis dientes en la carne blanda, dejando una marca.
Con los dedos sujetando mi barbilla, me atrae hacia su regazo, saqueando mi boca.
Me apoyo con el codo mientras él se inclina sobre mí, ajustando mis piernas para que esté apretando su torso con mis rodillas.
Me derrito lentamente sobre el suelo de la ducha mientras él baja por mi cuerpo; sus dientes raspan antes de calmarme con la lengua, besando para curar.
Me desliza por el suelo, asegurándose de que el agua no me dé en la cara antes de bajar la cabeza hacia mi pecho, rozando mi pezón con la lengua para luego succionarlo con fuerza y profundidad. Mi cuerpo se arquea, suplicando más.
—Joder, estamos inundando el suelo del baño —murmura, agarrando una toalla y lanzándola sobre el agua antes de ponerme en pie y cerrar la puerta de la ducha—.
De todos modos, no había espacio suficiente para hacer lo que quería —susurra, presionándome contra el cristal, con su polla clavándose en mi culo.
—¿Qué querías hacer? —raspo, empujando mi cuerpo contra el suyo, con la necesidad pulsando por mis venas.
—Te lo enseñaré después de cenar. Desliza la mano por mi cadera y baja por mi vientre, sin detenerse hasta que sus dedos se sumergen entre mis piernas.
Gimo, balanceándome contra él. Introduce un dedo en mi interior, deslizándolo lentamente hacia dentro y hacia fuera—.
Dios, estás empapada —gruñe, rodeando mi clítoris con pericia.
—Dylan, por favor. Gimoteo con decepción cuando da un paso atrás, pero el sonido se convierte en un gemido cuando desliza su polla por mi culo y entre mis muslos, anidándola a lo largo de mi muesca, con el glande de su polla pasando sobre mi clítoris mientras empuja sus caderas.
Me levanta la barbilla con dos dedos y nuestras miradas chocan en el espejo.
Joder. Mis músculos tiemblan mientras lucho por mantenerme erguida.
Él se da cuenta de inmediato y me da la vuelta, capturando mi boca con la suya, subiéndome una pierna a su cadera mientras su otra mano vuelve entre mis piernas.
Gimo contra su boca mientras me introduce dos dedos, con el talón de la palma balanceándose adelante y atrás sobre mi clítoris con cada envite de su mano.
—Córrete para mí, Isla —susurra, mordiendo y succionando mi labio inferior, respirando con dificultad.
Cobro vida bajo sus manos capaces; mi cuerpo es su instrumento y, dios, sabe cómo tocarlo.
Apoyo la frente contra su hombro mientras llego al orgasmo, con oleadas de éxtasis sacudiendo mi cuerpo—.
Estás tan jodidamente sexy —raspa, inclinando mi rostro hacia el suyo, lamiéndose los labios—.
No puedo esperar a ver qué cara pones cuando te estés corriendo en mi polla.
—¿Por qué tenemos que esperar? —pregunto con la voz temblorosa mientras intento recuperar el aliento.
—Déjame al menos invitarte a cenar primero, amor —se ríe, con esos grandes ojos marrones chispeando.
Mi corazón da un vuelco ante el uso casual de esa palabra de cuatro letras mientras me gira hacia el chorro de agua, agarrando una pastilla de jabón y pasando sus manos espumosas por todo mi cuerpo.
Me quedaría así con él para siempre si pudiera.
Nuestro propio sueño húmedo personal en la vida real.
Girándome hacia él, me enjabono las manos y provoco sus pezones antes de envolver mis dedos alrededor de su polla, deslizándolos arriba y abajo por su longitud con trazos firmes y medidos.
Cubre mis dedos con los suyos, apretando, con las caderas empujando, follando mi mano.
Maldita sea.
En lo único que puedo pensar es en sacarlo de esta dichosa ducha y cabalgarlo hasta que ambos seamos un charco de masa derretida.
—¿En qué estás pensando? —raspa él, con los párpados caídos y las mejillas sonrosadas.
—En trepar por ti como por un árbol y follarte hasta que olvidemos nuestros nombres —digo, acelerando el ritmo con mi mano, viendo el glande de su polla pasar por mi meñique, grueso, rojo y absolutamente perfecto.
Se sentirá tan jodidamente bien dentro de mí.
Sus abdominales se tensan y sus embestidas se vuelven descoordinadas.
—Isla —gime, apretando la mandíbula. Retiro la mano, dejando que el agua elimine el jabón, y entonces me pongo de rodillas para devorarlo. Él deja de moverse, respirando con dificultad, mirándome hacia abajo con los ojos agitados por la indecisión.
—Úsame, Dylan. Por favor.
Él emite un sonido roto y hunde las manos en mi pelo, sujetándome la cabeza mientras empuja más allá de mis labios abiertos.
Lo atraigo más cerca, animándolo a tomar lo que necesita, concentrándome en respirar por la nariz mientras me folla la boca.
Acaricio sus testículos con la palma, haciéndolos rodar en mi mano, tirando suavemente.
Gime mi nombre, empujando una, dos veces, antes de que sienta su calor golpeando el fondo de mi garganta.
Me lo trago, manteniendo la succión hasta que está completamente vacío.
No me detengo hasta que lo he dejado limpio con la lengua, dándole a su polla la atención que merece.
Me levanta, apartándome el pelo de la cara antes de alzarme, envolviendo mis piernas alrededor de su cintura y presionándome contra el cristal.
—Eres una jodida pícara. Esa boca tuya será mi perdición.
—¿Serías feliz muriendo con tu polla en mi boca? —murmuro, quitando las gotas de agua de su ceja con el pulgar y viendo cómo resbalan por los ángulos de su rostro.
—Querría que lo grabaran en mi lápida —dice, atrapando mi labio inferior con los dientes.
—¿Muerte por mamada? —pregunto, riendo entre dientes—. ¿Tan buena ha sido? —Deslizo la punta de mi nariz por la suya.
—La jodida mejor que me han dado nunca.
Sus elogios me hacen sonrojar. Me muerdo el labio para no sonreír de oreja a oreja. Empiezo a pensar que podría tener un nuevo fetiche.
—Sequémonos y comamos algo mientras vemos una película. Luego podemos pasar al segundo asalto.
—¿Segundo asalto? —pregunto, arqueando una ceja.
—Y tercero y cuarto, si me salgo con la mía. Quizás incluso un quinto si tenemos suerte.
Jó-de-me.
He estado esperando esto toda mi vida.