21 #3
—¿Ya estás más calmada? —pregunta.
Inmediatamente sabe que se refiere a la discusión con Jenkins en las escaleras.
—Yo… Lo siento mucho…
—Está bien —interrumpe—. Hay cosas que es mejor sacarlas, te enferman si las llevas dentro mucho tiempo —extiende una mano con dos pastillas hacia ella—. Ten, son analgésicos. No tienes heridas visibles, solo te ves pálida y cansada. Nada que un baño, buena comida y descanso no solucionen.
—Gracias.
La mujer le regala un poco de agua.
—Lamento la muerte de tu amigo. Aunque ver partir a la gente es algo muy común hoy en día, no por eso lo hace menos doloroso. Ahora ve, te están esperando.
Afuera, ve la delgada figura de Amy con los brazos cruzados al pecho, y a Tara junto a ella.
El resto del día pasa con relativa calma. Comen carne de venado seca, y algo de caldo. Luego, Raúl los guía a un cuarto en la parte más baja y se reparten algunos sacos para dormir.
No es de noche aún, pero muchos descansan. Después del trauma que vivieron, es natural buscar el reposo. Necesitan tiempo para pensar, y asimilar lo que vieron, escucharon y sintieron.
El saco de dormir color gris de Cat tiene un extraño olor agrio, descansa justo al lado del de Amy y Tara. Las dos duermen profundamente, pero a ella los pensamientos la mantienen despierta.
Aun así, decide rendirse al sueño.
Se acomoda dentro de la tela gruesa que la envuelve, cuando, de repente, siente unos pasos que entran en la habitación.
Ve de reojo que Jenkins se acerca a Alex y lo despierta, al igual que Steve, Carlo y Miriam. Por último, se dirige a ella y las otras.
—Cat, Amy —dice en un susurro.
Amy se despereza y se sienta pasando una mano por sus ojos.
—Necesito que vengan conmigo —continua Jenkins—, pero en silencio, no es necesario que todos se despierten. Es mejor que lo que van a ver quede entre nosotros de momento.
Amy y ella cruzan miradas y se ponen de pie. Amy le lanza una mirada a Tara que continúa dormida, y salen detrás de Jenkins.
—¿Qué crees que sea? —pregunta Amy.
—Nada bueno, sospecho —responde Cat—. Nunca es nada bueno.
Raúl, el mismo hombre que los guio anteriormente, los lleva a un cuarto en la parte más alta de la base.
Suben las escaleras hasta llegar a una habitación bastante parecida al centro de medios de Alana.
Varias pantallas adornan el lugar, al igual que equipos de comunicación, radios y antenas.
Mapas en las paredes con caminos trazados y equis de colores en distintos puntos.
Sentado en un sillón de cuero desgastado en más de un sitio, se encuentra Bill.
En una de sus manos lleva un cuchillo pequeño el cual hace girar sobre la punta en el cuero del sillón.
Los mira entrar y le hace una señal a Raúl para que cierre la puerta.
El lugar es extremadamente frío como el resto de la base.
—¿Qué está pasando? —pregunta Alex.
Bill le dirige una mirada a Jenkins.
—Es mejor que lo escuchen ustedes mismos —dice David mientras se estira hasta una consola y gira un botón para subir el volumen.
Primero suena estática, luego la voz de una mujer se hace clara, una voz que ya han escuchado antes… Alana.
«A todas las personas que aún permanecen ocultas, refugiadas entre ruinas o sobreviviendo en las sombras, este mensaje es para ustedes.
Mi nombre es Alana y represento al movimiento Prometheo del Nuevo Gobierno Unido.
Durante años hemos trabajado en silencio, uniendo a las naciones que sobrevivieron a la caída del viejo mundo. Mientras otros insistían en prolongar una guerra imposible de ganar, nosotros buscamos una solución. Y hoy podemos anunciar que esa solución existe.
Hemos alcanzado un acuerdo con los Visitantes. Una tregua que pone fin al conflicto entre nuestras especies.
Ya no hay motivo para seguir viviendo con miedo.
Se establecerán campamentos donde toda persona recibirá refugio, alimento y protección.
Los convertidos dejarán de ser enemigos y pasarán a formar parte de una nueva sociedad.
Serán alimentados mediante donaciones voluntarias de sangre, eliminando así la necesidad de cazar seres humanos.
El mundo que conocimos desapareció. Aferrarse a él solo traerá más muerte. Ha llegado el momento de construir algo diferente.
Esta es la oportunidad de dejar atrás el miedo, la violencia y el odio. La oportunidad de formar parte del nacimiento de una nueva civilización.
El futuro comienza hoy. Y ustedes aún están a tiempo de elegir formar parte de él.»
—¿Qué significa eso? ¿Qué está pasando? —pregunta Steve.
—Están llevando a la gente al matadero. Ahora tendrán voluntarios, laboratorios abiertos y todas las cobayas que quieran. Harán sus experimentos delante de todos... y la gente les dará las gracias por ello —dice Jenkins, apoyándose contra la pared.
—Se acabó —murmura Miriam—. Es el fin de todos.
Jenkins guarda silencio unos segundos. Baja la mirada, aprieta la mandíbula y vuelve a levantar los ojos.
—No. Es el inicio. Hasta hoy luchábamos por sobrevivir. A partir de ahora... lucharemos por recuperar el mundo.