La jugadora #2
Gianna esperaba que Elle se diera la vuelta y regresara a la fiesta, pero no lo hizo.
Gianna se vio obligada a marcharse primero, sin saber muy bien qué sentir.
Antes todo había sido más sencillo. Había pasado años pensando en Elle como una conquistadora insensible que había usado su estatus de estrella del baloncesto y su encanto para aprovecharse de ella, pero ahora no podía evitar recordar la ternura con que Elle le había hecho el amor.
Su mirada mientras saboreaba lo que Gianna le estaba dando no había sido arrogante ni superior, sino agradecida.
Era la misma mirada que tenía ahora. Gianna no recordaba si se había despedido o no, pero Elle seguía de pie en la entrada cuando arrojó el sobre en el asiento del copiloto y se marchó.
Gianna se imaginó tirando el sobre por la ventanilla y liberándose de la carga de Elle para siempre.
Pero le resultaba tan imposible deshacerse de ese sobre como lo habría sido salir de aquella residencia universitaria cuando Elle la había obligado a sincerarse sobre las miradas que habían compartido durante las tutorías.
Ojalá se hubiera marchado hacía diez años.
¿Cómo sería su vida sin Elle Butler a quien odiar?
*
Diez años antes
Gianna se quedó frente al apartamento de Elle Butler en el campus durante varios segundos, escuchando voces de mujer alzadas.
Le daba reparo interrumpir la discusión, pero tampoco quería desperdiciar el precioso tiempo que tenía con Elle en cada sesión.
Llamó dos veces antes de probar el pomo.
Al encontrarlo abierto, cosa que no le sorprendió, entró saludando en voz alta.
Llegó al pasillo justo cuando una chica que le sonaba vagamente del equipo de animadoras o de su laboratorio de química salía a toda prisa de la habitación de Elle, arreglándose la ropa.
La chica se detuvo el tiempo justo para mirar con desprecio los pantalones caqui, el polo y los zapatos planos de Gianna.
Rodeó a Gianna con mucho teatro y señaló hacia el dormitorio de Elle.
—Es toda tuya, adelante.
Gianna observó a la chica salir dando pisotones sin molestarse en cerrar la puerta.
Shallon Thompson, la novata estrella del equipo como base y nueva compañera de piso de Elle, salió del dormitorio leyendo una revista.
Gianna estaba tan aliviada de que Elle no estuviera allí que olvidó su timidez habitual y habló primero.
—Hola, Shallon.
Shallon levantó la vista de la revista el tiempo justo para fruncirle el ceño a Gianna.
—¿Quién eres tú? —preguntó, y siguió hacia el salón, donde se dejó caer en el sofá con insolencia.
—Eh, ¿soy Gianna?
Como la expresión de Shallon claramente decía «¿y qué?», Gianna explicó:
—¿La tutora de Elle?
—¿Eres su tutora? Ah, sí, ahora me acuerdo. Tu nombre salió en una conversación el otro día.
Gianna se sonrojó ante la idea de que Elle la hubiera mencionado, pero no se atrevió a preguntar de qué habían estado hablando.
—Siéntate. He oído a Elle meterse en la ducha. Debería salir en unos minutos. ¿Quieres algo de beber? Tengo unas bebidas en la nevera.
—No, gracias.
Gianna pensó en señalar que aún no era mediodía, pero por lo que había oído de Shallon, la hora del día probablemente le daba igual.
Shallon desenvolvió una piruleta de uva y se la metió en la boca con un gesto extrañamente sexual que incomodó a Gianna.
Shallon movió los pies y se hundió más en el sofá, con las piernas abiertas y una mano metida hasta la mitad en la cinturilla del pantalón.
Gianna se sentó a regañadientes frente a ella e intentó no mirar por la pernera de sus pantalones cortos.
—Entonces, ¿cuántos años tienes? —preguntó Shallon con la piruleta en la boca.
—Dieciocho, ¿por qué?
Shallon sonrió, se encogió de hombros y se pasó el chupachús al otro lado de la boca.
—Por preguntar.
Su acento sureño sonaba más marcado por alguna razón. Su mirada se posó en los pechos de Gianna y se quedó allí hasta que Gianna tuvo que bajar la vista para comprobar si tenía manchas de comida en la camiseta.
Gianna sintió alivio cuando la puerta del baño se abrió y Elle salió.
Como Shallon, Elle llevaba pantalones cortos hasta las rodillas, pero a Gianna le costaba ignorar la piel aún brillante, el pelo húmedo y cómo le quedaba la camiseta de tirantes.
Apartó la mirada, pero no antes de que la imagen de las areolas oscuras de Elle, marcándose bajo la tela transparente, se le quedara grabada.
—Ah, hola, ¿ya son las once? —dijo Elle.
Gianna notó las ojeras de Elle mientras esta caminaba hacia el salón.
—Parece que has estado despierta toda la noche.
Shallon soltó una risita y chupó ruidosamente el chupachús.
—Si quieres que vuelva mañana, puedo hacerlo.
Gianna deseaba tan desesperadamente que Elle dijera que no que los pocos segundos que tardó en responder se le hicieron eternos.
—Estudiemos en mi habitación. Estoy segura de que a Shallon no le importará.
Dijo esto último más alto de lo necesario, pero Shallon se limitó a reírse y coger su revista.
Gianna siguió a Elle hacia su dormitorio, pero se detuvo en seco cuando esta se paró en la puerta. Tuvo que asomarse por detrás de ella para ver el caos del interior. Había ropa esparcida por las dos camas, prácticamente todo el suelo, los dos escritorios y las sillas.
—¿Se te ha acabado el detergente? —Gianna se maldijo por atreverse a bromear con Elle cuando estaba claramente molesta—. Lo siento, supongo que Shallon es un poco desordenada.
—Supones bien.
Elle abrió una de las puertas del armario con tanta violencia que la ropa cayó del estante superior, dejando a la vista un par de cajas de zapatos, tres botes grandes de batidos de proteínas, una videocámara y una caja de sopa de fideos.
—Estoy intentando con todas mis fuerzas no actuar como su madre. Entiendo lo que es estar sola por primera vez y querer pasarlo bien y esas cosas, pero este desorden y esta necesidad absurda que tiene de salir de fiesta constantemente me está empezando a poner de los nervios.
Elle empujó un montón de ropa hacia el armario de una patada y metió más encima del paquete de fideos deshidratados de Shallon sin importarle si estaba sucia o no.
—Menos mal que me quedé dormida en el sofá anoche. Si hubiera entrado aquí y visto esto, me habría cabreado.
—¿Dormiste en el sofá después del partido de anoche? —dijo Gianna, horrorizada—. Tu cuerpo debe de estar pasándolas canutas.
Elle dejó de meter ropa en una bolsa de la colada y le dedicó a Gianna su peculiar media sonrisa.
—¿Viste el partido?
—¿No lo vio todo el mundo? Estuviste brillante.
—No sabía que te gustara el baloncesto.
Gianna se encogió de hombros en lugar de admitir que solo había empezado a verlo desde que le daba clases particulares a Elle.
—No sé cómo me tocó una estudiante de primer año, la verdad.
Allí de pie, con ropa sucia en el puño y el pelo aún húmedo de la ducha, Elle nunca le había parecido más guapa. Gianna no se imaginaba otro lugar donde prefiriera estar ni otra persona con quien prefiriera estar. Para, Gianna, mírala. ¿Por qué iba a querer estar contigo?
Elle debió de malinterpretar algo en el rostro de Gianna, porque soltó la ropa que tenía en la mano y se acercó a ella con la mano extendida, aunque se detuvo antes de tocarla.
—Oye, escucha, no quería decir nada con eso.
—No, tranquila. Entiendo lo que dices. Quizás os pusieron juntas con la esperanza de que la ayudaras a madurar un poco.
—Eso es lo que dijo la entrenadora. Pero creo que lo único que le preocupa es el sexo.
Era un aspecto nuevo de su relación. Gianna llevaba todo el trimestre dándole clases particulares a Elle y nunca habían tenido conversaciones personales.
A diferencia de la mayoría de las jugadoras del equipo, a Elle parecía gustarle ir a lo suyo.
Los periódicos la habían descrito como decidida y madura para su edad.
Gianna pensaba que era una descripción muy acertada de Elle, aunque apenas la conocía por aquel entonces.
—¿No puedes hablar con ella sin más? A lo mejor no sabe cuánto te molesta.
—Lo he intentado. Se cree que quiero hacerle de madre. ¿Sabes que anoche trajo a una chica aquí de fiesta?
Elle tiró el resto de la ropa al armario y se sentó en la silla, ahora despejada.
—No puedes culparla por querer celebrar después del partido de anoche.
Gianna abrió un libro y fingió buscar la sección correcta.
—Puede ser. Las trata como una mierda al día siguiente, y la mayoría me miran como si yo debiera haberlas avisado o algo.
—Me da que vas a tener una nueva incorporación al club de exfans de Shallon.
—¿Por qué lo dices?
Elle cogió una goma y se recogió el pelo en una coleta.
Gianna reprimió un suspiro de pesar antes de que se le escapara.
—Ah, oí una discusión cuando llegué. La chica que estaba con ella casi me tira al salir corriendo de tu habitación. Pensé que estabas ocupada. Casi me voy, pero Shallon me dijo que estabas en la ducha.
—¿Pensaste que esa chica estaba aquí conmigo?
—Bueno, estaba saliendo corriendo de tu habitación.
Gianna se rio, intentando aligerar la expresión seria del rostro de Elle.
—Sí, pero no de mi cama.
—Ahora lo sé, pero aunque hubiera estado aquí por ti, no es asunto mío.
Elle parecía confundida y un poco avergonzada. Algo le dijo a Gianna que no insistiera.
—Deberíamos empezar.
Elle asintió y Gianna fingió repasar sus notas de la última sesión. Le costaba concentrarse porque no dejaba de sentir la mirada de Elle clavada en ella.
—Oye.
La expresión de Elle seguía siendo demasiado seria.
—Espero que no pienses que soy así. Quizás hace unos años, pero ya soy demasiado mayor para eso. Shallon es una cría.
—Shallon y yo tenemos la misma edad —señaló Gianna.
—Ya sabes a qué me refiero. Nunca me acostaría con alguien solo por tener sexo.
—¿Por qué me cuentas esto?
Dios mío, ¡lo sabe! ¿Cómo es posible que lo sepa?
—Supongo que... supongo que tenía la esperanza de que te importara.
La respuesta dejó a Gianna sin palabras.
—¿Me equivoqué?
—No.