Capítulo 20 #4
Julie la saboreó entera; la excitación de Alex le llenaba la boca. Movió la lengua hacia el centro de Alex y ya no se apartó. Ahí era donde quería chupar, lamer con movimientos lentos, luego cada vez más rápido. Su lengua se volvió despiadada, inquieta, salvaje.
—Amor mío… —Alex había olvidado que hacía siglos que no la llamaba así—. Voy a correrme… otra vez… en tu boca…
Aquellas frases entrecortadas volvían loca a Julie.
—Hazlo… —suplicó, casi en un murmullo—. Hazlo… chúpame.
Julie obedeció como nunca y sintió el cuerpo de Alex contraerse; el orgasmo llegó con un gemido delicioso y entrecortado.
Julie la tomó entera. Era suya. Solo suya.
—Oh, para… —dijo Alex, con una sonrisa asomando en la comisura de los labios.
Julie se incorporó, y Alex, sonriendo, la atrajo hacia sí en un largo abrazo.
Se quedaron así un rato. El estéreo del coche seguía encendido, el garaje a oscuras, con apenas unas rendijas de luz.
Alex le rozó la cara con la suya. Luego, con expresión indescifrable, abrió la puerta trasera del coche.
—Entra… —ordenó Alex.
Sin preguntar, Julie obedeció.
—Acuéstate…
Julie se tumbó con las piernas fuera del coche.
Sin apartar los ojos de ella, Alex se llevó la mano a la espalda y bajó la cremallera del vestido, ya completamente arrugado. Se descubrió un hombro, luego el otro, y dejó que la tela se deslizara por su cuerpo hasta el suelo.
Desnuda.
Julie no estaba segura, pero creía que llevaba varios minutos sin respirar. En realidad, lo sabía. Aquella visión le había hecho olvidar cómo se respiraba.
Contempló la escena en éxtasis.
Un momento después, Alex se inclinó para desabrocharle la camisa.
Se la desabrochó y le besó el cuerpo. Julie sintió aquella lengua sobre su piel y se mordió el labio, excitada, observando a aquella mujer hermosa acariciarla, incapaz de apartar la mirada.
La boca de Alex fue bajando mientras le abría los pantalones cortos.
Soltó una risita y se los quitó junto con las bragas.
Descendió más y atrajo el cuerpo de Julie hacia sí, le mordió el muslo, lo recorrió con la lengua, se deslizó por él, torturándola, provocando sus instintos con una sensualidad descarada.
—Cómeme, Al… —susurró.
Alex se rio y se limitó a pasarle la punta del dedo entre las piernas, sin prisa. La hizo estremecerse de todas las formas posibles.
—Estás empapada… —constató Alex, como si no fuera evidente.
—Me encanta cómo me tocas…
Le separó un poco más las piernas, y Julie sintió el dedo de Alex deslizarse hacia donde no esperaba. Por lo visto, la conversación con Jill y Lia en el bar había dado sus frutos.
Su dedo la acarició con suavidad, trazando círculos.
Julie levantó la cabeza para mirarla.
—¿En serio?
Al se mordió el labio inferior y le respondió con una mirada perversa.
—Muy en serio…
—Ah… ven… —Le dio carta blanca.
Alex recorrió con la lengua el centro de Julie, encontrando el lugar que conocía bien, donde el placer era devastador, y se quedó allí, lamiendo.
Al mismo tiempo, su dedo se deslizó en otra parte de Juh, despacio, siguiendo el ritmo de su lengua.
Era una colisión de sensaciones: abrumadora y deliciosa.
Julie buscó algo a lo que agarrarse mientras el deseo le recorría el cuerpo entero.
Alex intensificó la penetración y la succión. Chupó sin descanso.
—Alex… —Julie apenas podía hablar. Las palabras se le escapaban.
Su cuerpo solo respondía a las caricias de aquella mujer que la volvía loca.
—Más… —Ni siquiera sabía qué decir. ¿Y para qué? Alex sabía exactamente qué hacer, y lo hacía—. Al… Mmm… —Julie no gemía; gritaba.
Había tanto placer que casi dolía. Su cuerpo se arqueó hacia delante, casi incorporándose, y volvió a caer, sin fuerzas para mover ni un dedo.
—Me has matado… —murmuró, esperando a que el corazón le volviera a latir con normalidad.
Al se tumbó sobre ella y se abrazaron... como siempre.
—Eso ha sido… diferente… —Julie se rio y le dio besitos en los labios.
—¿Diferente es la palabra? —preguntó Alex, mordiéndole la barbilla.
—Locura es la palabra.
Se besaron una y otra vez.
Instintivamente, Al empezó a restregarse contra ella, amoldándose a Julie de esa forma tan suya.
Pero de pronto se rio y se levantó.
—¿Al? —Julie no comprendía aquel cambio tan brusco—. ¡Alex!
—Sí... —dijo con calma, recogiendo su ropa del suelo.
—¿Qué estás haciendo? —Juh se incorporó, observándola.
—Tengo que entrar.
—¿Perdona? —Casi saltó del coche.
Completamente desnuda, Alex dio unos pasos y se volvió, hablando con calma.
—Quizás otro día probemos otras cosas... cosas diferentes... —Hizo un gesto circular con el dedo, abarcando el garaje—. Quizás aquí...
Luego le dio la espalda a Julie.
—¿Qué... qué? —Julie ya se estaba riendo.
—Conduce con cuidado, Dra. Wise —dijo Alex desde la puerta que comunicaba el garaje con la casa. Desnuda y calzada únicamente con sus zapatos, se alejó con la ropa en la mano.
—¡Te voy a matar, Alexandra!
Fue lo único que Julie alcanzó a gritar antes de desternillarse de risa nerviosa ante toda aquella situación.
Se levantó, pensó en entrar en la casa, pero al final desistió. La noche ya había merecido la pena.
Se vistió y se sentó al volante. Arrancó el coche y solo una frase le vino a la cabeza:
—¡Eres jodidamente increíble, Alex Hill!