Capítulo 20 #2
—Ya probaste el enfoque razonable. Os sentasteis. Hablasteis. Ahora haz algo más. Dale la vuelta como a un calcetín y veremos si esa frialdad suya aguanta. —Jill claramente disfrutaba dando consejos.
—¿Me estás aconsejando que me lance a por Alex? —preguntó, riéndose de su cuñada.
—Bueno, solías hacerlo todo el tiempo sin que yo te lo aconsejara.
—Ella no quiere eso, Jill. Está más claro cada día. Apuesto a que ni siquiera habla de mí.
—Bueno... lo evita incluso cuando yo te menciono, pero ese es el punto. Si le fueras indiferente, hablaría de ello con normalidad.
—No habla porque ya no le apetece. —Julie empezaba a creérselo.
—Yo sigo pensando que necesitas darle una especie de... eh. —Jill era para morirse de risa.
—¿Una especie de eh? —Juh imitó el sonido que había hecho su amiga y se rio—. Vale, Jill. Gracias por la idea. ¡Eh!
Se rieron de verdad con aquello.
—Vas a ir mañana, ¿verdad? —Jill se refería a la noche de chicas.
—¿Te das cuenta de que esto podría convertirse en un desastre enorme? No sé si estamos preparadas para estos encuentros.
—¡Inténtalo! Por mí y por Lia. Ya hemos sobrevivido a vuestros desastres y queremos volver a estar las cuatro juntas.
—Diciéndolo con tanto cariño, ¿cómo no voy a ir? —dijo Julie con ironía—. ¿Y ella va?
—¡Sí! —Jill casi gritó.
—¿Cómo la convenciste?
—Amenazándola de muerte —dijo Jill.
—Eso lo explica todo.
—Y...
—¿Y? —Julie le lanzó una mirada curiosa.
—¡Le dije que publicaría esa foto suya de la última noche de tequila! —La voz de Jill era pura picardía.
—Eres malvada.
Se rieron mucho.
La noche siguiente...
Julie llegó en taxi al bar donde había quedado con sus amigas. Cuando no se reunían en casa de una de ellas, ese era el lugar que elegían.
Hacía tiempo que no lo hacían, y Jill lo había exigido sin ningún reparo.
Para Julie y Alex, seguía siendo extraño reunirse así, especialmente después de todo lo que habían vivido juntas, pero sabían que tenían que intentarlo.
Cuando Julie entró, vio enseguida a Jill, que la saludaba desde el entresuelo, y localizó a Alex en la mesa.
—Y comienza la sesión de tortura... —murmuró para sus adentros, porque su ex estaba preciosa.
Respiró hondo, esbozó una sonrisa y avanzó hacia las escaleras.
—¡Hola, chicas! —las saludó Julie.
Jill se levantó y la abrazó. Lia también, mientras Alex seguía sentada, aunque saludó con educación.
Sin embargo, Julie se acercó y le dio un beso en la mejilla.
—Juh, ¡estás guapísima! —la elogió Lia.
Llevaba solo una camisa blanca ajustada con los primeros botones desabrochados, unos elegantes shorts negros y unas preciosas sandalias de tacón.
—Gracias, Lia. La guapísima eres tú. Las ojeras me llegan hasta el alma... el hospital ha sido una locura hoy. —Se sentó entre Jill y Lia.
—Sam también está agotado, Juh —comentó Jill.
—¿Ya has vuelto al trabajo? —le preguntó Lia a Julie.
—Sí. Prácticamente desde el día que llegué —respondió Julie.
El camarero llegó con unas copas.
—¡Ahora sí! —dijo Jill mientras repartía los vasos.
—Vosotras ya habéis empezado. Me voy a quedar atrás —bromeó Julie.
Las cuatro se pusieron de pie para el brindis oficial.
—¡Arriba, abajo, al centro y adentro! —brindaron, se bebieron los chupitos de tequila de un trago y pusieron las inevitables muecas.
—Vaya, Juh, ¡ni siquiera nos contaste lo de la oferta que recibiste en Europa! ¡Me lo contó Sam! —Jill soltó el tema de la nada.
Julie intentó entender de qué hablaba su cuñada, pero cuando vio la mirada de Jill, decidió seguirle la corriente sin más, aunque no tenía ni idea de qué iba aquello.
—Qué cotilla —dijo, siguiéndole el juego.
Alex no pudo ocultar su sorpresa; se le notó en la cara.
Solo entonces Julie entendió que Jill estaba provocando a Alex. Y lo disfrutó.
—Chica, ¿acabas de llegar y ya te vas? —dijo Lia.
—Sí... quién sabe... —dijo Julie con una sonrisa.
Alex no dijo nada, pero pensó unas cuantas cosas.
Uno, dos, tres... chupitos sin fin, excepto para Julie, que solo fingía beber.
Hablaron de todo, las horas pasaron volando y surgieron temas inesperados...
—Vale. Lo admito. ¡Me gusta! —El tequila hablaba por Jill.
—¡Yo no! ¡Este culo todavía tenía polvos de talco de mamá! ¡Ni hablar! —dijo Lia, partiéndose de risa.
—Eres idiota —añadió Jill, riéndose también.
—¡Y tú una pervertida! —le soltó Lia.
—¿De qué estáis hablando? —le preguntó Julie a Alex desde el otro lado de la mesa mientras Lia y Jill discutían.
Alex articuló la respuesta con los labios: «Anal».
—¿En serio? —Juh se quedó sorprendida.
Alex asintió y se rio de que Julie no lo hubiera pillado antes.
—¿De verdad estáis hablando de eso? No quiero saber nada de la vida sexual de mi hermano. —En realidad, Julie se estaba divirtiendo de lo lindo.
—Y yo no quiero saber qué hacéis vosotras dos, ni cuándo —se sumó Alex a la protesta.
—¡Vosotras dos sois las que necesitáis echar un polvo! —gritó Jill señalándolas.
—¡Baja la voz, lunática! ¿Hace falta que grites? —Julie no sabía si reírse o regañarla.
—De verdad que sí. ¡Alex está en abstinencia! —la respaldó Lia.
—¡Estás despedida! —le soltó Alex.
—¡No lo estoy! ¿Y quién más te aguanta en abstinencia? —Lia hizo una pausa—. Ese humor tuyo es más de lo que Dios mismo puede soportar.
—¡Mentira! —replicó Alex, aunque sabía que era verdad.
—Lia y yo no os estamos diciendo que tengáis sexo, o sea, las dos... juntas —explicó Jill, o lo intentó.
—¡Exacto! —confirmó Lia—. Buscaos a alguien, tened orgasmos y sed felices. ¡Listo!
—¡Os voy a matar a las dos! —dijo Julie, pero ni siquiera ella pudo aguantarse la risa.
—Yo ya he tenido bastante. Voy al baño —dijo Alex con la voz pastosa por el tequila mientras se levantaba.
—Yo también —dijo Juh, y cuando se levantó, Alex volvió a sentarse entre risas.
—No seas boba, Al. ¿Te crees que te voy a meter mano ahí dentro? —Julie soltó una carcajada.
Lia y Jill observaban la escena.
—Sí —dijo Alex asintiendo.
—No eres tan irresistible, ¿sabes? —mintió Julie descaradamente.
—Espera... vosotras dos os liásteis esa noche en el baño, ¿verdad? ¡Por eso desaparecisteis, cabrona! —Lia recordó de repente el cumpleaños de Brian.
—¿Cuándo? —preguntó Jill con curiosidad.
—En el cumpleaños de Brian —le dijo Lia.
—Jodidas cabronazas, y yo pensando que no pasaba nada —maldijo Jill.
—Pero es que no pasa nada. Eso fue hace mucho... —Alex se encogió de hombros.
—Vale, tú quédate ahí y yo voy al baño. —Julie se fue riéndose, sin estar del todo segura de que no le habría metido mano.
Minutos después...
Al volver a la mesa, Julie vio que Lia y Jill cuchicheaban mientras miraban a Alex, que estaba al otro lado de la sala, hablando con una mujer cerca de la barra.
—¿Qué pasa? —preguntó Julie con curiosidad.
—Esa mujer se le insinuó a Al —explicó Lia.
Julie prestó más atención a la escena y no le hizo ninguna gracia.
—Es solo una broma, Juh —dijo Jill—. Ni te preocupes.
—¿Qué era eso de Europa? —le preguntó Julie a su cuñada.
—¡Era solo para ver la cara de Al! ¿La viste? —Se rio. Jill estaba bastante achispada.
La conversación entre Alex y la mujer parecía cada vez más animada.
—¿Estoy viendo visiones o Alex está coqueteando con esa mujer? —preguntó Julie, indignada.
—La mujer es guapa... —comentó Jill.
—Jill, no estás ayudando mucho —le soltó Julie.
La otra rubia le hablaba al oído a Alex, y las dos se reían. Aquello irritó a Julie más de lo que quería admitir.
—Eso no tiene nada que ver, Juh. Alex no coquetea con mujeres —afirmó Lia.
—¿Y yo qué soy, una extraterrestre?
—Ella te quiere. Eso es diferente —afirmó Lia, sin dejar de observar a las dos.
—No estoy tan segura...
—Ay, basta. Al está borracha, eso es todo —dijo Jill.
—Exacto. Está borracha. Y vosotras dos también, por cierto. —Solo Julie se había mantenido sobria.
—Tienes razón... vámonos. Ya hemos bebido bastante —concluyó Jill.
—Y que lo digas —asintió Lia.
Pidieron la cuenta y, después de pagar, fueron a buscar a Alex.
Lo que más temía Julie era que Alex decidiera quedarse allí con aquella mujer. Y ella no podría hacer nada. Absolutamente nada.
Mientras caminaban, Juh imaginaba todas las posibilidades, pequeñas películas que pasaban por su mente. En todas y cada una, sacaba a Alex de allí, incluso a la fuerza.
—Vámonos —dijo Jill, llamando a Alex.
—¿Adónde? —preguntó ella.
—A casa. Ya está bien por hoy —dijo Lia.
—¿En serio? —les preguntó Alex.
Sus amigas asintieron. Entonces sonrió y se despidió de la mujer.
Para consternación de Julie, las dos intercambiaron números de teléfono.
—Os espero fuera... —le murmuró Julie a Jill. Aquella escenita de coqueteo había sido demasiado para ella.
Alex notó discretamente la reacción de Juh y esbozó una sonrisa sutil.
—Vamos, niñas... —bromeó Alex, y siguió a sus amigas hasta encontrarse con Julie fuera.
En el aparcamiento, Jill le entregó a Julie las llaves del coche de Alex.
—Juh, tú eres la que está en mejores condiciones para conducir. Coge el coche de Al y llévala a casa. Lia y yo pillaremos un taxi.
—Eh, ¿estáis locas? Nosotras también vamos —protestó Alex.
—Hablaremos mañana, mis amores. Portaos bien... ¡o no! —bromeó Jill entre risas.
—¡Al, te llamo luego! —Lia se despidió con la mano y se marchó con Jill.
—¡Traidoras! —gritó Alex.
Julie se rio y fue hacia el coche.
Al subió al coche sin decir gran cosa y apenas habló durante el trayecto. Puso música y bajó las ventanillas para sentir el viento en la cara.
—¿Por qué eres tú quien me lleva a casa? —preguntó, rompiendo el silencio.
—Porque apenas bebí —respondió Julie mirando a la guapa mujer achispada—. Y porque nos cuidamos la una a la otra...
Alex la miró con una leve sonrisa y luego volvió la vista hacia el otro lado.
—¿Nueva amiga? —Julie no pudo contenerse.
—¿Hmm?
—La mujer del bar...
—Ah... sí. Nueva amiga —confirmó Alex. Julie odiaba ese tono irónico—. ¿Te molestó?
Julie no respondió. Se limitó a mirarla y volvió a concentrarse en la carretera. Minutos después, decidió hablar.
—Puede que no sepa cómo olvidarte...
Alex no se esperaba eso.
Y Julie continuó.
—Pero a ti parece que se te da muy bien esa tarea, Al...
Alex cambió de tema.
—¿Europa? —preguntó.