Capítulo 7
Alex abrió los ojos, o lo intentó.
Tenía la cabeza como si estuviera llena de plomo, y lo único que pudo pensar fue: Dios, ¿por qué me dejaste beber tanto?
Oyó pasos y, un momento después, una voz le taladró los sentidos.
—¡Por fin! Buenos días, o buenas tardes —dijo Lia, claramente divertida ante el estado lamentable de su amiga.
—Lia, baja la voz —suplicó Alex en un susurro.
—Al, toma esto.
Lia le tendió un vaso de agua y la medicina que sabía que iba a necesitar.
—¿Cómo llegué aquí?
Alex estaba completamente perdida; sus recuerdos le llegaban en fragmentos borrosos e inconexos.
—Bueno, vayamos paso a paso.
Lia se sentó en la cama, cruzó las piernas y se colocó los rizos distraídamente.
—Tú y Julie tuvisteis una discusión acalorada en el despacho de Sam. Luego lloraste como una loca, casi me vomitas encima, te abrazaste al váter del aseo y le juraste amor eterno. Echaste a Chris, volviste a vomitar e intentaste salir desnuda a la calle.
Lo dijo con total seriedad.
—Eso es todo.
—¿Qué? ¿Desnuda? ¡Dios mío!
Alex se dejó caer de nuevo en la cama y se tapó la cara con la almohada.
—Tranquila, esa parte me la inventé.
Lia estalló en carcajadas.
—El resto, por desgracia, es verdad.
—Me estoy muriendo.
—Es solo una resaca. Brutal, pero resaca al fin y al cabo. Levántate y date una ducha. Te sentirás mejor.
—Lo intentaré. Creo.
—Venga. Te ayudo.
Alex se duchó y poco a poco empezó a sentirse humana otra vez.
Se puso un albornoz y se sentó en el borde de la cama, perdida en sus pensamientos.
—Al —la llamó Lia, y Alex la miró—. Aparte de la resaca, ¿estás bien?
—No.
Alex dejó escapar un largo suspiro.
—Todo está fuera de lugar. Todo es un desastre aquí dentro.
Se llevó la mano al pecho.
Lia se sentó a su lado y escuchó la confesión en silencio.
—Le hice daño, Lia. Y me lo hice a mí misma en el proceso.
Hizo una pausa.
—Soy heterosexual. ¿Cómo voy a aceptar que estoy perdidamente enamorada de una mujer? ¿De mi amiga?
Lia le dedicó una sonrisa tierna.
—Así que estás enamorada de Juh.
No era una pregunta. Era una afirmación.
—¿Cómo ha podido pasar? —preguntó Alex, casi para sí misma.
—Al, cómo pasó importa menos que el hecho de que ha pasado. No puedes huir de esto. Nunca te había visto así con nadie. Siempre tan controlada, y ayer estabas deshecha.
—Lo estaba —admitió Alex—. Y todavía lo estoy.
—Tienes que pensar en lo que quieres para ti. Y te aviso, amiga, Juh no es de las que se quedan esperando.
Alex sonrió.
Después de arreglarse, dejó a Lia y a Tony en el apartamento y salió con un destino claro. Había cosas que no podían esperar más.
Un rato después, aparcó frente a la casa del amigo de Chris. El chef español había preferido quedarse allí tras el turbulento final de la noche con su novia.
—Chris, siento lo de ayer —dijo una vez sentados en el salón—. La verdad es que recuerdo muy poco.
—Bebiste más de la cuenta. Eso no es propio de ti.
—¿Un poco? Bebí muchísimo.
Él se limitó a mirarla.
—¿Podemos hablar?
—Claro.
Hablaron de otras cosas durante un rato, pero no tardó mucho en ir al grano.
—Chris, ¿sabes por qué estoy aquí?
—Creo que sí.
—Me he dado cuenta de algo. Tú eres la versión masculina de mí, y yo soy la versión femenina de ti.
Él se rio por lo bajo.
—Somos tan parecidos que ni siquiera nos complementamos.
—¿Y eso qué significa?
—Que no puedo casarme con una versión de mí misma.
Él la miró, sin parecer especialmente sorprendido.
—Y sé que tú tampoco lo quieres de verdad.
—Hacemos buen equipo, Alex.
Ella le tomó la mano.
—Los dos sabemos que esto no funciona, ¿verdad?
—Lo estamos intentando.
—Merecemos más que intentarlo, Chris. Y yo quiero más.
—Ya lo sé.
Le acarició la mano.
—En San Francisco, cuando me contaste lo que había pasado, ya supe que era el principio del fin.
—Los dos lo sabíamos. Ya ni siquiera nos tocábamos, pero ninguno tuvo el valor de admitirlo porque, como dijiste, hacíamos buen equipo.
Él guardó silencio.
—Tengo que irme.
Se levantó, y él hizo lo mismo.
A ambos se les llenaron los ojos de tristeza.
Alex se acercó, le dio un beso en la mejilla y se dirigió hacia la puerta bajo la mirada de Chris.
—Alex —la llamó.
Se volvió hacia su ahora exnovio.
—¿Quién es él? Creo que merezco saberlo.
Se detuvo frente a la puerta entreabierta.
—No hay ningún él. Es ella.
Chris frunció el ceño, incrédulo.
Alex sonrió y se marchó. No esperó las preguntas que vendrían después, pero sabía que tarde o temprano tendría que dar explicaciones.
Más tarde, en el salón de su apartamento, Alex hablaba con Lia después de que Tony hubiera salido.
—¿Vas a decirle que lo dejaste? —preguntó Lia.
—Ni siquiera sé qué decir.
—La verdad, Al.
—No creo que esté dispuesta a escucharme. Sobre todo después de la humillación de ayer.
—Juh es generosa, Al. Deberías intentarlo.
—Generosa y una fiera —dijo Alex riendo.
—Eso también —Lia soltó una carcajada.
—Lia, ¿esa británica sigue en el apartamento de Julie?
—Creo que sí.
—Y... —Alex no se atrevía a preguntar.
—No creo que estén juntas —Lia entendía perfectamente lo que su amiga quería saber.
—No estoy tan segura.
—Ayer no parecían pareja —Lia se acomodó en el sofá—. Pero ¿cómo te sientes después de hablar con Chris?
—En cuanto a eso, estoy tranquila. Siento que hice lo correcto. Pero tengo tantas otras dudas. Julie despertó cosas en mí que ni siquiera sabía que existían.
—Sinceramente, antes me preguntaba si había algo más que amistad entre vosotras dos —dijo Lia esbozando una sonrisa.
—¿Qué quieres decir? ¿Cuándo? —Alex estaba realmente sorprendida.
—Oh, vamos. Las dos criticabais cada relación que tenía la otra. Siempre estabais discutiendo, y segundos después estabais pegadas otra vez. No sé. Se me pasó por la cabeza.
—Sí que interferíamos.
—Mucho, Al.
—Siempre pensé que eran celos de amigas.
—No recuerdo que ninguna de las dos hicierais eso con las relaciones de Jill o las mías.
Alex lo pensó y se dio cuenta de que Lia tenía razón.
—Sí.
—Sinceramente, pensé que Juh estaba enamorada de ti. Luego me pregunté si quizás erais las dos, pero como nunca pasó nada, lo dejé estar —Lia hizo una mueca divertida, como si recordara algo.
—¿Qué pasa, Lia?
—Jill también lo pensaba.
—¿En serio? ¿Y por qué ninguna de las dos nos preguntó nada? —preguntó Alex.
—Porque, como te dije, no pasó nada. Así que lo dejamos estar.
—Estaba tan segura de mi sexualidad. Ahora lo único que sé es que no sé nada.
Sonrieron.
—Ni me hables de sexualidad —soltó Lia de repente.
Alex frunció el ceño, confundida.
—¿Qué ha sido eso? Será mejor que empieces a hablar.
—Oh, Al... —Lia se pasó las manos por la cara.
Entonces le contó a Alex lo que había estado pasando en su matrimonio con Tony.
—Lia, esa fantasía masculina es de lo más común —dijo Alex después de escuchar la historia del trío.
—Me insistió tanto que al final acepté.
—¿Y? ¿Qué tal fue? —preguntó su curiosa amiga.
—Bueno, fuimos a uno de esos sitios, ¿sabes?
—Ya —dijo Alex riendo ante la reticencia de Lia a hablar abiertamente—. ¿Todavía estabais aquí?
—Sí, aquí. Y conocimos a una mujer.
—¿Y...? —Alex abrió mucho los ojos, esperando el resto.
—Y al principio fue incómodo, pero... ay, Al, qué mujer —Lia hundió la cara en un cojín.
—Vaya —Alex se rio—. ¿Qué pasó después?
—La vimos unas cuantas veces más, hasta que nos fuimos del país.
—Así que perdisteis el contacto —dijo Alex. Lia negó con la cabeza—. ¿No?
—¿Te acuerdas de cuando vinimos aquí?
—Sí, hace unos seis meses. Fue cuando conociste a Chris.
—Exacto —Lia hizo una pausa y se volvió hacia su amiga—. La vi.
—¿Tú, o los dos? —preguntó Alex, empezando a entender por dónde iba aquello.
—Yo —Lia intentó no reírse—. Solo yo.
—Hmm. ¿Y?
—Al, la lié.
—Estuvisteis juntas sin Tony. ¿Es eso?
—No exactamente, pero...
—Joder —Alex entendió lo que probablemente había pasado.
—¿Sabes qué es lo peor? Ya no estoy segura de que sea solo sexo —admitió Lia.
—Hmm. Sospecho que hace tiempo que dejó de ser solo sexo, ¿verdad?
—No. Y esa es una de las razones por las que me daba miedo volver aquí.
—Querías huir.
—Completamente.
—Sí, amiga mía. Tenemos más en común de lo que creíamos.
—Pero tú tuviste el valor de hablar con Chris y al menos resolver esa parte. Yo...
—¿Cómo se llama? —preguntó Alex con un asomo de sonrisa.
—Brandie. Y tiene la piel más suave que he tocado en mi vida.
Alex le sonrió a su amiga.
—Cariño, voy a usar tus propias palabras en tu contra: necesitas saber qué es lo que quieres.
—Lo sé —dijo Lia, y apoyó la cabeza en el respaldo del sillón.
—Mujeres... Dios —murmuró Alex, recostándose también.
Suspiraron.
Lia se levantó de golpe.
—¿Sabes qué? Basta de hablar de estas criaturas. Vamos a organizar tu mudanza. Además, si no vamos hoy a casa de Jill, nos mata.
Alex se rio, pero le pareció buena idea, sobre todo teniendo en cuenta que se mudaba a la casa nueva en unos días.
Así pasaron el resto de la tarde.
En las calles de Los Ángeles...
Julie pasó la tarde enseñándole la ciudad a Carrie. Carrie conocía Nueva York, pero no Los Ángeles.
Pasaron una tarde realmente agradable juntas. Disfrutaban de su mutua compañía.
Al caer la noche, volvieron al apartamento de Julie.
—¿Cuánto tiempo piensas quedarte en Baltimore? —preguntó Julie mientras servía zumo para las dos.
—Mi contrato es de un año. Estoy deseando empezar.
—El laboratorio es excelente. Te va a encantar.
—¿Y lo de Nueva York? ¿Vas a aceptar?
—Todavía no lo sé.
Habían estado hablando de una oferta de trabajo en Nueva York.
—Julie... lo que dijiste ayer —empezó Carrie, cambiando de tema—. ¿Estaba en la fiesta?
Julie, que llevaba el pelo largo recogido, se limitó a asentir y dio un sorbo al zumo.
—¿Quién es? —insistió Carrie.
—Da igual. Como te dije, está con alguien.
—¿Y cómo te metiste en esto, Julie?
—No lo sé. Pasó cuando menos lo esperaba. Y para cuando me di cuenta de lo que era, ya no había marcha atrás.
—¿Me estás diciendo que estás enamorada?
—Creo que es más que eso —respondió Julie muy seria.
—Vaya. No me esperaba eso.
—¿Sabes cuando algo está enterrado tan hondo que casi olvidas que está ahí, y de pronto pasa algo que lo saca todo a la superficie de golpe? Pues así fue —dijo Julie, dejando al descubierto sus sentimientos.
—Reconozco que ahora me da un poco de envidia.
—No digas tonterías.
—Lo digo en serio. No recuerdo haberte oído hablar así de nadie —dijo Carrie.
—Y no volverás a oírlo, porque el amor no correspondido no funciona muy bien. Ahora necesito una ducha.
—Vale.
Julie fue a darse una ducha que le hacía mucha falta, y cuando salía, le sonó el móvil.
Al mirar la pantalla, vio un mensaje de Alex.
Contenía una dirección; probablemente la de la casa nueva, imaginó Juh. Luego llegó otro mensaje:
«Sé que ahora estás con alguien, pero necesitaba decirte que yo no. Y solo para que conste... te quiero».
A Julie le dio un escalofrío y un sofoco a la vez. Lo único que sabía era que esas pocas palabras le habían removido todo por dentro.
Volvió a mirar la dirección y supo, con absoluta certeza, que Alex estaría allí.
Aun así, se preguntó si aquello no sería otra de las espirales de Alex, y si volvería a echarse atrás después.
Con ese temor, se sentó en la cama con el móvil en la mano.
Y en una cosa tenía razón: Alex estaba en la casa nueva.
Había dejado a Lia y Tony en casa de los Wise y, tras inventarse una excusa, se había ido a la suya.
En un principio había ido allí buscando tranquilidad. Necesitaba estar a solas con sus pensamientos.
La mayor parte del mobiliario ya estaba en su sitio. Solo traería algunas cosas del apartamento, que quedaría casi completamente amueblado para el siguiente inquilino. Allí empezaba una nueva etapa en la vida de Alex. Comprar esa casa había sido su segundo sueño hecho realidad.
Y era preciosa, de verdad. Paredes de tonos claros, amplios ventanales, una escalera magnífica en el centro. Todo de un gusto exquisito, incluida una cocina con la que cualquier chef soñaría.
Unos momentos antes, sentada al borde de la piscina, Alex había cedido y le había mandado el mensaje a Julie.
Después se había quedado allí, contemplando el jardín que rodeaba la piscina y recordando ciertos momentos de su vida.
Una y otra vez miró el móvil, pero Julie seguía sin contestar. Ni un mensaje. Nada.
Al cabo de un buen rato, Alex decidió marcharse. Cuando se dio la vuelta, vio a Julie cruzar el salón y caminar tranquilamente hacia ella.
El corazón le latía desbocado, y solo pudo sonreír.
Una sonrisa amplia, inevitable.
Julie se detuvo, la miró y le devolvió la sonrisa. Y en ese instante, sus miradas volvieron a encontrarse.
—La puerta estaba abierta —dijo Julie, señalando hacia la entrada—. Qué casa tan bonita —añadió, mirando alrededor.
—¿Te gusta? —Alex, normalmente tan serena, se sentía como una adolescente enamorada, torpe y nerviosa ante aquella mujer.
—Mucho —respondió Julie con una sonrisa.
El silencio se hizo entre ellas.
—¿Cómo es que estabas tan cerca y no te vi antes? —dijo Alex, dando un paso hacia ella.
Julie sonrió, caminó hacia ella, y se dieron el mejor beso de sus vidas. El más devastador.
Sus labios. El roce de sus lenguas. El abrazo estrecho que intentaba compensar toda la añoranza. La necesidad de sentir cada centímetro de la otra, cada aliento, cada aroma.
La urgencia de sus cuerpos y de sus corazones.
Y la noche apenas comenzaba.
No solo la noche.