56. Ransome
RANSOME
—¡Vaya, mira quién ha despertado!
Amara me sonríe y juro por Dios que debo estar muerto. Porque esto no puede ser real. Después de todo lo que pasó, verla sentada en la cama, con el color de vuelta en sus mejillas y una sonrisa en su hermoso rostro, me convence por completo de que es un ángel.
En cualquier caso, no me equivoco.
—Podría decirte lo mismo.
Corro a su lado. El pequeño bebé, envuelto en una manta azul. Su madre. Todo el hielo que sentía en mi corazón se derrite al verlo.
—Es tan pequeñito —digo. Porque incluso sin los tubos y todo lo demás, realmente parece diminuto.
—Lo es —dice ella sonriendo—. Pero es fuerte.
—Y está hambriento —observo.
Amara se ríe.
—Sí, así es. Con un poco de suerte, recuperará el tiempo perdido.
Me siento en la silla junto a la cama y me inclino hacia ellos. Es una imagen preciosa: Amara y nuestro bebé. Tan compenetrados, incluso después de todo.
La mirada escéptica de Amara me recorre.
—Tienes un aspecto terrible.
Me río. Me río de verdad.
—Sí, bueno, ha sido una noche difícil.
—Un par de noches —dice—. Al parecer, ambos dormimos más de doce horas.
Trago saliva con dificultad, pero esta vez no puedo contener la emoción.
—No sabía si ibas a despertar.
—Yo tampoco —admite con la voz quebrada por la emoción. Luego baja la mirada hacia el bebé—. Pero todo el tiempo soñe con él. Lo tenía en brazos, le daba de comer, lo bañaba, lo mecía y sabía que tenía que estar bien. Porque él me necesita.
—Yo te necesito —admito.
Ella me mira de nuevo. Sus ojos están brillantes, rojos por el cansancio y el llanto.
—Y yo te necesito a ti.
Se produce un momento de silencio. Lo dejamos pasar, sintiendo el calor del otro, disfrutando de la presencia de nuestro hijo.
Me aclaro la garganta.
—¿Electra está bien ?
—Sí. —Amara parece sorprendida por mi pregunta—. Se fue a casa anoche. Le envié un mensaje cuando me desperté. No quería dejarla afuera otros seis meses, ¿sabes?
—Sí —sonrío y le acaricio la cabecita al bebé—. Mav y Baron también me han estado bombardeando. Pero como este pequeño va a estar en la UCI neonatal un tiempo, no podemos tener más visitas por ahora. Lo cual me parece bien. Estoy harto de la gente.
Amara sonríe y luego la sonrisa se desvanece.
—¿Qué pasó? —pregunta.
—Ya no tienes que preocuparte por él.
No necesito decir quién. Los ojos de Amara se abren de par en par al darse cuenta.
—¿Estás seguro? Es un canalla astuto.
—Le disparé en la cabeza.
—Ah. Bueno, con eso bastara.
Extiendo la mano y la tomo entre las mías.
—Lo digo en serio, Amara. Ya no tienes que preocuparte por nada. Las cosas van a ser diferentes ahora.
—¿No más Bratva? —pregunta y ambos sabemos que es una broma.
—No más preocupaciones. Se acabaron los Chadovich merodeando por todas partes. Con Tristan fuera, no tienen pakhan. Y si tuviera que adivinar, diría que Yury y Daniil están demasiado asustados para dar un paso al frente. Todo va a estar mucho más tranquilo.
—Me gusta que sea más tranquilo —dice ella.
—Excepto cuando se trata de nosotros —le digo—. Se acabaron los escondites. Se acabaron las apariencias. Eres mía y el mundo lo va a saber. De ahora en adelante, somos tú, mi heredero y yo.
—Bueno, eso suena increíble —dice—. Pero nuestro heredero va a necesitar un nombre.
—¿Qué tal Lorenzo? —pregunto, pero ella arruga la nariz.
—No. Nada de nombres italianos. ¿Qué tal Aleksandr? —pregunta, pero esta vez yo niego con la cabeza.
—No. Tampoco nombres rusos. La tradición es buena, pero algunas cosas tienen que terminar.
Amara mira al bebé y le acaricia suavemente el cabello rubio claro. Luego sonríe.
—Nicholas —dice.
—Nicholas —repito en voz baja.
—Podemos llamarlo Nicky de cariño —añade—. A menos que no te guste.
—No —digo y siento un nudo en la garganta mayor del que pensaba—. No lo odio en absoluto. De hecho, me parece perfecto.
—Bien —le da un beso en la cabecita—. Porque lo amo.
—Y yo te amo a ti —le acaricio el rostro con la mano—. Más que a nada.
—Yo también te amo, Ransome.
Ambos nos inclinamos con cuidado para besar a Nicholas. Un beso que por fin nos hace sentir que el mundo está en orden. Tengo a mi chica y a mi hijo, y todos los que se interponían en nuestro camino se han ido.
Y por primera vez, también me siento libre del dolor por la muerte de Nik.
En el mundo de la Bratva, no muchas cosas se sienten genuinas o seguras. Pero teniéndolo todo en mis manos, puedo convertirlo en lo que yo quiera.
Las palabras de mi mamá se me quedan grabadas en la cabeza.
“Tu corazón te ayudará a guiar a nuestra familia como debemos ser guiados.”
Puedo liderarlos. Puedo liderarnos a todos.
Y no hay nada que pueda interponerse en nuestro camino.
Epílogo Extendido: Amara
Un Año Después
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