48. Ransome
RANSOME
—¿Dónde encontraste a Igor?
Entro en el almacén. Las luces se encienden mientras avanzamos por el pasillo. La producción se ha detenido en seco gracias a que Tristan interceptó nuestros camiones, que se encuentran allí vacíos. Todo el lugar es un pueblo fantasma. Podrías mandar perros y ni ladrarían.
Damon me sigue el ritmo.
—La verdad es que no fue difícil. Aunque todos los hombres que Tristan contrató son bastante discretos, Igor va al club de striptease Foxy casi todas las noches. Mi amigo Jameson tardó apenas unas horas en encontrarlo.
—Tiene sentido —digo mientras doblamos la esquina.
Nos dirigimos a una de las habitaciones laterales.
Es una habitación de tres por tres con una sola silla fijada al centro y una mesita contra la pared.
Sobre la mesa hay un botiquín quirúrgico, entre otros utensilios, incluyendo herramientas de carpintería y jardinería.
—¿Por qué lo querías a él específicamente? —pregunta Damon.
—Me avisaron que, de todos los que trabajan estrechamente con Tristan, él podría ser el más fácil de convencer.
—¿Más fácil que uno de los delincuentes que capturó en la fuga?
—pregunta con una leve sonrisa. Es casi gracioso lo mucho que Damon disfruta de esto.
Es policía. Jefe del departamento de Nuevo York, para ser exactos.
Y, si bien hace un buen trabajo ante los ojos de la ciudad, es un auténtico despiadado cuando se trata de colaborar con la Bratva.
Algunos dicen que es por el dinero. Pagar a un pequeño ejército para que trabaje de nuestro lado y guarde silencio no es barato.
Pero yo creo que es porque Damon proviene de una larga estirpe de jefes que han trabajado con nosotros.
Al mismo tiempo que juró proteger la ciudad, también juró lealtad en secreto a la familia Rozanov.
Supongo que es cierto lo que dicen: todo el mundo, por más bueno que sea, vende al menos una parte de sí mismo al diablo.
Nos detenemos frente a la puerta y miramos a través de la pequeña ventana.
Maverick y Baron están de pie junto a Igor, quien se encuentravencadenado a una silla con una bolsa en la cabeza.
Por cómo suda y tiembla, supongo que sabe que está en apuros.
Conociendo a Maverick, seguro ya le ha hecho algo.
—Conoce a Tristan —le digo a Damon—. Le ha sido leal durante mucho tiempo. El suficiente como para que Tristan probablemente hable con él. Podrá contarnos no solo lo que está haciendo ahora, sino también cuál es su plan completo.
—Hm. —Damon reflexiona sobre eso—. ¿Cómo supiste que él era el indicado?
—Jenica —digo.
—¿Y no crees que eso sea una trampa? —pregunta Damon arqueando una ceja.
No es una pregunta injusta. Dios sabe que yo también me la he hecho. Pero por muy mal que haya estado nuestra relación en el pasado, Jenica y yo funcionamos mejor como aliados que como pareja. El hecho de haber resuelto nuestro matrimonio nos facilitó una verdadera tregua.
Además, ella también está mejor sin Tristan en su vida.
—Creo que ella misma está intentando escapar de una.
Abro la puerta. Damon y yo entramos.
Igor se sobresalta al oírla y gira la cabeza a pesar de no poder ver nada. Murmura con voz temblorosa.
—Moy Bog ne ostavit menya…
—No entiendo ni una palabra —dice Maverick—. Lleva una hora balbuceando entre dientes rotos.
Lo de los dientes rotos se debe a que Maverick le hizo un agujero extra en la boca. Lo sé por la sangre que tiene en toda la parte delantera de la camisa.
—Mi Dios no me abandonará —traduce Baron sin emoción.
No le gusta esta parte del trabajo, nunca le ha gustado.
Para ser sincero, a mí tampoco. Pero con los años me he acostumbrado, usando el dolor que siento al pensar en el cuerpo frío de Nik sobre el cemento antes de cumplir dieciséis años, para bloquear la moral que intenta interponerse.
Maverick se ríe entre dientes mientras está de pie detrás de Igor. Lentamente, le quita la bolsa de la cabeza.
—Aquí no hay ningún Dios, suka. Solo el diablo.
Igor me mira. Efectivamente, tiene la boca destrozada y el ojo hinchado.
—Le hiciste mucho daño antes de que yo llegara —le digo.
—Lo siento, jefe. Me gusta divertirme un poco.
—Jameson también tuvo que darle un rato en el Foxy para que obedeciera —dice Damon.
—Resistencia a la autoridad. —Maverick niega con la cabeza y chasquea la lengua.
—Parece que has tenido una noche difícil —le digo con calma a nuestro prisionero—. Así que, manos a la obra.
Me giro hacia la mesa mientras Igor pierde los estribos, se retuerce en su silla y suplica en ruso.
—¡Pozhaluysta, pozhaluysta, pozhaluysta!
Dejo el arma sobre la mesa y miro por encima del hombro con disimulo.
—Solo estoy preparando las cosas. Por si decides no colaborar.
Igor sigue llorando. La sangre corre por sus mejillas mezclada con las lágrimas. Entre el puñetazo de Maverick y la paliza de Jameson, parece bastante debilitado.
Aun así, agarro un par de alicates. Luego camino lentamente frente a él.
—Dime, Igor. ¿Qué tipo de cosas haces trabajando para Tristan?
—On moy boss… —tartamudea y lo interrumpo.
—En español. He tenido un día largo, Igor. Ahora mismo debería estar en la cama con mi mujer, no hablando contigo. Hazme la vida más fácil y quizás yo sea más indulgente contigo.
Es mentira. Pero la persuasión suele serlo.
—Tristan es mi jefe. Es como un hermano. Somos familia —dice Igor.
—Hm —digo—. Lo curioso de Tristan Chadovich, Igor, es que parece importarle una mierda su familia. De sangre o de cualquier otro tipo.
—Lo conozco desde hace mucho tiempo —dice—. Siempre le he sido leal.
—¿Y esa lealtad ha sido correspondida? —pregunto.
Igor abre la boca, pero se detiene.
—Es una pregunta tramposa —dice.
Sonrío con sorna.
—¿Qué te hace pensar que estoy jugando?
—Si digo que soy leal, me lastimarás. Pero gracias a mi lealtad, sé más de él que la mayoría. No es muy… listo cuando está borracho. Y se emborracha mucho.
Asiento con la cabeza y giro los alicates en mi mano. Los ojos nerviosos de Igor están fijos en ellos. —No eres tan tonto como dicen. Al menos hasta el momento. —me detengo frente a él—. Entonces, dime. ¿Qué debería saber sobre Tristan? ¿Qué trama?
—Él tiene tu cocaína.
Miro a mi alrededor y Maverick se ríe entre dientes.
—No hace falta que me lo recuerdes —le digo—. Sé que llevabas una bolsa en la cabeza cuando te metieron aquí dentro para que no vieras nada, pero mi almacén está pelado. Lo tiene todo. Quiero saber cómo y cuál es su próximo plan.
—Me matará si te lo cuento —dice Igor con el patético vestigio de dignidad al que aún se aferra.
—Estoy seguro de que eso dijo —me agacho frente a él—. Pero tengo curiosidad. ¿Qué dijo que te haría exactamente?
—Torturarme. Dispararme en las rodillas y prenderme fuego.
—Buena idea —dice Maverick—. ¿Jefe?
Igor entra en pánico, pero levanto la mano.
—Eso sí que suena a un final de mierda para un día que ya de por sí ha sido un desastre. Así que no será tan malo cuando te arranque las uñas una a una, ¿verdad? En comparación, claro.
Igor traga saliva con dificultad. Pero no habla.
Suspiro.
—De acuerdo. Podemos hacerlo por las malas si eso es lo que prefieres.
Le agarro la mano, que está atada al brazo de la silla. Luego, presiono la punta de los alicates debajo de una de sus uñas para sujetarla bien.
—¡No, no, no! ¡Hablaré! ¡Te lo contaré todo!
—grita y le doy un respiro—. Tristan tiene hombres en la frontera.
Están interceptando los camiones allí. Se hacen pasar por agentes de la frontera.
Confiscan la mercancía, la cargan en sus propios camiones y luego conducen directamente hasta aquí.
Sin paradas. La estamos vendiendo a un treinta por ciento más.
—Joder. —Baron habla por primera vez.
Le arranco una uña solo para calmar mi ira.
Igor grita como si lo hubiera destripado. Pero aún no he terminado. Aprieto otro dedo y lo miro fijamente.
—¿Qué más?
—Planea tomar el control total —dice con la voz quebrada—. Mandará a matar a tus hombres y luego irá tras tu familia. Dmitry matará a tu padre durante un almuerzo de negocios. Después, a tu madre. Luego irá tras Amara y el bebé. Y después, de ti.
Él sigue llorando mientras yo aprieto los dientes. Luego, tras un instante, retiro los alicates y los dejo a un lado.
Igor tiembla mientras murmura.
—Spasibo, spasibo, spas…
Sus últimos agradecimientos se ven interrumpidos cuando agarro la pistola y le disparo entre los ojos. Su cabeza cae hacia adelante, derramando sangre fresca sobre su regazo y goteando por el suelo.
Maverick y Baron me miran fijamente.
—¿Y bien? —pregunta Baron después de un momento—. ¿Ahora qué?
—Matamos a Tristan —respondo—. Antes de que pueda siquiera girar la cabeza hacia nosotros. Lo matamos.