Infortunio (Trilogía de la Brecha 1) 47. Arturo #2
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47. Arturo #2

—Doce millones —respondió Sadie—. No sé cuántos de ellos siguen con vida.

Ivy dice que sus descendientes se esconden de ella.

Una parte de la gente que sobrevivió terminó alistada en su ejército.

Tiene a millones de humanos almacenados en cápsulas de estasis, esperando a que los despierte para defender la Tierra.

—Sadie se mordió el labio—. Y creo que es posible que ahora crea que tiene que defenderla de nosotros.

Jorgen exhaló despacio, ajeno a la angustia de Sadie.

—Un ejército de millones de humanos. Dispuesto a invadir la galaxia para defender la Tierra. Estáis seguros de esto.

—Mucho —dije—. ¿Y qué hay de la estación espacial? Puede que aún queden varvax ahí arriba. ¿Han atacado a tus fuerzas al llegar?

—No —respondió Jorgen—. Mi equipo ha registrado la estación antes de aterrizar. Los varvax la habían evacuado, y no han dejado a ningún taynix atrás.

—Creo que los taynix ya estaban rescatados —dije—, teniendo en cuenta a cuántos han reunido Naga y Bob en mi nave.

Jorgen sonrió.

—Me alegro de que hayan sido capaces de cuidar unos de otros.

—De veras hemos encontrado la Tierra —dije—. Sabemos adónde fue. Eso es bueno, ¿verdad?

—Es increíble —asintió Jorgen—. Lo habéis hecho bien —añadió, revirtiendo a su voz de comandante—.

Habéis cumplido vuestra misión con honor.

Gracias. Cuando el resto del equipo esté listo, podéis hipersaltar de vuelta a Detritus.

—Silenció mi objeción con una mirada. Tirda, a Jorgen empezaban a dársele de maravilla esas cosas.

Sería por toda la práctica que estaba teniendo—.

No os preocupéis. Tendré más trabajo para vosotros pronto.

Seguramente más pronto de lo que os gustaría. —Me miró—. Si es lo que aún quieres.

—Lo es —dije—. Más que nunca.

Lo que Jorgen hacía en el Alto Mando era esencial, pero no podía estar en todas partes. Necesitaba a personas en el aire que tomaran las decisiones correctas, que priorizaran nuestras alianzas, que cumplieran con nuestra gente y con el resto de las especies de la galaxia.

A lo mejor era soberbio por mi parte, pero quería ser una de esas personas.

Jorgen se levantó.

—Si me disculpáis, creo que tengo unas presentaciones diplomáticas pendientes.

Salió de la nave y Sadie se puso en pie para seguirlo.

—Espera un minuto —le dije.

Me miró nerviosa.

—¿He hablado demasiado con Ivy? —preguntó—. Seguro que sí.

—No —dije—. De hecho, has sido la columna vertebral de esta misión.

Has encabezado prácticamente todas sus partes, y quiero que sepas que no me ha pasado por alto.

Has dado un paso al frente y has hecho el trabajo.

Incluso cuando hablabas con una inteligencia artificial hambrienta de poder que te tenía cautiva y ha intentado criogenizarte, cosa que tiene que haber sido tirdosamente aterradora.

—Mucho —reconoció Sadie—. Mientras estaba pasando, no pensaba en el miedo que daba. He seguido hablando y ya está. Y a lo mejor no he dicho las cosas correctas…

—Puede que no siempre. Pero sí que has dicho las suficientes cosas correctas.

Has cumplido más parte de la que te correspondía en la misión que teníamos asignada, y lo has hecho incluso cuando significaba meterte en un portal a la ninguna-parte mientras estábamos bajo ataque, sin tener ni idea de cómo ibas a volver a salir.

—Callé un momento. Cada vez tenía más y más claro lo que debía suceder—.

Así que quiero ascenderte —añadí— a jefa de escuadrón asistente.

Merecía más. Sadie podría haber liderado el escuadrón. Pero se le iluminó el rostro entero.

—¿De verdad?

—Sí —dije—. A no ser que tengas el ojo echado a algo más gordo. Porque, si lo prefieres, puedo hablar con FM sobre puestos en su departamento o…

—¡No, me apunto a esto! Tirda… —Me miró con expresión incrédula—. ¡Tendré más graduación que Tenderete y Gatero! ¿Qué van a decir?

—Estoy bastante seguro de que se alegrarán por ti —contesté—. Y, además, ahora podrás mangonearlos a los dos.

De pronto, Sadie pareció preocupada.

—Pero Nedd no va a dejar el escuadrón, ¿verdad?

—Que yo sepa, no —dije—. Se lo ha planteado, pero yo preferiría que os quedarais los dos.

—Tendremos la misma categoría. —Sadie parecía pensativa—. ¿Eso significa que podemos salir juntos, siempre que informemos de ello? Creo que sí que significa eso.

Arrugó la nariz.

—No me importa que salgas con Nedd —le dije—, siempre que no tenga que estar yo al otro lado de la radio y oír más de ello.

—¡No lo estarás! —exclamó Sadie—. Considéralo una promesa.

Y entonces me abrazó.

Eso… sí que no me lo esperaba.

—Gracias —dijo después de derrumbarse en el banco que había ocupado Jorgen.

Parecía tirdosamente agotada. Todos lo estábamos. Y Jorgen tenía razón. No tardaría en haber más trabajo para nosotros.

—Venga, volvamos —propuse—. Todos necesitamos descansar.

—Descansa tú si quieres —replicó Sadie—. ¡Yo pienso dar una fiesta!

Reí.

—Bueno, pues espero que nos invites a todos.

Sadie se limitó a sonreír.

Nos levantamos y fuimos a reunirnos con el resto. Tenía que decirles lo impresionado que estaba con su valentía, con su disposición a seguirme contra unas fuerzas aterradoras.

Iba a necesitar más de esa lealtad, ya que seguiría como jefe de escuadrón, pero tenía suerte. No sabía exactamente qué nos depararía el futuro, pero iba a afrontarlo con un equipo tirdosamente asombroso.