Informe final: Estoy enamorada Epílogo
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Epílogo

Diez años después…

—¡Mamá! ¡Mamá!

Todo el santo día con él, mamá en la boca, pensé mientras resoplaba y salía al jardín a ver qué era lo que pasaba.

Nada bueno, eso seguro.

Porque con los trastos que eran todos los niños que estaban allí fuera, que estuvieran liando alguna era rutina; lo raro habría sido encontrármelos sentados leyendo o de rodillas rezando.

Cuando salí al jardín, juro por lo más sagrado que mi primer pensamiento fue echarme la mano a la espalda, sacar el arma y vaciar el cargador disparando todas las balas al cielo.

La madre que los parió a todos, la que habían liado.

—¡¿Qué habéis hecho?!

—Mamá, ha sido un accidente —dijo Susan con ojitos de cachorro.

—¡¿Un accidente?!

—Sí, tía, eso es lo que ha sido.

—¿Sí? Pues eso se lo contáis a papá y a los tíos ahora cuando vengan. Vais a estar castigados hasta que os salgan arrugas —dije antes de darme la vuelta y entrar otra vez en la cocina.

Sí, entré porque no podía seguir viendo la que tenían allí montada.

La piscina entera estaba llena de espuma. Pero no un poquito, no. Llena. Bien llena. Vamos, que no se veía ni el agua, porque hasta se desbordaba por el borde y llegaba al césped.

Volví a la cocina a seguir preparando la ensaladilla que comeríamos ese día junto con la barbacoa, de la que los chicos se encargarían.

Mientras lo hacía, mi mente voló y los recuerdos de cómo habíamos llegado hasta ese momento vinieron a mí uno detrás de otro.

El primero fue aquel día en el que abrí la puerta de mi apartamento pensando que era Knox y me llevé la sorpresa de mi vida al ver que era Tyler el que estaba allí para decirme que llevaba toda la vida queriéndome en silencio.

Como dijo, tardó en venir porque era cierto que había vendido todo para cerrar su vida en Nueva York y venirse a Washington conmigo.

Los meses siguientes juntos fueron maravillosos. Bueno, no solo los meses siguientes, sino también los diez años que habían pasado desde entonces.

Como me propuso y yo pensando que era broma, sí que fui a su boda… que también fue la mía, claro, seis meses después. Desde entonces era mi marido.

Fue una boda muy íntima, pero preciosa, a la que solo fueron los nuestros.

Un año después de eso nació nuestro hijo mayor, Liam, que ya tenía ocho años. A él, dos años después, se le unieron nuestras gemelas, a las que llamamos Emily y Susan.

Con tres hijos cerramos la fábrica. Con lo movidos que nos habían salido, había momentos en los que parecía que teníamos seis y no tres.

Todos esos años yo había seguido con mi trabajo, aunque a un ritmo más bajo. Y Tyler se había dedicado a comprar edificios como hizo en Nueva York y actualmente había aumentado su fortuna con los beneficios que obtenía cada mes.

Sonreí al pensar en lo siguiente que se me vino a la cabeza.

Knox, mi medio desastre, y mi querida amiga Rachel.

Como dijo que haría, en cuanto tuvo el divorcio, Rachel se vino a vivir a Washington y solo un par de meses después ya estaban viviendo juntos con Andrew en el piso de Knox.

Lo suyo fue un flechazo en toda regla que había terminado muy, muy bien.

Un año después de empezar juntos también se casaron y seis meses más tarde nació su hija Mia, que ya tenía siete años. Y para completar la familia llegó Noah, su hijo pequeño, que tenía cinco y era una copia exacta de su padre en todo.

Habían formado una familia preciosa.

La que también vino de visita y se quedó fue Sarah, pero no solo para estar cerca de nosotros, sino porque en nuestra boda conectó muy bien con cierto jefe gruñón con el que un año después empezó una relación… y ahí seguían.

Eso sí que fue un impacto para todos.

Sarah y Sterling. Quién lo iba a decir.

Desde luego, Knox y yo no. Y, como los cabrones que éramos, a la mínima oportunidad que teníamos, nos cachondeábamos de Grayson diciéndole que tenía mujer gracias a nosotros y que nos tenía que premiar con más vacaciones que al resto.

El siguiente recuerdo que me vino a la mente fue uno mucho más amargo, uno que nos dejó desolados a todos.

Jake.

Él nunca pudo salir de la mierda en la que se metió y, después de perderlo todo, vender lo poco que tenía para pagar la multa que les pusieron a los tres por lo que hicieron y enterarse de que KayJax se disolvía por decisión de Cassian y Tyler, acabó perdiéndose del todo.

Y unos meses después falleció por una sobredosis.

Ese episodio hizo que otros abrieran los ojos y espabilaran.

Sullivan rompió con todo y con todos, hizo la maleta y, según teníamos entendido, porque no habíamos vuelto a saber de él, se marchó a Francia a vivir con un tío lejano que tenía allí.

Cassian, en cambio, quiso poner fin a la vida que llevaba y que solo le había traído malas cosas y, tragándose su orgullo, nos pidió ayuda.

¿Se la dimos?

Rotundamente sí.

Todo el mundo merece una segunda oportunidad.

Entró en un centro de desintoxicación donde estuvo un año. Allí, además de rehabilitarse, encontró el amor en una de las médicas que lo trataron y en la actualidad estaban casados, muy felizmente, tengo que decir.

Con Celia, que así se llamaba su mujer, había tenido dos hijos: Jake, al que pusieron ese nombre en honor al tío que no llegó a conocer, que ya tenía cinco años, y Ava, de cuatro.

También vivían en Washington y, como no podía ser de otra manera, formaban parte de nuestra vida diaria.

Y no solo porque Cassian ayudara a mi marido, con el que se había asociado en el tema de los edificios, sino porque dejamos todos los rencores atrás y hasta puedo decir que para mí era un auténtico amigo.

Levanté la cabeza al oír ruido en la cocina y sonreí al verlos a todos allí.

Habían ido juntos a la casa de Cassian, que estaba a solo unos metros de la nuestra, justo al lado de la de Knox, porque él y Celia querían enseñarles a los demás cómo había quedado el estudio que habían montado en la buhardilla, donde él junto a Tyler darían clases de música a todas nuestras fieras.

Vaya dos tarados. Iban a sudar la gota gorda con todos allí tocando instrumentos, pensé, aguantándome la risa.

—Venís todos muy sonrientes. Pues salid… salid al jardín y ya veréis cómo se os van a quitar las ganas de reír.

—Madre mía, ya tiene que ser gorda la que han liado, porque tienes esa cara —dijo Knox riéndose.

—¿Qué cara? —le preguntó Cassian.

—La cara de que se ha contenido mucho para no sacar el arma.

—Ni te imaginas el esfuerzo que he tenido que hacer —le dije, haciéndoles reír a todos.

—Venga, Yelina, no puede ser para tanto, solo son niños —dijo Grayson.

—¿Niños? Eso no son niños, son demonios disfrazados. Venid conmigo a ver qué opináis.

Me di la vuelta y todos me siguieron hasta el jardín.

De primeras, al ver la que tenían allí montada, todos se quedaron mudos y petrificados.

—¿Pero qué cojones han echado? Me han jodido la piscina. Dios… si la limpié ayer —dijo Tyler llevándose las manos a la cabeza.

—Pues no la debiste limpiar muy bien, porque han creído oportuno echarle más jabón —le contestó Cassian, conteniéndose la risa.

—Desde luego no podemos decir que no sean limpios —añadió Knox, aguantándose también.

Les apunté a los dos con el dedo y puse mi cara de u obedeces o te disparo.

—Se os van a quitar las ganitas de reír en cuanto salgan. Porque yo no pienso limpiar este desastre, ya os lo digo.

—Venga, que entre todos no tardaremos nada; antes de comer la piscina estará perfecta otra vez —dijo Joy, haciéndonos poner a todos los ojos en blanco.

Porque eso ni en una semana quedaría limpio, ni en un mes si me apuraban un poco.

Todos menos Tyler se fueron a ver de cerca el desastre.

Él me agarró con una mano por la cintura y me pegó a su cuerpo.

—Si necesitas desestresarte, conozco una técnica mejor que pegar tiros —me susurró.

—Pues mira, sí. Después de ver esto necesito un intensivo —le contesté contra los labios.

Se me quedó mirando y vi cómo se le dilataban las pupilas.

—¡Knox! Encárgate de mantener el orden. Mi mujer tiene que mirar unas pruebas para hacer un informe y tengo que ayudarla.

La carcajada fue general, y no solo por sus palabras, sino porque me cargó al hombro y entró conmigo corriendo dentro de la casa.

Media hora después, sudorosos, pero satisfechos, estábamos los dos en la cama. Yo tumbada con la cabeza en su pecho mientras me acariciaba el pelo.

—Esto de mirar pruebas cada día se nos da mejor. El paso del tiempo solo ha hecho que cada vez los informes sean mejores.

Tyler soltó una risita.

—Así es. Y dime… ¿Cuál es tu informe final?

—Que estoy enamorada.