Infancia robada (Kim Stone 22) EPÍLOGO
100%

EPÍLOGO

A las seis en punto de la mañana, Kim y su equipo miraban fijamente la pantalla del teléfono de la inspectora. Nadie hablaba mientras observaban cómo se desarrollaba la conversación entre la presentador del estudio y el reportero itinerante.

Presentadora: Buenos días, Steve. Parece que tienes una noticia de gran alcance que compartir con nuestros espectadores esta mañana .

Ashworth: Así es, Jessica. En estos momentos me encuentro frente a la sede central de la policía de Kent, en Maidstone.

Presentadora: Oooh, qué zona tan bonita. ¿Estás de vacaciones?

Ashworth :Probablemente pronto, Jessica, pero estoy aquí para informar sobre un caso que llevo siguiendo desde hace unas semanas.

Kim se alejó del escritorio para mirar hacia la ventana. No le hacía falta ver al reportero de pie frente al edificio de la policía, siendo azotado por el viento. Solo necesitaba escuchar lo que el hombre iba a decir.

Presentadora: Cuéntanos, Steve.

Ashworth: Por fin puedo informar de que hace apenas una hora se ha descubierto la última rama de una red ilegal de boxeo a nivel nacional y se han producido detenciones.

—¡Sí! —gritó Stacey, levantando el puño en señal de victoria.

Kim oyó a Penn y Bryant chocar las manos al otro lado del escritorio.

Presentadora: ¿Boxeo ilegal?

Ashworth: Combates sin guantes en los que participaban niños de entre once y quince años. Todos los niños habían sido secuestrados y alejados de sus hogares y familias.

—¡Cabrones! —exclamó Bryant.

Presentadora: ¿De cuántos niños estamos hablando, Steve?

Ashworth: Con los cinco niños rescatados esta mañana, el total es de treinta y uno, todos ellos ya se han reunido con sus familias.

—Treinta y una familias recuperadas —dijo Penn, maravillado.

Ashworth: La Operación Joshua ha sido una operación de alta seguridad en la que han participado casi todas las fuerzas policiales del país.

Se ha hecho un gran esfuerzo para mantener en secreto toda la operación, de modo que las fuerzas combinadas del país pudieran atacar la infraestructura de la red clandestina y garantizar al mismo tiempo la seguridad de las víctimas.

Presentadora: Dios mío, Steve, vaya historia. ¿Sabes cuántas detenciones se han realizado?

—Sí, ¿cuántas, Steve? —gritó Stacey.

Ashworth: Por lo que tengo entendido, se ha detenido a veintidós personas por secuestro y a otras diecisiete por complicidad. La policía centrará ahora su atención en los espectadores de los eventos, y en breve se darán a conocer más detalles.

Presentadora: Hay mucho que analizar aquí, Steve. ¿Puedes contarnos cómo empezó todo esto?

—Nosotros podemos contártelo —se ofreció Penn.

Ashworth: La red clandestina de boxeo fue descubierta hace unas semanas por la inspectora Kim Stone, de la policía de West Midlands. Ella…

Kim no escuchó nada más, dejó el teléfono sobre la mesa y se dirigió al centro de operaciones. No necesitaba escuchar los detalles, porque ella había estado allí durante todo el proceso. Ya había oído lo que quería oír. Los chicos estaban a salvo, y eso era lo único que realmente le importaba.

Su equipo estaba disfrutando del triunfo, cosa que sin duda se merecía.

Bryant apareció junto al umbral de la puerta y se apoyó en el marco de la misma con las manos en los bolsillos mientras Penn y Stacey seguían interrumpiendo el informe de Ashworth con diversos comentarios.

Los espectadores no sabían que aquello solo había constituido la mitad del caso en el que habían trabajado.

La otra mitad, la que los había obligado a investigar a otros compañeros, les había afectado a todos, pero a nadie más que al hombre que tenía delante.

Un hombre que se había mostrado distante y preocupado desde su regreso del norte.

—¿Estás bien? —le preguntó Kim.

Por primera vez en semanas, vio una sonrisa abierta, honesta y verdadera en su rostro. Asintió hacia el reportaje que aún se estaba reproduciendo en el teléfono de la inspectora.

—Ahora sí, jefa. Ya sí.