1. TENGO QUE SER LA MEJOR
Elastic Heart — Sia
He sido la mejor de mi promoción de Derecho.
La mejor de mi promoción en el máster de abogacía.
La mejor de mi promoción en el máster de derecho penal.
Y, aún así, ningún bufete está dispuesto a contratarme por más de seiscientos dólares al mes.
Contrato en prácticas, lo llaman.
Yo lo llamo explotar laboralmente a una abogada durante dos años para luego echarla y contratar al siguiente pringado recién salido de la universidad.
Al menos, de momento puedo trabajar de oficio. Aunque es una auténtica mierda.
No me llaman para nada importante. Como mucho, para defender a algún ladrón de bolsos que le ha robado a una entrañable anciana o aun borracho que ha decidido conducir después de vaciar media botella de whisky.
Y cada vez que salgo de uno de esos juicios me hago la misma pregunta.
¿De verdad he estudiado tanto para esto?
No.
Yo estudié para convertirme en una de las mejores abogadas penalistas de Nueva York.
Como mi padre.
Me siento en el taburete de mi cocina comiendo un triste sándwich mientras veo las noticas.
Un asesino en serie que viola, mata y descuartiza a las mujeres sin ningún tipo de contemplación, para luego conseguir dejarlas, sin que nadie le vea entre las calles de Cortlandt Alley, Staple Street Skybridge y el último en Grace Court. Demasiado cerca de mi casa.
Eso me preocupa. Me provoca un escalofrío que recorre cada centímetro de mi piel.
Pero por suerte siempre llevo encima mi spray de pimienta y años de artes marciales a ms espaldas.
Nunca sabes cuándo vas a cruzarte con un hijo de puta.
Termino de cenar y me dirijo a la ducha para despejar mi cabeza después de la mierda de entrevista que he tenido esta mañana.
Salgo de la ducha a trompicones cuando escucho mi teléfono. Hoy estoy de guardia así que podría ser cualquier caso de mierda demandado por la policía.
—Hola cariño — saluda mi padre al otro lado del teléfono.
—Hola papá.
Solo escuchar su voz consigue relajarme un poco.
Al menos no tendré que salir corriendo en mitad de la noche.
—¿Qué tal la entrevista?.
—Un desastre…. Querían hacerme un contrato en prácticas por 600 dólares mensuales, ¡pero ojo! — Finjo emocionarme — con dietas aparte.
Él suelta una pequeña risa.
—Vaya todo un detallazo, ¿Por qué no trabajas conmigo?.
—Sabes que….
—Déjame terminar — me corta — Sabes perfectamente que conmigo estarías con un contrato en condiciones y con un buen sueldo, con buenos casos y sin las guardias que te comes sin parar. De verdad Rachel, no entiendo porqué sigues empeñada en complicarte la vida. En el bufete necesitamos a alguien.
—No mientas papá. No te hace falta nadie. Y no quiero ser la enchufada de la empresa de papá ni escuchar gilipolleces.
—Rachel….
—No, no sigas. Quiero labrarme mi futuro yo sola sin tu ayuda. Soy la mejor lo sé. Pero ya sabemos cómo funciona eso. No quiero que me reconozcan por el apellido Brown. Quiero que me reconozcan por lo buena abogada que soy.
El silencio que sigue dice mucho más que cualquier discusión.
Sé que le duele.
También sé que no lo entiende.
—Está bien, no insistiré — Me promete. — Pero sabes que las puertas están abiertas para ti.
—Lo sé… y gracias.
—Te quiero cariño.
Su tono cambia por completo.
Ya no habla el abogado.
Ahora habla mi padre.
—Y yo a ti papá. Voy a dejarte. Estoy de guardia y me gustaría irme a dormir pronto por si me llaman esta noche.
—Está bien hija, descansa. Por cierto, ¿has hablado con Christian?.
—Buenas noches papá.
Cuelgo el teléfono mentalmente derrotada, antes de la típica conversación no debería haber dejado a un hombre como ese, vuestros apellidos juntos serían imparables…
. Bla, bla, bla… una cosa es la ambición, y otra cosa la obsesión de Christian por tener mi apellido, y mi padre no entiende eso.
Él sólo piensa en los linajes entre familias de la Dinastía de la abogacía de Manhattan.
En el dinero que eso conlleva. Pero yo no quiero eso.
Cómo tampoco entiende que, tengo que crecer, que tengo que forjar mi propio camino en los tribunales.
Que si me uno a su bufete nadie me valorará por lo buena abogada que puedo llegar a ser.
Simplemente por ser la hija del jefe o la mujer de, y yo no quiero nada de eso, quiero ser la mejor sin llevar nada a mis espaldas que no sea yo misma.
Por un lado, le entiendo, desde que mi madre murió no ha hecho otra cosa que protegerme lo máximo que ha podido., rozando límites un poco extraños, incluso seguridad privada a veces. Nunca me ha dicho porque murió, y cuando se lo pregunto su única respuesta es que del pasado no se habla.
Pero bueno.
No le cabía el orgullo en el pecho cuando entré en la Facultad de Derecho de Columbia, ni cuando veía mis constantes matrículas de honor a lo largo de mi carrera.
Pero nunca entendió que mi futuro me lo tenía que labrar yo solita.
Termino de secarme el pelo y me voy a la cama agotada. Rezando porque no suene el teléfono esta noche ya que a duras penas podría defender algo yo hoy.