Capítulo 36
Nilo
El Territorio infernal responde al poder. Y a su descontrol.
Sus labios se deslizan por mi polla.
La engulle entera hasta tocar la garganta, provocándome mientras masajea mis bolas y ronronea, deleitada por el tamaño, por las venas que la recorren de arriba abajo.
Controlo la embestida, la fuerza con la que su boca me devora, empujando dentro de ella, gruñendo al tirar con fuerza de su cuero cabelludo.
Tengo ganas de gruñir, de follar su boca hasta que mi semen se deslice por sus labios. Pero también quiero correrme dentro de ella después de tanto tiempo, follar su coño apretado siendo el primero en su vida, incapaz de permitir que otro tipo tuviera lo que tanto deseo.
Empujo la cadera y Lyra se atraganta.
No me detengo.
Suelto su cabello y machaco su nuca, bombeando con urgencia en su boca; el placer me parte en dos mientras me contengo para no correrme, todavía no.
Ella suspira, los labios rodeando mi polla, bajando y subiendo, como terciopelo apoderándose del acero.
Mi puto cerebro se vuelve agua y mis dedos se tensan cuando se aparta y me mira, los labios húmedos de saliva. Mi polla, húmeda por ella.
La provocación latente me consume.
Manteniéndose a distancia, sigue mirándome en desafío, esperando que pida, que suplique.
Y joder, estoy más que dispuesto a hacerlo. A arrodillarme si ella quiere.
—Lyra… —Su nombre es una súplica, y ella lo entiende.
Con la lengua visible, recorre el glande… haciendo estallar mis terminaciones nerviosas, descargando tal carga sensorial al soplar y contrarrestar el calor con el frío que trago saliva y siento el pecho apretarse y la presión bajar al estómago, quemando de hielo todos mis órganos.
—¡Joder! —gruño.
Y ella entiende lo que quiero. Que continúe, que me haga arrastrarme por más de ese contacto, por más de su saliva. Lyra chupa con ímpetu, castigándome con la lengua mientras me rodea. Babea por toda la erección, mojándola para que deslice con más facilidad.
Suelto un sonido animal, lanzando la cabeza hacia atrás, machacando su boca.
Me concentro en la sensación de calor, de frío, en el interior aterciopelado entre sus labios, así como en el delicioso toque de su lengua explorando las venas, perdiéndose en sus protuberancias.
El tamaño de la polla hace difícil la mamada, pero ella se esfuerza por acomodarla entera, haciendo que el glande toque bien el fondo, dejándome desorientado.
Sus dedos masajean mis bolas y, si no estuviera ya en el infierno, sin duda acabaría aquí.
Mi piel arde.
Mi poder amenaza con tomar el control. El plateado espirala a nuestro alrededor, una niebla que se funde con cada mueble, transformando el espacio, manipulándonos con codicia en busca de su propio clímax.
Mío.
De ella.
Nuestro.
Y todo porque apenas soy capaz de pensar mientras frota los labios, follando mi conciencia, mojando toda la rigidez mientras emite sonidos bajos y placenteros.
Lyra se ahoga y, en cuanto libera mi polla, respiro jadeante, intentando controlar el fuego peligroso que se alza.
Sabiendo que voy a fallar; siempre fallo cuando se trata de ella.
Bajo la mirada y el brillo flamígero y provocador que danza en sus esferas ahora doradas me transforma en un loco ansioso.
—Eres enorme, me encanta.
Sonrío triunfante.
Ni siquiera si quisiera hablar podría.
Sus ojos se vuelven audaces, curiosos y afilados, observando el poder que se forma a nuestro alrededor, escapando con el descontrol.
Bajo la cabeza de Lyra una vez más y veo mi polla desaparecer entre sus labios, poco a poco, causándome un huracán de sensaciones antaño dormidas.
Esta vez no cierro los ojos. Admiro su boca. Provocando. Chupando hasta meterla entera y bien profundo. Mantengo mi polla ahí, revirando los ojos al sentir su lengua explorarme, mientras ella gime con el sabor del preseminal.
Joder.
Solo…
Empiezo a bombear y Lyra me recibe sin quejas, chupando en la ida y en la vuelta, haciéndome ver estrellas en una oscuridad que no fue hecha para su brillo.
Mi poder, ya descontrolado, se vuelve una amenaza que no me importa, mientras siento nuestros cuerpos viajar entre espacios, cambiando de lugar por la locura que se apodera de mi cerebro.
Quemo el resto de nuestra ropa.
Y ella no se asusta por el hecho de estar ahora completamente desnuda, antes de que la jale con brusquedad y la coloque encima de mí.
Estamos en la cama. Estamos en el suelo. Estamos en la hierba. Estamos en medio del fuego más burbujeante que existe.
Estamos en todos los lugares.
Lyra no percibe lo que sucede, que, al igual que yo, ha perdido el control de todo, y seguimos perdiéndonos y encontrándonos en tiempos y lugares distintos.
Nuestras capacidades están más allá de la comprensión de cualquier ser vivo y, cuando nos unimos, cuando cedemos, crecen y nos convierten en marionetas.
Ella frota el centro de su deseo contra mi erección y lo mojada que está, goteando excitación, me vuelve loco. Quiero follarla hasta que toda su alma se me entregue. Quiero tantas cosas que resulta difícil razonar.
—Nilo…
Sus susurros, sus gemidos, sus ruegos, me llevan al éxtasis, al mismo tiempo que la verdad me hace titubear.
Es su primera vez.
En la Tierra no estuvo con nadie, por más que tenga recuerdos de ello. Y la culpa es mía y de esta obsesión de que nadie la tocara.
¿Cómo explicarlo?
¿Cómo aclarar que mi egoísmo la privó de vivir?
—Lyra…
Ella cubre mi boca con el índice y se balancea, sin que haya penetración. Muerdo mi lengua y trato de mantenerme firme, sabiendo que fallaré, ya que la orquesta dentro de mí solo responde a los comandos de un maestro. Ella.
—No digas nada que no deba decirse ahora.
Pero esto debe decirse.
Puede doler, puede despertar su odio.
Lyra, en esta vida, aún es virgen. No tiene idea de cómo su cuerpo encajará con el mío, de cómo la penetraré y le robaré todo el oxígeno.
Y para la primera vez será muy incómodo para ella.
Por todo y, sobre todo, por el hambre urgente que corre por mis venas y que sin duda me hará cruzar la línea entre lo tranquilo y lo brutal muy rápido.
O puedo intentar tener cuidado.
Sin saber si lo lograré.
Hace tanto, tanto tiempo.
—Es algo importante.
Me convenzo de que es necesario contarlo, sufriendo variaciones de pensamiento mientras ella se frota contra mí y la cabeza de mi polla casi entra.
—¿Cuánto?
—Mucho, Lyra.
Mucho, Reggie.
—Por favor, solo te quiero a ti.
La excitación en cada palabra, su ruego, me hace retroceder y optar por guardarle otro secreto esta noche.
Y por ser un idiota obsesivo, un maníaco adicto a ella, no lo cuento.
No abro la boca para ser honesto, porque la verdad es que tengo miedo de hablar y que ella se eche atrás, negándome algo que nuestros cuerpos desean tanto.
Lyra puede descubrirlo después; prometo que seré cuidadoso.
Y no dolerá mucho tiempo, solo unos segundos.
Pocos instantes que pronto desaparecerán.
Ella guía mi polla y comienza a hundirse, privándome de todo, esparciendo la locura por mi visión, haciéndome morder el labio inferior con tanta fuerza que me hago una herida. Se inclina y, así como no nos importa compartir su sangre, ella succiona la mía; el sabor terroso provoca espasmos.
—¡Eres mía! —vocifero al separar nuestros labios.
Penetrando despacio hasta sentir que se acostumbra al tamaño.
Centímetro a centímetro.
Me hundo en el coño apretado y lubricado, controlando la respiración, reteniendo el oxígeno en el fondo del pecho, mientras ese poder insano se retuerce en busca de liberación.
—¡Ay!
Suspira, después de dejar escapar el lamento.
Con preocupación, empiezo a sacarla, pero Lyra me detiene, mirándome con una expresión de «no te atreverías».
—No quiero hacerte daño.
—Y yo no te lo pregunté. Además, te gusta hacer daño a todo el mundo. —Su tono indica que no en sentido sexual, menos mal.— No necesitas tratarme como una excepción.
Tú eres el diablo.
Ella lo oculta.
Y ambos sabemos qué debe rondar por su mente.
¿Un tipo de fascinación por lo prohibido? ¿Por lo lamentable y sus consecuencias?
Si ella supiera.
Si tuviera la maldita noción de todo…
—Será mejor que… —Mantengo la distancia ínfima, la excitación disipándose lentamente, como si no quisiera irse.
—Nada de eso.
Lyra me jala y, en un giro descuidado, me coloca encima de ella, nuestras intimidades aún unidas, el recorrido casi completo.
Sigo en silencio.
La situación es complicada, porque todo mi poder clama por la salvajidad. Y aún no sé si puedo controlarme; ni siquiera sé si ella percibió que durante la mamada salimos de esta habitación y de esta cama y recorrimos lugares lejanos.
—Si soy tuya, deberías seguir adelante, sin arrepentimientos.
Ella me desafía y la bestia toma el control, acorralándome, dejando atrás la vacilación, junto con la parte que, por involucrarse tanto con la humanidad, cree aún poseer un vestigio de ella.
No existe.
No cuando se trata de lo primitivo, del deseo abrasador.
Vuelvo a hundirme un poco más, ahora sobre ella, mi peso presionando su abdomen, nuestras miradas perdiéndose en la jaula de una represa ardiente.
El líquido en nuestros cuerpos fluye por pura gravedad, porque en determinado momento, la forma en que Lyra me mira, como si supiera, como si tuviera la certeza profunda de todo, me parte en dos al mismo tiempo que me congela.
—¿De verdad sabes lo que está a punto de suceder?
—No lo diría si no lo supiera.
Y a partir de ahí, es caos.
Es hambre.
Es necesidad.
Es placer.
Es gutural.
Y la primera embestida completa… la primera vez que me hundo en ella en esta vida es el paraíso. El verdadero cielo. Y nadie, salvo yo, lo sabrá jamás. Jamás sabrá cuán glorioso es tener a esta mujer.