Impensable (Amar a un cowboy 2)
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Prólogo
—¡No pienso vivir en el mismo pueblo que esa mujer! ¡O se marcha, o te marchas tú! Puedo soportar una infidelidad, pero no verla todos los días.
Ivar miró a su mujer, Azar. Sabía que le había fallado: una noche de fiesta se había cargado todo. Se había liado con la hija del dueño del rancho Landry. Las cosas no iban bien en su matrimonio y ella lo había escuchado. Se sintió deseado y no lo pensó.
Lo que no esperaba era que una noche que ansiaba olvidar trajera como consecuencia una nueva hija.
—Está embarazada, de una niña que será hermana de Tara. Y su padre la ha echado de casa por estar embarazada sin estar casada. La ha desheredado.
—Me da igual, no tengo nada que ver con esa niña. Si quiere ver a su hermana, que la vea…, pero ella, fuera. Llévalas a la ciudad. Ayúdala a buscar trabajo, lo que sea, pero lejos de mi vista.
Tara, de doce años, miraba a sus padres discutir desde la puerta. Nunca habían discutido por nada. Y ahora su matrimonio estaba cogido con pinzas.
—Todo irá bien —prometió el hombre a su hija.
Luego fue a ver a la otra mujer y le prometió mantenerlas a ella y a su futura hija si se iban. No podía hacer más daño a su mujer. Aunque supusiera condenar a una niña pequeña a vivir lejos de todo. Intentaría ser el mejor padre que pudiera.
***
En la actualidad
—Tu hermana Tara no va a estar este verano en el pueblo. —Meissa acababa de llegar al pueblo de su padre. Tras años estudiando fuera, quería pasar tiempo allí, con su padre y su hermana. Necesitaba pensar en su futuro tras un duro batacazo que la había puesto en jaque.
Además, ese lugar era también parte de ella. Era una Landry. Su padre la aceptaba como hija, pero nunca le había dado su apellido. Llevaba el de su madre. Landry.
Meissa miró a su padre y a la mujer de este. Aunque al principio le había costado aceptar a la pequeña, al final se encariñó con ella. No eran malas personas.
—¿Y se ha llevado a Robin?
—No —respondió su padre—, ahora parece que no solo le sobraba el marido, sino también el hijo. Lo cuida Lars todo el verano. Y busca niñera, podrías ofrecerte.
Meissa recordaba a Lars de cuando su hermana se casó con él, hacía ya muchos años.
Ella era solo una cría, pero se fijó en lo atractivo que era su cuñado.
Lars le sonrió al convertirse en familia y le tendió un ramo de flores.
No lo había vuelto a ver desde entonces.
Tara era muy celosa con su marido. Y Lars siempre estaba trabajando.
Veía a su sobrino cuando Tara se lo llevaba, pero desde que se separó de Lars, hacía dos veranos, no veía casi a Robin y lo echaba de menos.
Por eso había decidido ir a pasar el verano al pueblo de su padre y pensar allí qué hacer con su vida.
No estaba pasando por su mejor momento.
—Mira, lo llamo y hablo con él, qué mejor que su tía para cuidar a Robin. —Su padre le acarició la cabeza morena.
Tras hablar con Lars, lo convenció de que ella se instalara con él todo el verano para cuidar al niño.
—¿Y no crees que es demasiado?
—Ha tenido un sinfín de niñeras desde que se separaron. Todas quieren acostarse con él y las echa, pero eso no pasará contigo, eres su…, bueno, la tía de Robin.
—Y así trabajas y no estás todo el día sin hacer nada —matizó Azar.
Visto así, era justo lo que necesitaba y así podría pasar tiempo con el pequeño.
¿Qué podía salir mal? Al fin, tal vez la vida le daba algo de paz.
Meissa necesitaba un nuevo comienzo y el destino se lo había puesto delante.