CAPÍTULO 50 #3
—Una vida en la que dejar de pensar solo en mañana y empezar a pensar en dentro de diez años no diera miedo. Acostumbrarme a pensar en un futuro contigo dejó de darme vértigo hace bastante tiempo.
Claudia sintió un nudo en la garganta. Alex nunca había necesitado hacer grandes promesas. Le bastaba con hablar de mañana como si los dos fueran a estar allí, compartiendo la misma vida. Claudia dejó la cerveza a un lado y entrelazó sus dedos con los de él.
— ¿Sabes una cosa?
— ¿Qué?
—Hace un año, si alguien me hubiera preguntado cómo imaginaba mi vida dentro de cinco años, me habría quedado completamente en blanco. Ni siquiera era capaz de pensar en la semana siguiente sin creer que algo volvería a salir mal.
Alex dejó la botella a un lado mientras la escuchaba.
—Vivías esperando el siguiente golpe. Como si hacer planes fuera una manera de desafiar a la suerte.
—Supongo que, después de perder tantas cosas, terminé convenciéndome de que era más fácil no esperar nada. Pensaba que así dolería menos.
—Y al final descubriste que tampoco era verdad.
Ella sonrió con una sinceridad que hacía un año le habría resultado imposible.
—No. Porque mientras intentaba protegerme... también me estaba perdiendo la vida.
Durante unos instantes ninguno habló... Desde el jardín seguían llegando las risas. Daniela discutía con varios compañeros, empeñada en convencerlos de que la carne se había quemado porque nadie le había hecho caso cuando dijo que había que darle la vuelta. Claudia negó divertida.
—No va a reconocerlo jamás.
—Ni falta que hace.
Alex siguió observando el jardín unos segundos antes de volver la vista hacia ella.
— ¿Sabes qué es lo que más me gusta de hoy?
— ¿Qué?
—Que no has hablado ni una sola vez del siguiente caso.
Claudia soltó una pequeña risa.
—No me lo había planteado.
—Ya lo sé.
— ¿Y eso te sorprende?
—No. Me tranquiliza.
Ella lo miró con curiosidad.
— ¿Por qué?
—Porque durante mucho tiempo pensé que, si algún día terminábamos resolviendo todo aquello, no sabrías qué hacer con el resto de tu vida.
Claudia guardó silencio un instante, sosteniendo su mirada antes de responder:—Yo también tenía ese miedo—Respiró hondo antes de continuar—Y resulta que la vida seguía aquí esperándome.
—Lleva un año demostrándotelo.
—Gracias.
—Empiezo a sospechar que hoy me vas a dar las gracias unas veinte veces.
—Puede ser.
—Entonces tendré derecho a saber por qué son las otras diecinueve.
Claudia mantuvo los ojos fijos en él, con una honestidad desarmante: —Porque nunca intentaste decidir por mí.
Él permaneció unos segundos en silencio, como si buscara el sentido de aquellas palabras.
—Explícate jefa.
—Habría sido muy fácil decirme lo que tenía que hacer, apartarme del caso o intentar evitarme algunas respuestas para que no sufriera. Pero nunca lo hiciste. Te quedaste a mi lado incluso cuando sabías que había cosas que solo podía descubrir yo y que, tarde o temprano, iban a hacerme daño.
Alex dejó escapar el aire lentamente antes de responder.
—Nunca se me ocurrió hacerlo de otra manera.
—Lo sé. Y precisamente por eso estoy aquí. Porque nunca caminaste por mí... simplemente caminaste conmigo.
No respondió enseguida. Sonrió para sí, acercó despacio la mano y la envolvió con la de Claudia, como llevaba haciendo desde hacía un año cada vez que las palabras se quedaban cortas.
—Nunca habría podido hacerlo por ti.
—Lo sé.
Claudia entrelazó los dedos con los suyos mientras contemplaba la piscina a lo lejos.
—Y creo que esa ha sido la mayor prueba de amor que nadie me ha dado nunca.
Alex sonrió con esa mezcla de pudor y humor que siempre aparecía cuando una conversación se volvía demasiado seria.
—Bueno... tampoco te acostumbres.
Claudia lo miró divertida y negó entre risas.
—Hay un momento precioso y tú consigues estropearlo en menos de diez segundos. Y usando mi frase estrella.
Alex sonrió con esa expresión de falsa inocencia que ella conocía demasiado bien.
—Es una cuestión de equilibrio. Si nos ponemos demasiado románticos, dejaríamos de parecernos a nosotros—Se inclinó un poco hacia ella para hablar en voz más baja, como si estuviera compartiendo un secreto—Estoy calculando cuánto tardarán todos esos en irse.
Claudia lo miró sin entender.
— ¿Y para qué? Si se puede saber.
Alex señaló el agua con un ligero movimiento de cabeza.
—Porque llevo todo el día pensando que, cuando nos quedemos solos, podríamos estrenarla como es debido.
Claudia lo miró durante unos segundos, incapaz de contener la sonrisa que empezaba a dibujarse en su rostro.
—Tengo curiosidad... ¿qué significa exactamente "como es debido"?
—Sin testigos…
Claudia volvió la cabeza hacia él con una sonrisa divertida.
— ¿Te das cuenta de que llevas diez segundos hablando y ya me estás metiendo en un lío?
—Eso significa que sigo conservando mis habilidades.
—No sé si llamarlo habilidad o mala influencia.
—Depende de cómo acabe la noche.
Claudia fingió reflexionar unos segundos mientras daba otro sorbo a la cerveza.
—La inspectora jefe tendría que estudiar detenidamente los riesgos de esa propuesta.
Alex acercó un poco más su botella a la de ella.
—Entonces espero que, por una vez, la inspectora jefe deje descansar a la policía... y haga caso a su novio.
Claudia chocó suavemente la cerveza contra la suya.
—Puede que, solo por esta noche... haga una excepción.
El cristal tintineó con suavidad. Frente a ellos, el agua permanecía completamente en calma. A su espalda seguían sonando las risas, la música y las voces de quienes, sin saberlo, también habían formado parte del camino que los había llevado hasta allí.
Claudia apoyó despacio la cabeza sobre el hombro de Alex. Ya no sentía la necesidad de correr. Ni de mirar atrás. Ni de preguntarse qué habría pasado si las cosas hubieran sido distintas.
Había pasado demasiados años intentando cambiar un día que nunca podría repetirse. Ahora, por fin, estaba preparada para vivir todos los que aún le quedaban.
FIN.