CAPÍTULO 47 #5
—Ahora ya es tarde para plantearse eso.
—No estoy diciendo que me arrepienta—replicó Rubén con un tono más tenso—pero esto no tenía por qué acabar así.
—Acabó así porque ella no supo detenerse.
Rubén guardó silencio unos segundos antes de volver a hablar.
—Claudia nunca debió verse envuelta en todo esto.
Gabriel lo observó sin alterar la expresión.
—La inspectora tomó sus propias decisiones. Sabía que estaba cruzando una línea... y decidió seguir adelante.
Alex cerró los ojos apenas unos segundos para intentar no perder el control. Aquella conversación terminaba de confirmar todo lo que llevaba horas sospechando. Ya no necesitaba seguir escuchando para saber que Claudia estaba allí y que cada minuto jugaba en su contra.
Aun así, se obligó a mantener la cabeza fría. Se incorporó con cuidado y buscó otra abertura desde la que pudiera ver el interior del cobertizo sin ser descubierto. Cuando por fin encontró un pequeño hueco entre las tablas, sintió que el estómago se le encogía.
Daniela también se encontraba ahí atada a una silla, completamente paralizada por el miedo.
A pocos metros de ella estaba Claudia, con las manos sujetas a la espalda y el cuerpo desplomado sobre el suelo.
Un hilo de sangre descendía desde la sien y se extendía lentamente sobre el cemento, mientras varios mechones de pelo le ocultaban parte del rostro.
Durante un instante estuvo a punto de irrumpir en el cobertizo sin pensárselo dos veces, pero consiguió contener el impulso. Antes necesitaba una última comprobación. Echó un rápido vistazo a su alrededor. Los refuerzos todavía no habían llegado.
Sacó el móvil y envió la ubicación exacta.
«Entrad ya.»
Guardó el teléfono y comprobó el cargador de su arma por última vez. No podía esperar más. Respiró hondo una sola vez y empujó la puerta con todas sus fuerzas.
— ¡Policía! ¡Que nadie se mueva!
El estruendo hizo que todos se volvieran al mismo tiempo. Gabriel reaccionó con una rapidez sorprendente. Levantó el arma y buscó cobertura casi por instinto, mientras Rubén permanecía inmóvil, sin hacer el menor intento por escapar.
— ¡Suelta el arma! —ordenó Alex sin dejar de apuntarle.
Durante una fracción de segundo el tiempo pareció detenerse. Nadie se movió. Entonces sonó el primer disparo. El ruido rebotó contra las paredes del cobertizo justo cuando la puerta volvía a abrirse de golpe y los refuerzos irrumpían en el interior.
— ¡Policía! ¡Al suelo!
Los refuerzos irrumpieron desde distintos puntos casi al mismo tiempo. Gabriel comprendió al instante que ya no tenía escapatoria.
Aun así, retrocedió un paso sin bajar el arma, buscando desesperadamente una salida que ya no existía.
Antes de que pudiera reaccionar, dos agentes se abalanzaron sobre él y lo derribaron contra el suelo.
El arma salió despedida varios metros, resbalando sobre el cemento hasta detenerse junto a una de las paredes.
Rubén, en cambio, permaneció donde estaba. Ni intentó huir ni ofreció resistencia cuando los agentes se acercaron para ponerle las esposas. Uno de ellos, incapaz de contener la indignación, murmuró entre dientes...
—Jamás pensé que acabaríamos poniéndote las esposas a ti.
Rubén permaneció inmóvil mientras los agentes terminaban de esposarlo. No protestó, no intentó justificarse y tampoco levantó la vista.
Alex ya no prestaba atención a nada de lo que ocurría a su alrededor.
En cuanto se aseguró de que Gabriel estaba reducido y que los policías tenían la situación bajo control, guardó el arma y corrió hacia Claudia.
Se arrodilló junto a ella con una mezcla de urgencia y miedo, apartándole con cuidado el pelo empapado de sangre para localizar la herida.
—Claudia... mírame.
Ella permaneció inmóvil.
Alex deslizó los dedos hasta su cuello buscando el pulso con una urgencia que apenas conseguía disimular.
Durante unos segundos el mundo pareció detenerse.
Entonces lo sintió. Era débil, pero seguía ahí.
El nudo que le oprimía el pecho aflojó apenas un instante mientras dejaba escapar el aire lentamente, consciente de que todavía no estaba fuera de peligro... pero seguía viva.
—Ya está... Ya estoy aquí.
Le sujetó la cabeza con el mayor cuidado posible mientras alzaba la voz sin apartar la vista de ella.
— ¡Necesitamos una ambulancia inmediatamente!
—Ya avisamos en cuanto mandaste la ubicación, viene de camino—Dijo uno de los agentes.
A su alrededor, el cobertizo se llenó de agentes dando órdenes mientras las sirenas se escuchaban cada vez más cerca.
— ¡Daniela está viva! ¡Sacadla de ahí con cuidado! —gritó uno de los policías mientras otro se apresuraba a desatar a Daniela.
Ella rompió a llorar en cuanto sintió que las cuerdas cedían alrededor de sus muñecas.
Alex apenas llegó a oírlo. Todo lo demás se había desdibujado a su alrededor. Solo tenía ojos para Claudia. Sin soltarle la mano, inclinó la cabeza hasta quedar muy cerca de ella y dejó escapar un susurro que apenas era audible.
—Te prometí que no ibas a enfrentarte a esto sola. Y pienso cumplirlo.