Ignorada CAPÍTULO 43
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CAPÍTULO 43

Claudia cruzó la puerta de comisaría sin detenerse siquiera a quitarse la chaqueta.

Avanzaba con decisión por el pasillo, todavía con la sensación de que la amenaza encontrada en su casa seguía pesándole sobre los hombros.

Después de lo ocurrido la noche anterior, ya no estaba dispuesta a dar un paso atrás.

Alex caminaba a su lado en silencio. No necesitaba preguntarle qué pasaba por su cabeza.

La conocía lo suficiente para saber que había tomado una decisión antes incluso de llegar allí y que, una vez entraran en el despacho de Rubén, no pensaba dejar ninguna pregunta sin respuesta.

Claudia llamó una sola vez antes de abrir.

—Necesitamos hablar contigo.

Rubén levantó la vista de los documentos que tenía sobre la mesa y, al ver la expresión de ambos, comprendió al instante que no se trataba de una visita rutinaria. Apartó la carpeta sin perder tiempo.

— ¿Ha pasado algo?

Sin responder de inmediato, Claudia dejó el sobre sobre la mesa y lo empujó suavemente hacia él.

—Anoche alguien entró en mi casa.

Rubén levantó la vista del sobre y buscó los ojos de Claudia, incapaz de ocultar la sorpresa.

— ¿Estás diciendo que alguien se coló en tu piso?

Antes de que Claudia respondiera, Alex tomó la palabra.

—Cuando regresamos encontramos la puerta entreabierta. No habían forzado la cerradura, pero era evidente que alguien había estado dentro. Habían movido varias cosas y dejaron ese sobre en mitad del salón para asegurarse de que lo viéramos nada más entrar.

Rubén observó el sobre durante unos segundos antes de cogerlo con cuidado.

— ¿Habéis llegado a tocarlo?

—Solo después de ponernos guantes.

Un leve gesto de aprobación cruzó el rostro de Rubén.

—Habéis hecho lo correcto.

Claudia se inclinó hacia la mesa, decidida a no dejar ningún cabo suelto.

—Quiero que Científica lo revise a fondo. Huellas, fibras, ADN... cualquier cosa que pueda relacionarlo con quien entró en mi casa. Me da igual si encuentran una huella, una fibra o una simple partícula de polvo. Cualquier detalle puede ser importante.

Rubén comprendió que no iba a conseguir tranquilizarla con una respuesta a medias.

—La mandaré al laboratorio en cuanto terminemos de hablar.

Ella aprovechó el momento para plantear la siguiente duda.

— ¿Y la caja? La dejamos en Científica junto con las notas anoche.

Rubén comprendió enseguida a qué se refería.

—La revisaron.

Claudia permaneció unos instantes en silencio, esperando a que Rubén ampliara la información. Al comprobar que no iba a hacerlo, formuló ella misma la pregunta.

— ¿Encontraron algo?

—Nada que pudiera ayudarnos. Las únicas huellas identificables eran las tuyas.

Alex retomó el hilo de la conversación sin dejar que el silencio se instalara entre los tres.

— ¿Y en las notas?

—El informe dice exactamente lo mismo. No había ningún rastro que permitiera identificar a quien la manipuló.

Claudia y Alex intercambiaron una breve mirada. Ya no quedaban muchas dudas. Todo apuntaba a la misma conclusión: quien estaba detrás de aquellas amenazas sabía perfectamente cómo moverse sin dejar una sola pista.

—Entonces no estamos delante de alguien que simplemente tenga cuidado. Sabe exactamente qué hacer para no dejar rastro.

Rubén permaneció unos segundos pensativos antes de responder.

—Eso parece.

Su tono era el mismo de siempre, pero había algo en su expresión que Alex no terminó de interpretar. Rubén desvió entonces la mirada hacia él.

—Alex, ¿te importaría dejarnos un momento a solas?

Aquello lo desconcertó. Miró a Rubén con extrañeza, intentando averiguar por qué insistía en hablar con Claudia sin él delante.

— ¿Hay algún problema? Parece que esto se va a convertir en costumbre.

—Ninguno. Solo quiero comentar una cosa con ella.

Claudia intervino antes de que la situación se tensara.

—Está bien.

Alex no parecía convencido, pero terminó aceptándolo.

—Estaré fuera. Si me necesitáis, solo tenéis que avisarme.

Salió del despacho cerrando la puerta con suavidad.  En cuanto se quedaron solos, el ambiente cambió de forma casi imperceptible. Rubén rodeó la mesa sin prisas y terminó apoyándose en uno de los extremos, reduciendo la distancia que los separaba.

—Esto está empezando a ir demasiado lejos, Claudia.

Ella no apartó la vista de él.

—Créeme, soy la primera en saberlo.

Rubén permaneció unos instantes en silencio antes de negar con calma.

—No. Creo que todavía no eres consciente de hasta qué punto ha cambiado la situación.

Claudia esperó a que continuara.

—Primero apareció la caja delante de tu puerta.

Después alguien entró en tu casa, recorrió cada habitación con absoluta tranquilidad y dejó una amenaza donde sabía que la encontrarías.

Todo eso ha ocurrido en muy pocos días—Se detuvo un instante antes de añadir, con un tono mucho más medido: — ¿No te resulta extraño?

Rubén dejó que la pregunta quedara unos instantes en el aire antes de continuar.

—Llevo toda la mañana dándole vueltas a una idea y, cuanto más la analizo, menos consigo quitármela de la cabeza.

Claudia esperó, consciente de que no se trataba de una simple reflexión.

—Todo empezó a cambiar cuando Alex apareció en la investigación.

Hasta ese momento el asesino había actuado con calma, sin exponerse más de lo necesario.

Sin embargo, desde que él se incorporó al caso, todo ha ido acelerándose.

Primero la caja, después la amenaza en tu casa...

Cada movimiento ha sido más personal que el anterior.

—Todo eso solo significa que estamos empezando a acercarnos a él.

Rubén escuchó la respuesta sin interrumpirla, aunque algo en su expresión dejaba claro que no compartía aquella conclusión.

— ¿Y si resulta que estás interpretando las cosas justo como alguien quiere que las intérpretes?—Claudia no respondió enseguida. Esperó a que continuara—Porque también existe otra posibilidad.

—Habla, Rubén. Te escucho.

—Alex llega a Barcelona, entra directamente en una investigación especialmente delicada y, casi desde el primer momento, el asesino empieza a reaccionar de una forma que nunca había hecho antes.

Rubén escogía cada palabra con cuidado, sin presionarla ni imponer ninguna conclusión. Se limitaba a sembrar una duda... confiando en que fuera ella quien la hiciera crecer.

— ¿Qué quieres decir exactamente?

Rubén no respondió de inmediato. Caminó despacio hasta la ventana antes de volver a hablar.

—Que quizá merezca la pena preguntarse si todo eso es realmente una casualidad.

Claudia dejó escapar una sonrisa incrédula.

— ¿Estás insinuando que Alex tiene algo que ver con las amenazas?

—Estoy diciendo que en nuestro trabajo desconfiamos de cualquiera hasta que los hechos demuestran lo contrario.

—También de los compañeros.

—Sobre todo de los compañeros.

Aquella respuesta hizo que Claudia negara despacio con la cabeza.

—No. Eso no encaja con él.

Rubén volvió a acercarse.

— ¿Porque lo conoces... o porque quieres creer que lo conoces?

Claudia no respondió de inmediato. Las imágenes de las últimas horas fueron sucediéndose en su cabeza casi sin darse cuenta: Alex preparándole un baño para que pudiera desconectar, la cena, el paseo por Barcelona, la forma en que se había colocado delante de ella al encontrar la puerta del piso entreabierta o el cuidado con el que evitó tocar el sobre hasta ponerse los guantes.

Pero, por encima de todo, recordó algo mucho más importante: en ningún momento había intentado decirle cómo debía sentirse ni había dejado de permanecer a su lado cuando más lo necesitaba.

Cuando volvió a hablar, lo hizo con una seguridad que ni ella misma había sentido hasta ese instante.

—Porque he visto cómo actúa cuando nadie intenta impresionarlo. Y alguien capaz de hacer todo eso por mí no es la persona que ha entrado en mi casa para amenazarme.

Rubén la observó durante unos segundos.

—Los asesinos más inteligentes saben interpretar muy bien un papel.

Claudia dejó escapar una pequeña risa, aunque esta vez no tenía nada de divertida.

—Y los manipuladores también saben sembrar dudas cuando les conviene.

Por primera vez, Rubén no encontró una respuesta inmediata. Claudia ya había llegado a la puerta cuando decidió girarse una última vez.

—Llevo demasiados años trabajando contigo para saber cuándo una intuición merece la pena...

y cuándo solo consigue hacernos perder el tiempo.

Alex no es el problema. Si de verdad quieres ayudarme, céntrate en quien está dejando amenazas en mi casa...

no en quien lleva días intentando evitar que me enfrente sola a todo esto.

Rubén no respondió, la observó en silencio.

—Ten cuidado, Claudia.

Ella sostuvo su mirada apenas un instante.

—Lo tengo. Precisamente por eso sé de quién no voy a desconfiar.

Cerró la puerta tras de sí.  Alex estaba esperando junto a la puerta. En cuanto Claudia apareció, buscó una respuesta en su expresión antes incluso de hacer la pregunta.

— ¿Qué quería Rubén?

Ella empezó a caminar por el pasillo y él la siguió sin insistir.

—Quería que empezara a desconfiar de ti.

Alex soltó una breve risa de incredulidad.

—Eso sí que no me lo veía venir.

—Dice que todo se ha complicado desde que llegaste al caso. Para él hay demasiadas casualidades.

Alex negó despacio, todavía sorprendido.

— ¿Y tú?

— ¿Yo qué?

— ¿Qué le respondiste?

Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Claudia mientras seguían caminando.

—Que estaba perdiendo el tiempo.

Alex entendió que aquella conversación había reforzado algo mucho más importante que cualquier teoría sobre el caso. La confianza entre los dos ya no dependía únicamente de lo que sentían. Había superado su primera prueba de verdad. Y eso era precisamente lo que el asesino nunca había previsto.

CAPÍTULO 43

Bajaron las escaleras de comisaría sin volver a sacar el tema. La conversación con Rubén había quedado atrás, pero no sus palabras.