CAPÍTULO 35
La comisaría llevaba ya un buen rato en plena actividad cuando Claudia y Alex cruzaron la puerta principal.
El sonido de los teléfonos, el ir y venir de los agentes por los pasillos y las conversaciones que se mezclaban en cada despacho componían ese caos organizado que ambos conocían de memoria.
Sin embargo, aquella mañana había algo diferente entre ellos.
No hacía falta que ninguno dijera nada para notarlo.
Bastaba con la forma en que caminaban uno junto al otro o con las miradas que, casi sin darse cuenta, seguían buscándose a cada momento.
Alex caminaba a su lado con una sonrisa que no conseguía disimular. La observó unos segundos antes de hablar, como si acabara de reparar en un detalle que le hacía especial gracia.
— ¿Puedo darte un consejo?
Claudia se volvió hacia él esperando escuchar alguna de sus tonterías.
—Me preocupa que empieces la mañana dando consejos. Normalmente eso significa que estás a punto de decir alguna tontería.
—Puede ser... pero escucha primero.
Ella suspiró con resignación fingida.
—Venga, sorpréndeme.
Alex aprovechó que caminaban solos por aquel tramo del pasillo para acercarse un poco más.
—Procura no sonreír demasiado cuando estemos por aquí.
Claudia lo miró con una mezcla de curiosidad y desconcierto.
— ¿Y ahora qué se supone que significa eso?
Él señaló discretamente a un grupo de agentes que conversaban al fondo del pasillo.
—Llevas años entrando en esta comisaría con la misma expresión seria y de pocos amigos. Si de repente apareces sonriendo, antes de la hora del café medio edificio habrá llegado a la conclusión de que algo importante ha cambiado.
Aquello consiguió arrancarle una risa mucho más espontánea.
—Menos mal que casi nunca sonrío.
—Precisamente por eso. Cuando ocurre, resulta imposible que pase desapercibido.
Claudia negó divertida mientras retomaban el paso.
—Empiezas a conocerme demasiado bien.
La sonrisa de Alex se hizo todavía más amplia.
—Ese era exactamente mi objetivo.
Antes de que pudiera responder, la voz de Rubén llegó desde el fondo del pasillo.
—Buenos días.
Los dos levantaron la vista al mismo tiempo.
Rubén permanecía apoyado en la puerta de su despacho, observándolos con la serenidad de siempre.
Tenía esa capacidad de analizarlo todo sin que pareciera que estuviera prestando atención a nada, una cualidad que Claudia siempre había admirado…
y que últimamente empezaba a incomodarla.
—Buenos días—respondió ella.
—Buenos días, jefe—añadió Alex.
Rubén hizo un leve gesto con la cabeza.
—Entrad un momento.
Los tres pasaron al despacho. Rubén cerró la puerta con tranquilidad antes de regresar a su mesa. No habló enseguida. Se tomó unos segundos para ordenar varios documentos mientras ellos permanecían frente a él, esperando.
—Contadme cómo va todo.
Claudia fue la primera en responder.
—Hemos seguido revisando lo relacionado con Paula y creemos que las noches que pasaba fuera de casa son mucho más importantes de lo que parecían al principio. Todo apunta a que hay alguien que todavía no ha aparecido en ninguna declaración.
Rubén escuchó muy atento sin interrumpirla.
— ¿Tenéis alguna identidad?
—Todavía no. Solo sabemos que Paula desaparecía durante uno o dos días con bastante frecuencia y que nadie parece dispuesto a explicar con quién estaba realmente.
Rubén apoyó despacio el bolígrafo sobre la mesa.
—Eso cambia bastante las cosas.
—También lo creemos nosotros—respondió Alex—Hasta ahora buscábamos respuestas entre las personas que ya conocíamos, pero empieza a dar la impresión de que hay alguien moviéndose alrededor del caso sin que nadie lo mencione.
—Tiene sentido. A veces las personas más importantes en una investigación son precisamente las que nadie recuerda nombrar.
Durante unos segundos guardó silencio. Su mirada pasó de Claudia a Alex y volvió de nuevo a Claudia. Aquella pausa fue breve, pero suficiente para que ella percibiera que estaba valorando algo más que el avance de la investigación.
— ¿Hay alguna novedad que no me hayáis contado?
Aquellas palabras quedaron flotando entre los tres durante unos segundos. No había dureza en la voz de Rubén, pero sí una calma que resultaba mucho más difícil de interpretar.
Claudia respondió sin apartar la atención de él.
—Nada concluyente.
Rubén no respondió enseguida. Permaneció observándola durante unos instantes, como si intentara decidir hasta qué punto debía insistir. Finalmente dejó escapar una leve inclinación de cabeza.
—Bien. Después desvió la vista hacia Alex— ¿Puedes dejarnos un momento a solas?
Alex no hizo ninguna pregunta. Miró brevemente a Claudia, buscando en su expresión algún motivo para preocuparse, pero ella apenas negó con la cabeza.
—Claro.
Esperó a quedarse a solas con ella antes de regresar lentamente a su asiento. Se acomodó frente al escritorio y dejó unos segundos de silencio, como si quisiera darle tiempo a prepararse para lo que iba a preguntar.
—Ahora sí.
Claudia aguardó en silencio.
— ¿Qué está pasando?
La pregunta la sorprendió más por la forma en que fue formulada que por las propias palabras. Aun así, mantuvo la calma antes de responder.
—No sé a qué te refieres.
Rubén dejó escapar una sonrisa casi imperceptible.
—Sí que lo sabes.
Durante unos segundos ninguno de los dos habló. Rubén la conocía desde hacía demasiados años como para no advertir cuándo algo había cambiado.
—Te noto distinta.
Claudia no perdió la serenidad.
—Este caso nos está llevando más tiempo del que esperábamos.
Rubén dejó pasar un instante antes de responder, como si quisiera asegurarse de que ella misma se daba cuenta de que aquella explicación no bastaba.
—No estoy hablando del caso—Su voz seguía siendo tranquila, pero había una firmeza difícil de pasar por alto—He trabajado contigo demasiados años para distinguir cuándo una investigación te preocupa y cuándo hay algo más que empieza a pesarte por dentro.
Claudia sostuvo unos segundos el silencio antes de contestar.
—No hay nada más de verdad.
Rubén esbozó una leve sonrisa, casi imperceptible.
— ¿Estás completamente segura de eso?
—Completamente.
Ella dejó escapar una pequeña sonrisa que no terminó de convencerle.
—Ojalá fuera tan fácil engañar a todo el mundo como intentas engañarme a mí.
Claudia cruzó los brazos con calma intentando no dar ninguna señal.
—No estoy intentando engañar a nadie.
—Entonces dime una cosa—Hizo una breve pausa antes de continuar— ¿Qué está pasando entre Alex y tú?
Claudia no respondió de inmediato. Se tomó unos segundos antes de hablar, no porque necesitara inventar una respuesta, sino porque sabía perfectamente adónde quería llegar Rubén.
—Sigue siendo mi compañero.
—Eso no responde a lo que te he preguntado.
—Porque no hay nada más que responder.
Él la observó durante unos instantes con esa paciencia que siempre parecía desarmar a cualquiera.
—No me debes explicaciones sobre tu vida privada, Claudia. Nunca te las he pedido y no voy a empezar ahora—Ella permaneció en silencio—Lo único que me preocupa es que este caso ya está siendo bastante complicado como para añadirle algo que pueda nublar vuestro criterio.
—Eso no va a ocurrir. Sabes perfectamente que soy la más interesada en llegar hasta el final.
—Eso dices ahora.
Claudia sostuvo su posición con la misma firmeza con la que había afrontado tantos otros casos.
—No he permitido que un asunto personal interfiera en mi trabajo en toda mi carrera. No voy a empezar precisamente ahora.
Rubén tardó unos segundos en contestar.
—Quiero creerte.
Aquella pequeña diferencia bastó para que Claudia comprendiera lo que realmente estaba intentando decirle.
—No confías en mi criterio.
—Confío en ti. Lo que me preocupa es todo lo demás— Hizo una breve pausa antes de continuar—Lo que no me fío es de los sentimientos. Siempre llegan cuando menos conviene y rara vez preguntan si es un buen momento.
—No te imaginaba tan filósofo.
Rubén soltó una pequeña risa.
—Los años hacen mucho daño—El ambiente perdió algo de tensión—En cualquier caso —añadió él mientras volvía a adoptar un tono más profesional—seguid insistiendo en la universidad. Estoy convencido de que esa persona de la que nadie habla acabará apareciendo.
Claudia asintió.
—Es exactamente lo que pensábamos hacer.
Rubén volvió a mirarla antes de dar la conversación por terminada—Y otra cosa…No tengas prisa por resolver este caso. A veces las respuestas llegan justo cuando uno deja de perseguirlas.
Mientras se levantaba, Claudia volvió a recordar la forma en que Rubén había pronunciado aquella última frase. No era lo que había dicho lo que le resultaba extraño, sino la sensación que le había dejado al escucharla, una incomodidad difícil de justificar.
—Gracias.
Rubén sonrió.
—Ten cuidado ahí fuera.
Claudia abandonó el despacho y cerró la puerta tras de sí. Alex seguía esperándola unos metros más allá, apoyado junto a una de las ventanas del pasillo con un vaso de café en la mano.
—Has tardado más de lo que esperaba.
—Rubén estaba inspirado.
—Eso nunca trae buenas noticias.
Comenzaron a caminar entre el continuo ir y venir de agentes y administrativos.
— ¿Qué quería?
—Saber si entre nosotros pasa algo.
Alex estuvo a punto de atragantarse con el café.
— ¿Así... directamente?
—Con bastante menos sutileza de la que esperaba.
Él dejó escapar una risa de lo más divertida.
—Bueno... supongo que tampoco hemos sido especialmente discretos.
Claudia lo miró de reojo.
— ¿Tú crees?
—Esta mañana casi sonríes dos veces delante de él.
—Eso no demuestra nada.
—En ti demuestra muchísimo.
Ella negó con la cabeza mientras seguían avanzando por el pasillo.
—Eres insoportable.
—Y aun así sigues aquí y me empiezas a coger cariño.
—No abuses de tu suerte.
Alex sonrió con esa expresión confiada que cada vez conseguía desarmarla con más facilidad. Al llegar al final del pasillo comprobó que aquella zona estaba completamente vacía. Se detuvo de repente. Claudia dio un par de pasos más antes de darse cuenta de que él ya no caminaba a su lado.
— ¿Qué haces?
Alex miró discretamente a ambos lados.
—Comprobando una teoría.
— ¿Qué teoría?
En lugar de responder, dio un paso hacia ella.
—Alex...
—Solo un segundo.
—Estamos en la comisaría.
—Precisamente por eso.
Antes de que pudiera protestar, la sujetó suavemente por la cintura y la acercó hasta él. Claudia intentó mantener el gesto serio. Lo consiguió durante apenas dos segundos.
—Como nos vea alguien...
—Entonces tendré que correr muy rápido.
Ella soltó una risa. Fue justo el instante que Alex aprovechó para besarla. No fue un beso largo. Tampoco especialmente prudente. Pero bastó para que Claudia olvidara durante unos segundos dónde estaban. Cuando se separaron, ella negó despacio con la cabeza.
—Eres un auténtico desastre.
—Y tú acabas de besarme en mitad de la comisaría.
—Eso no ha ocurrido.
—Claro que sí.
—No puedes demostrarlo.
Alex sonrió divertido.
—Lástima que no haya cámaras en este pasillo.
Claudia le dio un suave golpe en el brazo mientras reanudaba la marcha.
—Como sigas así voy a arrepentirme muy pronto.
Alex la miró de reojo con una sonrisa divertida.
—Llevas un buen rato intentando convencerte de eso... y no parece que te esté funcionando demasiado bien.
Claudia negó con la cabeza, aunque la sonrisa que asomó en sus labios terminó dándole la razón.
Mientras descendían por las escaleras hacia el despacho, la conversación con Rubén regresó una vez más a la cabeza de Claudia.
Había algo en sus palabras que seguía dándole vueltas.
No era solo la advertencia. Era la forma en que la había mirado.
Como si supiera mucho más de lo que estaba dispuesto a decir.
Y aquella sensación, lejos de desaparecer, no hizo más que crecer.