Ignorada CAPÍTULO 17
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CAPÍTULO 17

El ruido de la comisaría fue quedando atrás mientras avanzaban por la calle.

El aire fresco le sentó mejor de lo que esperaba.

Quizá porque llevaba horas encerrada entre despachos, informes y conversaciones que no terminaban de conducir a ninguna parte.

Caminaba con la vista al frente, repasando mentalmente todo lo ocurrido durante el día, intentando ordenar unas piezas que seguían sin encajar del todo.

Alex la acompañó sin prisas. Durante un rato no dijo nada, como si supiera que interrumpir aquellos pensamientos era inútil.

—Voy a arriesgarme con una teoría—acabó diciendo—O te invito a una copa o dentro de diez minutos vuelves a estar en la comisaría revisando otra vez los mismos informes.

—No suelo beber cuando estoy trabajando.

—Eso explica muchas cosas.

— ¿Por ejemplo?

—El nivel de tensión que manejas.

Aquello consiguió arrancarle una exhalación que estuvo peligrosamente cerca de una sonrisa.

—Estoy bien.

Alex no respondió de inmediato. Continuó caminando a su lado unos metros antes de hablar, como si buscara la forma de decir lo que estaba pensando sin que sonara a reproche.

—Curiosamente, Rubén no parece verlo igual.

—Rubén lleva demasiado tiempo intentando protegerme.

Alex la observó un instante antes de responder.

—Supongo que, después de todo lo que ha pasado, es normal que esté pendiente de ti.

—También tiene la costumbre de preocuparse más de la cuenta.

—Eso ya había empezado a sospecharlo.

Continuaron caminando unos metros antes de que volviera a hablar.

—No te estoy diciendo que lo dejes. Solo que bajes un poco el ritmo. Te estás implicando demasiado.

—Eso ya me lo han dicho hoy.

—Entonces quizá deberías plantearte que no soy el único que lo ve.

— ¿Siempre eres así de insistente?

—Solo cuando creo que tengo razón.

—Debe de ser agotador vivir contigo.

—Pregúntaselo a mis ex novias.

Aquello la hizo resoplar por la nariz. La respuesta consiguió arrancarle una sonrisa mucho más evidente de lo que habría querido admitir.

—No pienso hacerlo.

—Lástima. Habría sido una conversación interesante.

Durante unos momentos la conversación mantuvo aquel tono ligero que, contra todo pronóstico, empezaba a surgir entre ellos con cierta facilidad. Pero Alex acabó dejando la broma a un lado.

—No sé qué ocurrió en tu pasado—dijo él con un tono más serio—, pero está claro que esto no es solo trabajo para ti.

Aquellas palabras borraron de golpe cualquier rastro de humor. Ella permaneció en silencio, con la vista perdida unos segundos en algún punto de la calle, consciente de que aquella era probablemente la primera vez que alguien ponía nombre a algo que llevaba demasiado tiempo intentando superar.

—Y no lo digo para molestarte. Lo digo porque, cuando algo nos toca demasiado de cerca, dejamos de ver ciertas cosas.

—Sé perfectamente lo que hago.

—Ojalá.

La respuesta fue tranquila. Sin reproches. Sin ironía. Y precisamente por eso le molestó más de lo que esperaba. Por suerte, Alex decidió cambiar de tema.

—Entonces entiendo que la copa queda descartada.

—Completamente.

— ¿Y cenar?

—Algo rápido.

La sonrisa de Alex apareció al instante.

—Sabía que acabarías aceptando.

—No te acostumbres a ganar.

—Demasiado tarde.

El restaurante estaba a un par de calles de la comisaría. Nada especial. Un sitio tranquilo donde podían hablar sin que nadie los interrumpiera. Cuando se sentaron, Claudia dejó el móvil sobre la mesa casi por inercia. Y Alex lo observó un instante.

—Sigues trabajando.

—Porque estamos trabajando.

—Estamos cenando.

—Cinco minutos.

—Cinco minutos —aceptó él.

Pidieron algo rápido y aprovecharon la espera para seguir comentando el caso. Cuando el camarero regresó con los platos, Alex no pudo evitar fijarse en el de Claudia.

— ¿Piensas comerte todo eso?

—Trabajar abre el apetito.

—A tu novio le debe salir bastante caro invitarte a cenar.

La reacción fue inmediata.

— ¿Quién te ha dicho que tenga novio?

—Nadie. Era una deducción.

—Pues deduces fatal.

—Tomo nota.

—Hazlo.

Por primera vez desde que habían salido de la comisaría, la conversación empezó a resultar cómoda. Ni siquiera parecían darse cuenta. Al cabo de unos minutos, Alex volvió al tema que ambos tenían en la cabeza.

— ¿Qué impresión te ha dado Rafael?

Claudia tardó unos segundos en responder mientras dejaba el tenedor sobre el plato.

—No termina de convencerme.

—A mí tampoco. Aunque creo que no por el mismo motivo.

—Te escucho.

Alex permaneció unos instantes en silencio, ordenando las ideas antes de hablar.

—Estoy convencido de que nos está ocultando algo. La diferencia es que no creo que ese “algo” tenga que ver con él.

Aquellas palabras hicieron que Claudia dejara de jugar distraídamente con el cubierto y centrara toda su atención en él.

— ¿Entonces?

—Creo que Daniela le contó algo. Algo que él no supo interpretar… o quizá no quiso hacerlo.

Claudia permaneció pensativa unos segundos.

—En cualquier caso, volvemos al mismo punto.

—Al patrón.

—Y a alguien que lleva demasiado tiempo haciendo esto sin que nadie consiga detenerlo.

El murmullo del restaurante volvió a ocupar el silencio que se abrió entre los dos. El camarero pasó junto a su mesa para atender a otros clientes, pero ninguno pareció reparar en ello. Claudia bajó la vista hacia el plato, aunque hacía rato que había dejado de prestar atención a la comida.

—No voy a llegar tarde otra vez.

Las palabras escaparon antes de que pudiera detenerlas. Durante un instante deseó no haberlas dicho en voz alta. Alex dejó el cubierto sobre la mesa. No preguntó a quién se refería. No intentó averiguar qué había detrás de aquella frase. Simplemente respetó el silencio.

—Entonces no lo hagas.

Claudia permaneció unos segundos observándolo.

No era una gran respuesta. No resolvía el caso.

Ni borraba todo lo que llevaba años arrastrando.

Y, aun así, fue la primera vez en mucho tiempo que alguien no intentó decirle cómo debía sentirse.

Permaneció en silencio unos instantes antes de levantarse de la mesa.

Fuera seguía esperándola la misma investigación, las mismas incógnitas y el mismo asesino.

Lo único que había cambiado era que, sin darse cuenta, ya no estaba afrontándolo todo ella sola.