Ignorada CAPÍTULO 4
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CAPÍTULO 4

Apenas unos minutos después llamaron suavemente a la puerta. Gabriel levantó la vista.

—Adelante.

La puerta se abrió despacio y una joven de pelo castaño asomó la cabeza al despacho.

— ¿Me buscaban?

Había algo inseguro en su voz. Entró despacio, sujetando una carpeta contra el pecho como si necesitara aferrarse a ella, y su mirada fue de Gabriel a Claudia antes de detenerse un instante en la placa que llevaba colgada del cinturón.

—Daniela—dijo Gabriel con tono tranquilo—Siéntate, por favor.

Ella obedeció sin hacer preguntas. Apenas tomó asiento volvió a entrelazar las manos sobre el regazo y evitó levantar la vista del suelo.

Gabriel miró a Claudia—Os dejaré a solas—Antes de salir, se volvió hacia Daniela.

—No te preocupes. La inspectora Vega solo quiere encontrar a Paula.

Daniela asintió muy despacio. Gabriel le dedicó una mirada tranquila, como si quisiera transmitirle que no tenía nada que temer, y abandonó el despacho cerrando tras de sí con suavidad.

Claudia esperó unos instantes antes de ocupar la silla frente a la joven y abrir la carpeta que llevaba entre las manos.

—Tú y Paula erais amigas, ¿verdad?

Daniela asintió apenas.

—Sí.

Su voz sonó débil, como si llevara horas respondiendo preguntas. Claudia abrió la carpeta despacio, aunque en realidad ya conocía casi toda la información que había dentro.

— ¿Cuándo la viste por última vez?

La chica tardó unos segundos en responder.

—Ayer… después de clase.

Mientras hablaba seguía sin mirarla directamente. Claudia observó cómo sus dedos se apretaban entre sí una y otra vez, incapaces de quedarse quietos.

— ¿La notaste diferente?

Daniela se humedeció los labios antes de contestar.

—Un poco.

Aquella respuesta quedó suspendida en el aire. Claudia esperó… Con el tiempo había aprendido que muchas personas llenaban los silencios cuando se les daba espacio suficiente. Pero Daniela no lo hizo. Simplemente bajó aún más la mirada.

—¿A qué te refieres cuando dices que la notaste diferente, rara?

Daniela evitó responder de inmediato. Permaneció unos instantes en silencio antes de dejar escapar un leve suspiro.

—No sabría explicarlo... Solo notaba que ya no era la misma. Estaba más callada de lo normal y parecía tener siempre la cabeza en otra parte.

No era tanto lo que decía. Era cómo lo decía. Las palabras sonaban medidas. Demasiado neutras. Como si llevara horas repitiéndose exactamente qué podía contar y qué no. Claudia apoyó los brazos sobre la mesa, relajando un poco la postura.

—Daniela, necesito que me ayudes.

Levantó la vista por primera vez. Y entonces Claudia lo vio claramente. Miedo. Intentaba esconderlo, pero estaba ahí. En la tensión de la mandíbula. En la forma en que respiraba. En esa incomodidad constante que parecía no abandonarla ni un segundo.

—Ya lo estoy haciendo —murmuró.

Pero ni ella misma parecía convencida de aquello. Claudia dejó pasar unos segundos antes de continuar.

—Sabemos que Paula había denunciado algo dentro de la universidad.

El cambio fue inmediato. Daniela se quedó completamente inmóvil. Sus dedos dejaron de moverse, su respiración se cortó apenas un instante y después volvió a bajar la mirada.

—No sé nada de eso.

Demasiado rápido. La respuesta salió casi automática, como un reflejo aprendido.

Claudia no dijo nada enseguida. Se limitó a observarla en silencio mientras el peso de aquella habitación parecía hacerse cada vez mayor.

A través de la pared llegaban sonidos apagados del pasillo; puertas abriéndose, voces lejanas, pasos cruzándose.

La universidad seguía funcionando con normalidad mientras Paula Ríos llevaba horas desaparecida.

Aquello siempre le resultaba perturbador.

Daniela seguía evitando su mirada. Claudia llevaba demasiados años interrogando a personas para no reconocer aquella expresión.

No era la actitud de alguien que quisiera mentir; era la de quien tenía miedo de decir más de la cuenta.

—Escúchame —dijo Claudia con voz más suave— Si Paula tenía problemas con alguien, necesito saberlo.

Daniela negó con la cabeza casi de inmediato.

—No tenía problemas.

Pero la frase se rompió un poco al final.

Lo suficiente para que Claudia entendiera que estaba mintiendo.

Se recostó lentamente en la silla. Podía presionarla más.

Sabía exactamente cómo hacerlo. Pero también sabía reconocer cuándo alguien estaba demasiado asustado para hablar.

Y Daniela estaba al límite. Claudia sacó una tarjeta del bolsillo de la chaqueta y la dejó sobre la mesa. La deslizó despacio hacia ella.

—Si recuerdas algo… cualquier cosa… llámame— Daniela miró la tarjeta sin tocarla. Como si aquel pequeño trozo de papel pesara más de lo que debería—No tienes que contármelo ahora—añadió Claudia—Pero no esperes demasiado.

Daniela tragó saliva antes de asentir muy despacio.

—Vale.

Claudia se puso en pie. Recogió la carpeta y caminó hacia la puerta, pero antes de salir se detuvo un instante.

—Daniela—La joven levantó la mirada—Paula no desapareció porque sí.

Claudia comprendió que no conseguiría nada más aquel día.

Recogió la carpeta y salió del despacho sin volver la vista atrás.

Daniela permaneció inmóvil hasta que el sonido de la puerta al cerrarse se perdió en el pasillo.

Solo entonces dejó escapar el aire que llevaba conteniendo desde que había empezado aquella conversación.

Sus ojos fueron a parar a la tarjeta que Claudia había dejado frente a ella.

Permaneció observándola unos instantes, debatiéndose entre cogerla o dejarla donde estaba.

Al final alargó la mano, la sostuvo unos segundos entre los dedos y terminó guardándola en el bolsillo de la chaqueta.

CAPÍTULO 4

El despacho seguía en silencio cuando Claudia volvió.

Cerró la puerta con suavidad detrás de ella y dejó la carpeta sobre la mesa antes de quitarse la chaqueta lentamente.

El cansancio empezaba a notarse en cada movimiento, aunque hacía tiempo que había aprendido a convivir con él como si fuera una parte más de su cuerpo.

Durante unos segundos se quedó quieta frente al expediente sin abrirlo todavía.

Algo en aquella sensación no terminaba de desaparecer.

Paula. La universidad. La denuncia. La palabra escrita en aquella nota…

Todo parecía conectado por un hilo demasiado fino como para verlo con claridad… pero estaba ahí.

Se sentó finalmente y abrió la carpeta despacio.

Las primeras páginas no tenían nada especial.

Informes académicos, registros de asistencia, horarios, notas estables.

Paula Ríos aparecía descrita como una estudiante responsable, sin conflictos, sin incidentes destacables.

Todo encajaba demasiado bien. Y precisamente eso era lo que empezaba a incomodarla.

La experiencia le había enseñado que las vidas perfectas casi nunca existían.

Siempre había algo fuera de lugar. Alguna grieta pequeña que terminaba diciendo más que el resto del expediente entero.

Continuó pasando páginas más despacio, prestando atención a detalles que probablemente nadie más se habría detenido a leer.

Entonces encontró un documento añadido al final del expediente.

Era el registro de una denuncia presentada por Paula semanas atrás.

Claudia se inclinó hacia delante y comenzó a leer.

«Conducta inapropiada por parte de un miembro del personal docente...»

«Situaciones incómodas reiteradas...»

«Insistencia inapropiada...»

El lenguaje burocrático conseguía que todo sonara distante, casi inofensivo, como si alguien hubiera escogido cuidadosamente cada palabra para suavizar la gravedad de lo que Paula estaba intentando denunciar. Pasó a la última página.

«Caso archivado por falta de pruebas.»

Claudia dejó escapar el aire lentamente. Otra denuncia que terminaba exactamente igual. Permaneció unos instantes con la vista fija en el documento antes de volver atrás y repasarlo una segunda vez. Fue entonces cuando una anotación escrita al margen llamó su atención.

«Existen antecedentes similares.»

Claudia levantó la vista de inmediato. Aquella frase no iba acompañada de ningún nombre, ninguna fecha ni ninguna explicación.

Solo esas tres palabras. Bajó la vista hacia el ordenador, accedió a la base de datos interna y comenzó a buscar denuncias archivadas relacionadas con la universidad.

Los resultados aparecieron casi al instante.

No era un caso aislado. Se levantó de la silla y caminó hasta la ventana.

Desde allí podía ver parte de la ciudad moviéndose bajo el cielo gris de Barcelona.

Coches avanzando entre semáforos, gente cruzando deprisa las calles, cafeterías llenándose poco a poco.

Todo seguía funcionando como si nada. Como si Paula Ríos no llevara desaparecida desde hacía horas.

Metió una mano en el bolsillo de la chaqueta y sacó un cigarrillo casi por reflejo.

Lo observó unos segundos antes de encenderlo.

Había dejado de fumar hacía meses. O al menos eso intentaba repetirse.

—Pensaba que ya no hacías eso.

La voz hizo que girara la cabeza. Rubén Castro estaba apoyado en el marco de la puerta con la tranquilidad habitual, observándola en silencio. Claudia soltó el humo lentamente antes de responder.

—Yo también lo pensaba.

Rubén entró en el despacho y cerró la puerta detrás de él.

—Siempre vuelves cuando un caso empieza a meterse demasiado debajo de la piel.

Claudia dejó escapar una pequeña sonrisa cansada.

—Eso suena casi a crítica.

—Lo es. Ya sabes que para mí eres como una hija.

Rubén se acercó despacio hasta la mesa mientras Claudia permanecía junto a la ventana. Durante años aquella presencia le había resultado estable. Familiar incluso. Rubén tenía esa forma de hablar pausada que hacía parecer que nada podía salirse realmente de control.

— ¿Qué has encontrado? —preguntó finalmente.

Claudia se tomó su tiempo antes de contestar. Dio otra calada al cigarrillo y mantuvo la vista fija en la ventana unos segundos más.

—Paula denunció algo dentro de la universidad. Y claro… Lo archivaron.

Rubén echó un vistazo rápido al expediente abierto sobre la mesa.

—Por desgracia eso pasa más veces de las que debería.

—Sí, pero no es solo eso.

Claudia se apartó de la ventana y volvió hacia la mesa. Señaló uno de los documentos mientras hablaba.

—Hay otra denuncia archivada la misma semana. Distinto nombre, misma facultad.

Rubén observó los papeles en silencio durante unos segundos. Su expresión apenas cambió, aunque Claudia notó cómo prestaba atención real por primera vez desde que había entrado.

— ¿Has hablado ya con alguien allí?

—Con el orientador de la universidad. Gabriel Navarro.

El nombre pareció hacerle pensar un instante.

—Gabriel… claro. Él estuvo contigo después de lo de Lucía, ¿no?

Claudia apartó la mirada casi de inmediato. Todavía le seguía costando escuchar el nombre de su hermana en voz alta.

—Sí...

Rubén no respondió enseguida. Parecía estar ordenando sus ideas mientras buscaba la mejor manera de decir lo que pensaba.

— ¿Seguís teniendo contacto?

—No. Hace años que no sé nada de él.

Rubén permaneció unos instantes en silencio, como si rebuscara en la memoria aquel nombre antes de encogerse ligeramente de hombros.

—Bueno, si sigue trabajando allí después de tanto tiempo, supongo que hará bien su trabajo.

Claudia no respondió. Se limitó a cerrar lentamente la carpeta mientras la imagen de Gabriel volvía a aparecer en su cabeza. La calma con la que hablaba. La manera en que parecía medir cada palabra. Algo en él seguía resultándole extraño. Todavía no sabía qué.

—También he hablado con Daniela Sánchez—dijo finalmente— Era amiga cercana de Paula.

— ¿Te ha contado algo útil?

—No directamente. Pero está asustada. Y creo que sabe bastante más de lo que quiere admitir.

Rubén pareció considerar aquella posibilidad antes de responder.

—Entonces dale tiempo.

Claudia soltó una pequeña risa sin humor.

—No estoy segura de que tengamos tiempo jefe.

Rubén sostuvo su mirada unos segundos antes de responder.

—Entonces procura no desperdiciarlo.

Claudia apagó el cigarrillo en el cenicero y volvió a abrir la carpeta.

—Voy a revisar el otro expediente completo.

Rubén asintió despacio mientras se dirigía hacia la puerta.

—Avísame si encuentras algo más.

—Lo haré.

Cuando la puerta se cerró tras él, Claudia volvió a quedarse sola con el expediente.

Pasó lentamente la vista por la fotografía de Paula y dejó que el silencio del despacho la envolviera mientras repasaba una vez más cada página.

Había algo que no conseguía explicar. No conocía a aquella chica.

Y, sin embargo, la sensación de que llegaba tarde de nuevo volvía a abrirse paso dentro de ella.