Ignorada CAPÍTULO 1
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Ignorada

Ignorada

Por Damaris Camarero

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CAPÍTULO 1

—Vega.

Al otro lado se escuchaban voces apagadas, movimiento, el murmullo típico de una escena todavía reciente.

—Tenemos una desaparición. Mujer, veintidós años. Estudiante.

Claudia apartó el pelo de su cara mientras se sentaba en el borde de la cama.

— ¿Desde cuándo?

—Unas seis horas. La última vez que la vieron fue saliendo de la universidad.

Claudia se quedó unos segundos en silencio, procesando la información. Otra chica joven… Otra llamada de madrugada. Debería haberse sentido como cualquier otro caso. Pero no fue así.

— ¿Nombre?

—Paula Ríos.

Y entonces apareció aquella sensación. Pequeña.

Difícil de explicar. Como una corriente fría recorriéndole lentamente la espalda.

No era miedo. Era otra cosa. Algo que llevaba años aprendiendo a escuchar.

La intuición de que algo no encajaba. Se puso en pie y caminó hasta la ventana.

Barcelona seguía despierta al otro lado del cristal, cubierta por las luces anaranjadas de siempre y ese silencio extraño que solo existe antes del amanecer.

—Voy para allá.

Colgó sin esperar respuesta.

El aire de la madrugada golpeó su cara en cuanto bajó del coche.

La ciudad tenía un aspecto distinto a esas horas.

Más vacía. Más fría. Como si incluso Barcelona respirara más despacio durante la madrugada.

Las luces azules de los coches patrulla parpadeaban sobre las fachadas húmedas mientras varios agentes hablaban cerca del perímetro acordonado.

Claudia cruzó la cinta policial sin perder el paso.

Los murmullos cesaron apenas un instante cuando apareció.

Algunos agentes la saludaron con un gesto discreto; ella respondió casi de forma automática, concentrada ya en el escenario que tenía delante.

Su mirada recorrió el callejón de un extremo a otro antes de detenerse en el grupo de policías reunidos al fondo.

— ¿Qué tenemos?

El agente más cercano dio un paso al frente y señaló hacia la zona acordonada.

—Encontramos el bolso hace unos minutos. Estaba detrás de unos contenedores, cerca de la facultad.

Claudia se acercó al bolso con calma. El callejón olía a humedad, basura mojada y lluvia reciente.

Un olor desagradable, pero habitual en aquella zona de la ciudad.

Se agachó frente al bolso sin llegar a tocarlo.

A simple vista parecía nuevo. El cuero apenas mostraba desgaste y no había arañazos, marcas ni señales que indicaran un forcejeo.

Todo estaba exactamente donde debía estar.

Demasiado bien… Había algo inquietante en aquella perfección.

Se colocó los guantes y abrió la cremallera con cuidado. Dentro estaban el móvil, la cartera y las llaves. Perfectamente colocado...Como si alguien hubiese querido asegurarse de dejarlo allí. La misma incomodidad volvió a recorrerle el estómago.

— ¿Testigos?

—Nada útil de momento. Solo sabemos que salió de la universidad ayer sobre las diez.

Claudia apenas escuchó la última parte. Su atención se había detenido en un pequeño papel doblado dentro de uno de los compartimentos interiores.

Lo sacó con discreción, procurando que nadie reparara en él.

El callejón quedó en silencio alrededor de ella mientras desdoblaba el papel.

Una sola palabra escrita en mayúsculas: IGNORADA.

Durante un instante todo lo demás dejó de existir.

Las voces, las sirenas lejanas e incluso la lluvia desaparecieron a su alrededor mientras algo muy antiguo volvía a tensarse en su interior.

Algo que creía enterrado. Con un movimiento casi imperceptible, volvió a doblar la nota y la deslizó en el bolsillo interior de su chaqueta antes de que la vieran.

Aún no estaba preparada para compartir aquello con nadie.

Algo no encajaba. Aquel lugar estaba demasiado ordenado, demasiado intacto.

No tenía el aspecto caótico que solían dejar las desapariciones cuando ocurrían de forma improvisada.

Más bien transmitía la sensación contraria, como si cada detalle hubiera estado donde debía estar desde el principio.

Como si alguien hubiera planeado exactamente lo que iba a ocurrir allí.

—No se ha ido sola—murmuró.

El agente la miró sin entender.

— ¿Perdón?

Claudia observó unos segundos más el lugar antes de responder.

—Quien se la llevó no necesitó obligarla. Había confiado en la persona equivocada.

Y eso era precisamente lo peor…

La comisaría olía a café recalentado, cansancio y noches demasiado largas.

Claudia atravesó el pasillo sin quitarse todavía la chaqueta.

Algunos agentes levantaron la vista al verla pasar, pero nadie dijo nada.

No hacía falta. Todos conocían esa expresión en su cara.

Se detuvo frente a la máquina de café y pulsó el botón casi por costumbre.

Mientras esperaba, apoyó una mano sobre la encimera metálica y cerró los ojos un instante.

El nombre seguía rondándole la cabeza. Paula Ríos. Y aquella nota con la palabra IGNORADA.

Cuando el vaso estuvo lleno, lo cogió y caminó hasta el despacho de Rubén Castro. La puerta estaba entreabierta y entró sin llamar. Rubén levantó la vista de unos informes en cuanto ella apareció.

—Buenos días, jefe.

Le bastó una mirada para comprender que algo la inquietaba.

—Buenos días, Vega. Me han puesto al día.

Claudia dejó el café sobre la mesa, justo al lado de los papeles.

—Paula Ríos. Veintidós años. Estudiante universitaria.

Rubén se recostó un poco en la silla mientras la observaba.

— ¿Algo raro?

Durante un momento, Claudia se planteó enseñarle la nota. Pero algo la frenó. El papel seguía en su bolsillo y, de momento, prefería que siguiera allí.

—Aún no lo sé.

Rubén mantuvo la mirada fija en ella unos segundos más de la cuenta. Como si pudiera notar cuándo se estaba guardando algo.

—No te adelantes—dijo finalmente—Espera a tener pruebas antes de sacar conclusiones.

Claudia asintió, aunque la sensación dentro de ella seguía creciendo.

—Claro.

Rubén la observó durante unos segundos antes de cambiar de tema.

—Deberías descansar un poco. Llevas demasiados días seguidos trabajando.

Claudia ya conocía ese tono. No era el de un superior preocupado por una investigación. Era el de alguien que llevaba años intentando cuidar de ella incluso cuando ella no se lo ponía fácil.

—Estoy bien.

La respuesta salió demasiado rápida incluso para ella. Rubén la observó en silencio, como si estuviera valorando decir algo más.

—Claudia…

Pero no terminó la frase y ella tampoco quiso escucharla. Se puso recta de nuevo y cogió el vaso de café.

—Voy a revisar la universidad.

Rubén terminó asintiendo despacio resignado. La conocía demasiado bien.

—Mantenme informado.

—Lo haré jefe.

Claudia salió del despacho y cerró la puerta tras de sí. Durante unos segundos, Rubén permaneció en silencio. Después volvió a los informes que tenía sobre la mesa, aunque una incómoda sensación le decía que aquel caso tan reciente acababa de empezar a complicarse.