Hydra 46. Querido Marco
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46. Querido Marco

Querido Marco

Hoy hace un mes desde que me despedí de la isla.

Echo de menos la vida en Hydra. Echo de menos el puerto, las mañanas lentas, el helado del bar de Sebas, a tu abuela, a Éter y a ti.

Sobre todo, a ti. Aquí nadie se mete conmigo por ser madrileña o por mi manera de controlarlo todo.

Nadie me recuerda que debería silenciarme de vez en cuando, ni me lleva de paseo por el Mediterráneo mientras me habla de sus libros favoritos y me cocina platos de pasta.

Aun así, quiero que sepas que estoy bien. Volver a casa fue la mejor decisión, pues tenía mucho que hacer aquí. Muchas decisiones que tomar, frentes que cerrar y conversaciones a las que enfrentarme. Hoy, por fin, veo la luz. Un nuevo comienzo.

Les presenté a mis padres mi dimisión, para sorpresa de nadie, y…

lo he hecho. He comprado la tienda de revelados.

Los dueños ya tenían a varios compradores en el radar, pero, en cuanto supieron de mi deseo, quisieron firmar el contrato ese mismo día.

Hablamos mucho de Sofi y del cariño que le tenían.

Me vino muy bien hablar con ellos sobre ella.

Desde entonces, no he dejado de hacerlo con todo el mundo.

Decir su nombre en voz alta nunca me había gustado tanto.

También lo hago mucho con mis padres, quienes no pueden creerse que su pequeña haya vuelto tan cambiada de una isla.

Hemos hablado de aquellos años, de su funeral, de lo poco que hablaron entre ellos cuando ocurrió.

Al parecer, se hizo el silencio en toda la casa y no solo entre las cuatro paredes de mi cuarto.

Les hablé de lo especial que era Hydra para Sofía.

Les hizo muy felices saber que, después de todo, vivió la vida como ella quiso.

Llena de aventuras y experiencias vitales por sus tierras favoritas.

Les conté cosas sobre la tienda de Adhara y sobre el gran sauce.

Podéis estar tranquilos, nuestros abogados se encargarán de todo.

Dile a tu abuela que nadie le va a quitar su primer y más preciado negocio. Que las raíces de Sofi están a salvo.

Pero, bueno, ¡lo dicho! Ahora soy una chica endeudada y sin ahorros, pero con un nuevo proyecto en mente que me emociona y me ilusiona como nada en el mundo. Ojalá algún día vengas por aquí. Lo estoy dejando como nuevo.

He pensado mucho en ti este tiempo y quería darte las gracias.

Gracias por enseñarme a ver el mundo con el corazón y no con la mente.

Silenciarme es algo que hago muy a menudo, ¿sabes?

Yme funciona. Gracias por compartir conmigo tu forma serena y segura de entender la vida, por recordarme que no importa cuánto ruido haya fuera, porque volviendo hacia dentro siempre podré encontrar paz.

Gracias por escucharme, por entenderme y por hacerme crecer, en todos los sentidos.

Gracias por hablarme del presente, un concepto sobre el que no paro de investigar últimamente.

Me he comprado varios libros y estoy trabajando en ello.

Ser consciente de lo que me rodea y aprender a vivir el momento de manera plena es algo en lo que tú me inspiraste.

Gracias por tu paciencia, que no fue poca.

Sé que en ocasiones puedo ser cabezota y radical, pero basta con que me mires y me des la mano para replanteármelo todo.

Ojalá pudiera contarle al mundo algún día todo lo que tu amor me ha dado.

Amarte es lo más sincero y puro que ha hecho mi corazón en muchos años.

Has despertado una parte de mí que desconocía.

Desconocía también lo mucho que soy capaz de admirar a alguien.

Lo fácil que es abrirse, dejarse llevar y querer compartir, cuando se trata de la persona correcta.

Fuiste marea, pero también rumbo y viento.

Todo al mismo tiempo. Gracias por navegar conmigo y por recordarme que la vida se resume en amar y seguir navegando.