Huye
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Prólogo
L a lluvia no daba tregua. Azotaba la carretera con furia, como si el cielo quisiera borrar cualquier rastro de su paso. Las gotas golpeaban el parabrisas y la oscuridad era tan densa que parecía tragárselo todo.
Sara sujetaba el volante con fuerza. Los pensamientos le cruzaban la mente a mil por hora.
No había marcha atrás; eso lo tenía claro.
Cada kilómetro la alejaba un poco más de la vida que la asfixiaba, de los años en los que había permanecido atrapada.
Lo había planeado todo. O eso creyó. Había trazado cada movimiento con precisión, pero no había contado con el temporal ni con el error en su ruta de escape.
Un chirrido. Un golpe seco. Metal contra asfalto.
El coche perdió el control y, un segundo después, todo se volvió negro.
Cuando abrió los ojos, la tormenta seguía allí. Pero ya no estaba sola. Entre las sombras, una silueta avanzaba hacia ella y le tendía la mano.
David.
No sabía quién era. Solo que, al mirarlo, sintió que podía salir de aquel coche.
Porque, a veces, cuando todo parece perdido, alguien aparece dispuesto a salvarte... sin condiciones.