28
VAUGHN
Esto fue una mala idea.
La peor idea de la historia.
Solo sugerí que saliéramos para distraer a Yulian porque el maldito no dejaba de follarme.
No importa cuántas veces lo hagamos, él estará listo en cuestión de minutos, pidiendo otra ronda.
Y estoy adolorido y, francamente, cansado. No he dormido mucho desde el vuelo, y el sexo maratoniano no me está ayudando a recuperarme.
Incluso intenté nadar en la piscina cubierta, Yulian irrumpió —literalmente tirándose de bomba, empapando todo el lugar. Luego se me echó encima, provocándome, tocándome, tratando de seducirme. No es que tenga mucho autocontrol cuando estoy con él, pero al menos tengo más que él.
Es como una bola de energía que no puede quedarse quieto sin hacer nada.
Y, sinceramente, admiro eso de él: su entusiasmo sin límites, la forma en que arrasa con todo en la vida sin dudar. Él es todo lo que yo no soy, y donde antes veía eso como una debilidad imprudente, ahora lo veo como algo impresionante.
Pero no en este momento.
No cuando suelta el manillar, con los brazos extendidos , abrazando el aire mientras la moto se lanza hacia adelante a una velocidad aterradora.
Mi brazo se envuelve con fuerza alrededor de su estómago mientras empiezo a inclinarme hacia adelante, pero luego recuerdo que no sé nada de motos y me recuesto, agarrándome a él con ambas manos.
—¡Basta, Yulian! —le grito por encima del viento.
—¡Vamos, es divertido!
—No será divertido cuando muramos.
Se ríe, y su voz ronca se pierde en el viento.
—Qué dramático.
Afortunadamente, vuelve a agarrar el manillar. No tan afortunadamente, acelera a fondo, zigzagueando entre los pocos autos en la autopista, y cada casi choque hace que mi pulso se dispare.
—¡Reduce la velocidad! —grito, dándole un golpe en el pecho.
—Ay. —Me da una palmadita en el muslo, luego lo agarra, apretándolo ligeramente, y una oleada de aprensión me atraviesa, empapándome por completo.
Una cosa que realmente no detesto de esto es tener mis muslos apretados contra los suyos, su espalda pegada a mi pecho, mis manos pegadas a sus abdominales, que aún puedo sentir a través de los guantes y el cuero.
—¡Deja de pensar y siente el viento, Mishka! —grita, mientras vuelve a poner la mano en el manillar. Me alegro de que no conduzca con una sola mano, pero no puedo evitar sentirme decepcionado por haber perdido su contacto.
Sinceramente, ¿qué diablos?
Yo fui quien sugirió que diéramos un paseo, para que se distrajera y dejara de pensar en follar. Me refería a un paseo en mi auto, pero Yulian, siendo Yulian, dijo:
—Eso es tan aburrido, mejor vamos en esta nena.
No es una nena es una motocicleta. Un objeto inerte, sin sentimientos.
Pero no dije eso, porque Yulian estaba muy emocionado con la idea de mostrarme los alrededores.
Nos pusimos el equipo de cuero; yo insistí, ya que él había planeado andar medio desnudo, como el imprudente que es.
Ahora me pregunto si hay más protección allá de la chaqueta, las botas y el casco, porque Yulian conduce como si estuviera buscando la muerte.
Las luces de la autopista se difuminan en nuestra visión periférica mientras él se aleja a toda velocidad, y le doy gracias a lo que sea sagrado de que la carretera esté casi vacía a estas horas, casi de madrugada.
—¡Uuuu-juuuu! —Su grito rasga la noche mientras la moto ruge cada vez más rápido y el viento me azota la cara.
»¿Lo sientes? —grita, dándome otro golpecito en el muslo.
—¿Nuestra muerte inminente? ¡Sí, claro como el agua!
Se ríe, y su voz grave y ronca resuena en la noche.
—El viento, Mishka. El viento. Tienes que dejarte llevar para disfrutarlo.
—¿Y morir? ¡No, gracias!
—Todos vamos a morir de todos modos. ¡Mejor disfrutemos del tiempo que nos queda! Eso sonó muy sabio e inteligente, ¿verdad? —Se ríe de nuevo, pareciendo muy orgulloso de sí mismo.
Aprieto mi abrazo alrededor de su cintura.
—¡Más despacio!
—¡Abrazarme así solo me va a dar más ganas!
Acelera hasta que estoy seguro de que definitivamente vamos a chocar.
Cierro los ojos con fuerza mientras me aferro a él, clavándole los dedos con tanta fuerza que debe dolerle, aunque él no se da cuenta, está demasiado ocupado atravesando la noche a una velocidad propia de un suicida.
Está tan jodidamente desquiciado, es tan irresponsable —no puedo creer que haya planeado dar este paseo sin llevar ropa de cuero— y es totalmente incompatible con mi estilo de vida seguro y meditado .
Sin embargo, el calor de su espalda que se filtra en mi pecho, mis palmas extendidas sobre sus abdominales me dan una sensación de pertenencia que nunca había conocido. Como si este fuera exactamente el lugar donde debería estar por ilógico que suene.
Y es ilógico. Sí, el sexo con Yulian es el mejor que he tenido, pero solo es sexo.
¿O no lo es?
Porque no creo que sea solo el contacto físico lo que, lenta pero seguramente, me está convirtiendo en un adicto al sexo.
O más bien en un adicto a Yulian.
Finalmente reduce la velocidad, pero solo porque se dirige a un área de descanso.
—Necesito combustible.
—Claro que sí, después de haberlo gastado todo con esa velocidad irresponsable.
Reduce la velocidad hasta detenerse frente a uno de los puestos, y yo exhalé, dejándome caer contra él.
Aunque no creo que me haya molestado el viaje al final, eso fue definitivamente demasiado imprudente para mi gusto.
—Eh, bebé —su voz rompe el silencio—. Me encantaría tenerte pegado a mí toda la noche, pero necesito repostar. Dame solo un minuto y listo.
Mierda.
Me aparto de él y me bajo de la moto, con las piernas un poco temblorosas. Él me agarra del brazo para mantenerme en pie.
—Tranquilo. Se necesita tiempo para acostumbrarse.
—Estoy bien. —Lo aparto de un manotazo—. Solo necesitaba recuperar el aliento.
Yulian se quita el casco, con el cabello húmedo y revuelto, y lo agita como si supiera lo letal que es esa imagen.
Su chaqueta de cuero se tensa sobre sus músculos marcados, sus jeans le quedan bajos, sus botas están firmemente plantadas.
Parece salido de un maldito comercial. Rudo, masculino y devastadoramente… impresionante.
—¿Recuperas el aliento por lo guapo que estoy? —Apoya la barbilla en el hueco entre el pulgar y el índice, sonriendo.
Me quito el casco y se lo lanzo al pecho.
—Por lo irresponsable que conduces.
—No, vamos, el objetivo de tener esta nena es manejarla rápido. —Acaricia la moto con mucho cariño.
Entorno los ojos.
—Es una motocicleta.
—Obvio. —Agarra el casco, pero no se lo suelto.
—Una motocicleta no es una persona de verdad, Yulian.
—Sí... ¿y?
—Y no deberías llamarla nena .
Se ríe tan fuerte que se cae con el casco. Su risa es contagiosa, pero lo empujo de nuevo, esta vez quitándole el casco de un tirón y colocándolo sobre la moto.
—No es tan gracioso —digo, tratando de sonar severo, pero, en realidad, podría pasarme todo el día viéndolo reír.
Se limpia el rabillo del ojo con el guante.
—Es gracioso verte celoso de mi moto.
—No estoy celoso.
—Quizá tenga que esconderla antes de que le prendas fuego como a la pobre Zver.
—Es un eso , no una ella .
—Estás tan celoso que parece que vas a estallar en llamas. —Se ríe de nuevo y me da un golpecito en la nariz—. Eres tan jodidamente adorable.
Le aparto la mano de un manotazo.
—En serio, me rompiste el corazón cuando mataste a Zveroushka.
—¿De verdad le diste a una moto un diminutivo?
—Claro que sí. La pobrecita murió tan joven. —Suspira y luego sonríe—. Probablemente habría aceptado sacrificarse si eso significara que acabarías aquí conmigo.
—Te lo repito, las motos son eso , Yulian.
—No, yo le pongo nombre a mis hermosas damas. —Acaricia la moto de nuevo, y, sinceramente, estoy tan molesto que me resulta insultante—. Aunque no le puse nombre, para no mancillar la memoria de Zver… ¡Oye! Tú puedes hacerlo.
—No voy a ponerle nombre a tu moto.
—Entonces seguiré llamándola nena .
—Caos. —Le doy un golpe en la cabeza—. Elige algo que te vaya bien.
—¿Oyes eso, Caos? El papá número dos está celoso, pero el papá número uno siempre te amará —le dice con voz melosa, acariciando la moto con la mano, y yo le doy una patada en la espinilla.
—¡Ay! Eres una amenaza.
—Yo pago la gasolina y voy a buscar algo de beber.
Ya me estoy dirigiendo a la tienda, haciendo todo lo posible por ocultar la ridícula oleada de emociones que me despierta su forma de hablarle a una moto. Ni siquiera me habla así a mí.
Irracional.
Todo en él me vuelve jodidamente irracional.
La tienda está en silencio, salvo por el zumbido de la luz fluorescente y el ruido del refrigerador. Tomo dos botellas de kombucha y me dirijo a la caja.
El chico levanta la vista de su teléfono y me sonríe ampliamente desde detrás del vidrio. No puede tener más de veintipocos años: cabello decolorado, uñas negras descascarilladas y anillos de plata abarrotando cada dedo.
—Hola —dice cuando le paso las botellas .
—Hola. También voy a pagar la gas de la bomba cuatro.
—¿Gas? Ah, te refieres a gasolina. —Se ríe como si haya pasado por esto un montón de veces.
—Sí. Eso.
—Entendido. —Escanea una botella y luego señala con la barbilla a Yulian, que acaba de volver a colocar el surtidor en su sitio—. ¿Ese es tu novio?
Se me seca la garganta, con la cartera a medio sacar.
El chico —Harry, si me fío de su etiqueta con el nombre— debe de notar mi tensión, porque levanta ambas manos en señal de rendición en broma.
—No te lo tomes a mal, amigo. Soy gay y me encanta ver a chicos atractivos.
No tenemos muchos por aquí. Los dos están súper guapos; lo digo como un cumplido.
Lo juro. —Se muerde las uñas mientras vuelve a mirar de reojo a Yulian, y el muy bastardo aprovecha ese preciso momento para sacudirse el cabello.
¿Por qué tiene que hacer eso justo ahora ?
Harry no dice en voz alta lo que es obvio. Piensa que los dos somos guapos, pero Yulian es su tipo, porque tiene esos ojos de corazón mientras lo mira, mordiéndose el labio y todo eso.