27 #3
—Y una mierda. —Le agarro las nalgas con ambas manos, les doy unas palmadas y lo empujo hacia dentro—. Me gusta el dolor, Mishka.
Frunce el ceño, pero creo que está demasiado perdido en la lujuria como para dejar que su cabeza tome el control mientras me penetra, encontrando un ritmo.
—Dime que te gusta que te folle, Yuli.
—Me gusta. Me estás llenando tan bien.
—¿Sí?
—Sí. Puedo sentir tu pene estirándome con cada embestida.
—¿Así? —Da un empujón con las caderas y yo gruño.
—Mmm… sí, mierda, sí.
—Lubrícame.
—¿Eh?
—Como la otra vez. Mete tus dedos en mi trasero.
—Oh, mierda... —Creo que voy a explotar cuando él se mete entre nosotros y acaricia mi pene, ahora dolorosamente duro.
Mi mano tiembla ligeramente mientras exprimo el lubricante en la otra y, separándole una nalga, le meto dos dedos de un solo golpe.
Gime, soltando sonidos deliciosos mientras lo trabajo bien, estirando y moviendo mis dedos dentro de él. Mis uñas rozan su punto sensible mientras él golpea el que está dentro de mí.
—Mierda —exhala con fuerza, con la voz ronca de placer—. Me voy a correr si sigues haciendo eso.
—De eso se trata.
—Mm… justo ahí… mierda...
—¿Te gusta que te meta los dedos mientras me follas hasta dejarme sin sentido, bebé?
—Sí… me encanta sentirte dentro de mí tanto como sentir mi pene dentro de ti.
Sonrío.
—Algo en lo que estamos de acuerdo. Estamos hechos el uno para el otro, Mishka.
Sus ojos se cierran y abre la boca, pero luego la vuelve a cerrar, matando sus pensamientos antes de que salgan a la luz.
Se retira, sacando mis dedos de él al mismo tiempo, y antes de que pueda protestar, se sube encima de mí, con sus muslos rodeando mi cintura.
Vaughn agarra mi pene y se baja con un movimiento suave, metiéndomela hasta el fondo.
Me corro un poco en el momento en que llega al fondo.
—M…mierda, cariño, ¿estás bien? —gimo, porque la sensación de su trasero envuelto alrededor de mi pene me está volviendo loco, pero me ha metido todo. Debe de doler .
—No —gime, con sus dos palmas sudorosas apoyadas en mi pecho.
—Mierda, mierda… Déjame ver. —Empiezo a levantarme—. Tienes que tomártelo con calma …
Me empuja hacia abajo.
—No es por esto por lo que no estoy bien.
—Entonces, ¿qué…?
—Cállate y fóllame, Yulian.
—¿Estás seguro…?
—Ya te lo dije. Fóllame.
Mi cabeza está nublada por la lujuria mientras empujo hacia arriba, mi pene en busca de otro orgasmo.
—Tu trasero se siente tan jodidamente bien, cariño.
—¿Sí? — Se levanta y empuja hacia abajo mientras yo voy al encuentro.
—Sí. Me voy a correr otra vez.
—Todavía no.
Se levanta, mi pene se desliza hacia afuera antes de que se empale en mí, sus embestidas se aceleran, golpeando mi próstata hasta que mis pensamientos se disuelven.
Arriba otra vez, abajo otra vez... me cabalga un rato, luego me folla fuerte y rápido.
Lo hace una y otra vez hasta que me derrumbo, seguro de que voy a estallar por el ritmo implacable con el que él me toma y me deja tomarlo a mi vez.
—No me canso de ti —me dice contra la boca, hundido profundamente en mí, con las manos acariciándome la cara.
—Mierda, este es el mejor sexo de mi vida.
—¿En serio? —sonríe con orgullo manifiesto mientras jadea, con gotas de sudor cayendo sobre mi frente y resbalando por mi nariz .
—Me encanta sentirte dentro de mí y verte montarme.
—A mí también. Eres como un sueño, Volchonok. ¿Cómo es posible que seas real? —Su voz se quiebra al final mientras empuja más profundo y fuerte.
Tiembla, gime, jadea y se queja mientras me folla hasta dejarme sin sentido. Está desquiciado, violento y totalmente fuera de control mientras besa mis labios, mi barbilla, mi mandíbula.
—Jesucristo —gruñe—. Maldita sea, bebé.
—¿Me... llamaste bebé?
—Eres mi bebé. —Se estremece, luego escupe en su mano y me masturba el pene con ese ritmo enloquecedor—. ¿Te sientes bien?
—Me estoy muriendo, Mishka...
—No te mueras —me ordena, pero su voz está impregnada de lujuria—. Aún no he terminado contigo.
—M…mierda… tóqueme, sí, mierda...
Mis bolas se contraen mientras el sonido de sus embestidas resuena en el aire; el golpe, golpe, golpe de carne contra carne me vuelve loco mientras me besa por todas partes —mis párpados, mi mejilla, mi boca, mi nariz— casi como si me estuviera adorando.
A mí.
Vaughn me está adorando.
—Córrete para mí —me ordena y suplica al mismo tiempo mientras se retira—. Déjame ver cómo te derrites para mí.
—Mierda… mierda, mierda... —Tiemblo mientras me corro por todas partes, salpicando su cara, su pecho y su boca con semen.
Eso lo lleva al límite también, porque vibra encima de mí, repitiendo mi nombre como si fuera una oración.
—Te voy a preñar, cariño. Me voy a correr tan profundo dentro de ti que nunca me vas a poder sacar.
Y eso es justo lo que hace. Vaughn me llena hasta los topes de semen caliente. Mi pene se estremece un poco y eyaculo más, cuando ya creía que ya no me quedaba nada.
—Mierda —exhala—. Mierda, eres lo que más me gusta del mundo.
—Te ves sexy cubierto de mi semen. —Extiendo la mano para acariciarlo y hacer que se atragante con él, pero él vuelve a hacer eso.
Esa estupidez que me hace querer arder espontáneamente. No debería hacerme sentir así.
Sé que en cierto modo solo está experimentando y que se levantará y se irá como lo hizo hace cuatro años.
Pero no puedo evitar mirar con el aliento contenido mientras me toma la mano, le da la vuelta y deposita un suave beso en el centro de mi palma, soltando un murmullo de satisfacción contra mi piel.
Mi corazón se expande y explota en mil fuegos artificiales.
Nunca he sido de los gestos pequeños de cariño.
Nunca he amado a nadie de esa manera, y no me sale de forma natural.
Pero Vaughn —criado en una familia donde el amor parece expresarse de forma natural— lo lleva con facilidad.
Incluso cuando se encierra en sí mismo, el cariño sigue siendo algo innato en él.
Y ahora, estoy pensando en todos los besitos que le dio a Danika, y mi corazón se hunde de lo alto que estaba.
¿Mi solución? Necesito hacer algo que Danika nunca hubiera hecho.
Hacerlo mío.
Adueñarme de él.
Mant ener lo .
Me incorporo de un salto.
—Cariño, necesito...
—Follar otra vez. Lo sé. —Se ríe entre dientes mientras se deja caer sobre mí, todavía dentro de mí—. Dame un minuto, ¿sí?
—¿Un minuto entero?
—Cinco, en realidad. —Me acaricia el cabello y suspira en mi cuello—. Entonces podrás correrte dentro de mí.
—No. —Lo agarro por la nuca y nos volteo para quedar a horcajadas sobre él—. Tengo prisa.
Su risa resuena en mi oído mientras estrello mis labios contra los suyos, bebiendo su risa, su alegría, tragándomelo por completo.
Supongo que no es normal querer estar encima de él cada vez que tengo la oportunidad.
Pero me da miedo que, si dejo de tocarlo, desaparezca .
Otra vez.