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VAUGHN
Debería estar haciendo ejercicio.
O corriendo.
O nadando.
Eso es lo que hago todos los días temprano por la mañana.
Pero hoy no, porque al parecer me están usando como un colchón.
Yulian yace tumbado sobre mí, su pesado cuerpo aplastándome, con la cara hundida en mi cuello. Sus brazos me rodean la cintura y nuestras piernas están entrelazadas, piel contra piel.
No me dejó ponerme los boxers, lo cual todavía me cuesta aceptar porque no duermo desnudo.
Obviamente, anoche sí lo hice, y ahora puedo sentir su pene semi erecto presionando contra el mío, despertándolo de su letargo.
Debería ser una blasfemia que se me ponga duro así con Yulian tan a menudo. Y aunque no encuentro una explicación para ello, sé a ciencia cierta lo que mi cuerpo quiere.
A Yulian.
En todo momento.
Debajo de mí. Encima de mí. En todas las malditas posiciones disponibles .
Una oleada de placer recorre mi espina dorsal al recordar cómo mi pene lo embestía mientras lo sostenía contra la pared del baño, con sus piernas envueltas alrededor de mi cintura. Fui rudo, y a él le encantó, pidiendo más y besándome hasta dejarme sin sentido, exigiéndome que fuera más fuerte.
Nunca he follado tan bruscamente, siempre he buscado ser suave y aceptable. De verdad, no quiero lastimar al otro solo porque tengo esas preferencias desviadas. Así que el hecho de que Yulian aceptara ese lado mío, incluso pidiendo más, me volvió absolutamente salvaje.
Un animal sexual de pies a cabeza que es incapaz de separarse de él.
Dejé que me inclinara sobre la tina y me follara tan fuerte como quisiera, y yo gemí y grité, e hice todos los ruidos lascivos que no creía que fuera capaz de hacer.
Yulian estuvo jugando toda la noche, haciéndome sexo oral y enseñándome cómo hacer ciertas cosas. Fue extremadamente instructivo, más que el porno amateur y los hilos de Reddit que estudié con fines educativos.
Dijo que aprendo rápido cuando, después de que me follara, le chupé el semen del pene.
Estoy bastante seguro de que tengo algún tipo de fijación oral por el semen de Yulian, porque quería chuparlo hasta dejarlo seco como él lo hizo conmigo, pero realmente no tuve la oportunidad.
Seguimos hasta que todo el caos en la casa se calmó. Recuerdo que Yulian me llevó a la cama mientras yo me quedaba medio dormido en la tina.
No sé por qué hice eso, si nunca me duermo en la tina. De hecho, para ser honesto, tampoco me gustan, y prefiero las duchas rápidas .
Quedarse dormido en una es peligroso, pero supongo que confiaba en que Yulian estaba ahí para mí. No es que deba relacionar la palabra confianza con Yulian, pero, aun así.
Estaba en esa fase entre el sueño y la vigilia cuando sentí que me daba un suave beso en los labios y se envolvía alrededor de mí como un pulpo.
Su suspiro resonó contra mi pecho mientras susurraba:
—Ya nunca podrás escapar de mí, Mishka.
En algún momento de la madrugada, se subió encima de mí, y ahora tengo a un tipo enorme y pesado, todo músculo, aplastándome.
Pero no me importa.
Me gusta poder con él.
El problema es que no puedo moverme, o más bien, no quiero arruinar su paz. Hace unas horas temblaba ligeramente, con el ceño fruncido, probablemente en medio de una pesadilla. Le acaricié la espalda mientras duraba, sintiendo la tensión de lo que fuera que estuviera pasando.
Quería meterme en su subconsciente y quitarle lo que fuera que lo estuviera molestando.
Yulian es extremadamente tranquilo y puede ser tan poco serio que me saca de quicio, pero también tiene cicatrices y prioridades, y tiene que sobrevivir a un padre abusivo.
No estoy seguro de cómo puedo mejorar las cosas o si debería siquiera pensar en eso solo porque me dio el mejor sexo de mi vida.
Es solo sexo.
Yulian y yo siempre estaremos a años luz en todos los demás aspectos. Sin mencionar que tenemos imperios extremadamente diferentes que estamos destinados a heredar.
Y, sin embargo …
Giro la cabeza y lo observo dormir: sus labios entreabiertos, su boca rozando mi garganta, sin llegar a besarme, pero lo suficientemente cerca, un rastro de saliva humedeciendo mi piel. Y me molesta que no me parezca asqueroso.
Si acaso, mi pene se agita al sentir su boca, su cuerpo, su miembro presionado contra el mío.
La verdad no me importa que me duela todo, y a él seguro que también. No sé si se supone que debíamos hacerlo dos veces seguidas así en nuestra primera vez, pero supongo que no habría podido evitarlo, aunque hubiera querido.
Mi teléfono vibra en la mesita de noche, desviando mi atención de la cara somnolienta de Yulian.
Haciendo todo lo posible por no moverme demasiado, alargo la mano para recogerlo y me detengo al ver el mensaje de Lidya recordándome que hoy tengo que ir a su combate de boxeo.
Claro.
Tengo que volver a Estados Unidos.
Y, sin embargo, una profunda sensación de renuencia se apodera de mí.
Siempre he usado la inevitabilidad de mis vuelos de regreso a casa como una oportunidad para escapar y, lo más importante, para poner algo de distancia entre mí y esta atracción fatal hacia Yulian, para pensar y encontrar mejores soluciones.
Pero ahora, no soporto la idea de separarme de esta masa de músculos y calor.
Aunque probablemente debería hacerlo.
Ya me saqué el sexo de encima, así que esto no debería ser difícil.
En realidad, no, no lo he sacado de mi sistema.
Si acaso, la primera vez solo me dejó con ganas de más.
Siento que me he estado perdiendo los grandes placeres de la vida que se manifiestan en el hermoso cuerpo de Yulian .
A pesar de las cicatrices, es la perfección humana. Abdominales marcados, cintura estrecha y piernas largas y musculosas que se extienden por kilómetros.
Es lo que las estatuas de mármol desean alcanzar, y odio —desprecio absolutamente— la idea de que otros también puedan ver este lado de él.
Quizá esa idea irracional de secuestrarlo que tuve anoche no era tan mala después de todo…
La puerta se abre con un clic y me pongo tenso. Yulian dijo que nadie puede entrar en su habitación si él no lo invita, así que ¿quién diablos...
Mi mandíbula se tensa en el instante en que Cyrus entra como si fuera el dueño del lugar, su mirada se cruza con la mía, fría e inmóvil.
Siempre ha tenido una forma de sacarme de quicio. No estoy seguro de sí se trata de su apariencia, su expresión o su forma de comportarse. Quizás las tres cosas.
En realidad, es porque siempre está acechando junto a Yulian como una sombra molesta.
Lo observo de cerca por primera vez desde el campamento.
Su cabello es de un rubio platino pálido, aún húmedo por la ducha, con mechones que le caen demasiado ordenados sobre la frente.
Su rostro es anguloso, con pómulos marcados y una boca que parece haber olvidado cómo mantener una expresión sincera.
Sus ojos son lo más extraño: tienen forma de los de Asia Oriental, pero son de un tono gris tan pálido que parecen desprovistos de vida, casi metálicos.
Y luego está esa curiosa cicatriz, una delgada línea que se extiende justo por encima y por debajo de la comisura de sus labios, antigua pero quirúrgica, como si alguien hubiera querido marcarlo de forma permanente.
Me pregunto qué habrá pasado ahí.
Por más que haya indagado, no he podido encontrar n ada sobre el pasado de Cyrus. Sigue siendo una variable peligrosa de origen desconocido.
Su mirada se detiene en la maraña de extremidades: Yulian recostado sobre mí como si fuera su cama personal. Mi mano se aprieta alrededor de la espalda de Yulian, la posesividad inunda mis venas mientras miro fijamente a Cyrus, la advertencia silenciosa es clara: aléjate.
Me alegro de que Yulian esté cubierto, porque le sacaría los ojos a Cyrus por haberlo visto desnudo —lo cual probablemente haya hecho a lo largo de los años, así que tal vez debería sacárselos de todos modos.
Arquea una ceja, pero permanece en silencio, estudiando la escena con la fría precisión de un francotirador que calcula la distancia. Su mirada no contiene malicia, solo frío cálculo.
Cyrus siempre ha conocido a Yulian, ha estado a su lado desde siempre, y lo odio por eso.
Simplemente no me gusta . No me importa si eso me hace parecer irracional.
Señala hacia afuera con el pulgar, probablemente queriendo hablar conmigo, y luego desaparece, dejando la puerta entreabierta.
Lo último que quiero es hablar con Cyrus, y desde luego no quiero dejar a Yulian cuando hoy me siento un poco territorial y combativo.
Pero tengo que irme mientras aún es temprano.
Desprendo los dedos de Yulian de mi cintura y él suelta un largo gemido, abrazándome con más fuerza.
Mierda, es adorablemente pegajoso.
Le aparto la mano y me escabullo de la cama lo más silenciosamente posible, sintiendo ya una sensación de vacío sin su peso sobre mí.
Mi ropa está tirada por todo el piso —otra cosa que nunca haría excepto cuando Yulian está cerca— y me la pongo en tiempo récord antes de dirigirme a la salida .
Me detengo con la mano en el pomo de la puerta y echo una última mirada al cuerpo dormido de Yulian, sintiendo una sensación de inquietud en el estómago mientras salgo y cierro la puerta en silencio detrás de mí.
Cyrus está de pie junto a la habitación, con los brazos y las piernas cruzados, su expresión tranquila e indescifrable como siempre. Supongo que refleja la mía, en cierto sentido.
—Tienes que irte antes de que se despierten los demás —dice sin mostrar emoción alguna.
Asiento con la cabeza. Ayer logré entrar colándome con los repartidores, así que si me descubren hoy sería un desastre.
—Sígueme. Te llevaré por la entrada trasera. —Empieza a caminar, sin esperar a ver si acepto o no su oferta.
Me pongo a su lado mientras caminamos en silencio por los pasillos empapelados y el desorden general de la noche anterior.
—¿Sabías que estaba aquí? —le pregunto mientras atravesamos un largo pasillo, con voz baja pero firme.
Me lanza una mirada fugaz.
—¿Por qué lo supones?
—No te sorprendiste cuando entraste.
—Me encuentro a Yulian follando todo el tiempo. No es gran cosa.