Hunt The Villain 22 #3
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22 #3

Mierda, nunca hubiera pensado que ser penetrado con los dedos me provocaría escalofríos por la espalda. Se me curvan los dedos de los pies, un estremecimiento recorre mi torrente sanguíneo.

—Estás recibiendo mis dedos tan bien. —Me da un beso suave y tembloroso en el bíceps, abrazándome con fuerza—. No puedo esperar a tener mi pene dentro de ti, Volchonok. Creo que me voy a correr solo de pensarlo.

—Hazlo —suspiro.

—Todavía no. Necesito prepararte como se debe...

—Solo hazlo. —Me empujo hacia atrás y me encuentro con su mirada mientras guío su pene entre mis piernas—. Fóllame, Vaughn. Arruíname.

Se muerde el labio inferior, succionándolo hacia dentro.

—No quiero hacerte daño.

Dios, es tan jodidamente adorable.

—Puedo aguantarte —le susurro—. Vamos, no me vas a romper, te lo prometo.

Saca los dedos y yo alineo su pene goteante con mi agujero.

—Si se vuelve demasiado, dímelo...

—Cállate y fóllame, bebé. —Enrosco mis piernas alrededor de él, clavándole los talones en las nalgas.

Besa uno de mis brazos, que tengo envuelto alrededor de su cuello, mientras da un ligero empujón con las caderas.

Mi respiración se entrecorta al sentir el ardor. Es la primera vez que me follan y Vaughn es ridículamente enorme, así que duele como el carajo, a pesar del lubricante y todo.

Respiro a pesar del dolor, con el aire entrecortado y a trompicones.

Vaughn se detiene, apoyándose en sus brazos, con las venas de las sienes hinchadas y brillantes por el sudor. Y me doy cuenta de que se está conteniendo, porque también está exhalando aire por la nariz.

—¿Estás bien? —jadea, con los músculos tensos bajo la piel. Porque está luchando por quedarse quieto, me doy cuenta.

Porque no quiere hacerme daño.

Mierda, creo que me estoy derritiendo.

—Sí —exhalo.

—¿Seguro?

—No te atrevas a parar.

—Oh, gracias a Dios. Creo que me moriría si me pidieras que pare. —Me besa el brazo varias veces, con un toque reverente—. Estás tan jodidamente apretado y caliente y.... perfecto . Tu puto agujero se siente tan jodidamente bien.

—¿Qué tan bien?

Da otro empujón con las caderas, metiéndomelo unos centímetros más, estirándome de una forma tan dolorosamente buena.

—Como el mejor lugar en el que he estado.

—¿En serio?

—Mmm.

—Me encanta sentir cómo tu pene me estira, cariño.

—¿Sí?

—Sí. Eres el único al que dejaría que me follara.

—Oh, carajo. —Eso lo excita mucho, porque ahora se mueve con embestidas superficiales, su respiración pesada, mezclándose con la mía.

—Dilo otra vez —me ordena entre gemidos.

—¿Decir qué? —me cuesta articular, con el corazón latiéndome tan fuerte en los oídos.

—Que soy el único que te folla.

—Eres el único que me folla, cariño.

—Mierda. Eres tan jodidamente hermoso que siento que me voy a correr dentro de ti como un preadolescente.

Me río, pero la risa se me apaga, porque él está metiéndose más, casi hasta el fondo, y estoy a punto de explotar.

De verdad. Creo que subestimé lo enorme que es este hijo de puta. Me está rompiendo el culo y moldeándolo para que se adapte a él.

Y yo se lo voy a permitir totalmente.

—No te rías. No coquetees. No le sonrías a nadie más que a mí, Volchonok. —Gruñe, jadeando mientras se obliga a permanecer quieto.

Lo hace cada vez que se empuja hacia adentro, dándome tiempo suficiente para adaptarme a él.

Pensaba que era considerado durante el sexo —un poco, no me juzgues—, pero Vaughn me está dando una buena competencia.

Una gota de sudor cae de su barbilla sobre mi labio y saco la lengua para lamerla.

—Solo si eres mío, Mishka.

—¿Y tú serás mío?

Asiento con la cabeza, clavándole los talones aún más en el trasero.

—Soy tuyo si tú eres mío.

—Mierda. —Sus caderas se sacuden al llegar al fondo, y un gemido de deseo se escapa de sus preciosos labios—. ¿Estás... bien?

—Sí.

—Ahora te voy a follar, Yuli. Siento que voy a morir si no lo hago... —Me penetra con renovada intensidad.

Mi culo se estira, acomodando su longitud, y mi pene se vuelve grande y pesado, chispas que me encienden con cada roce de su estómago contra la piel sensible.

—Me estás volviendo loco —suspira, golpeando un punto sensible dentro de mí que me hace correrme un poco.

—¿De verdad?

—Sí... —Su cuerpo se tensa, las venas de su cuello se hinchan—. Quería tomármelo con calma, pero no puedo luchar contra el impulso de poseerte. No puedo ir despacio. Ni siquiera puedo pensar.

—Bien. No deberías estar pensando cuando estás follando.

Suelta una risita y yo lo atraigo más hacia mí.

—Más. —Lo miro fijamente a sus hermosos ojos—. Fóllame fuerte, cariño.

—Dios santo, vas a ser mi perdición.

Me río, y el sonido termina en un gemido, porque él sigue golpeando ese punto una y otra vez.

Maldita sea.

Mierda.

La cama cruje, golpeando la pared con cada potente embestida. Estoy tan cerca de llegar que creo que voy a desmayarme.

—¿Sientes eso? —gruñe—. ¿Sientes cómo tu trasero se aprieta alrededor de mi pene?

—Mmm.

—Eres lo mejor que me ha pasado nunca. No quiero salir nunca de tu hermoso trasero.

Dejo caer mis piernas sobre sus muslos y escupo en mi palma, que aún brilla con lubricante, luego le tiro de una nalga con una mano y le acaricio el ano con la otra, con mis dedos explorando su entrada.

Se tensa un poco, respirando con dificultad, pero no deja de follarme profundo y fuerte.

—¿Qué estás haciendo?

Presiono mi dedo medio dentro de él, tarareando cuando se aprieta a mi alrededor.

—¿Te molesta?

Niega con la cabeza, enloqueciendo mientras empujo dentro de su pequeño y apretado agujero, curvando mi dedo solo un poco.

—Oh, mierda —gime—. ¡Me voy a correr, mierda!

—Sí… Córrete para mí, bebé.

Vuelve a dar en ese punto.

Estoy tan cerca que ni siquiera necesito la fricción contra mi pene.

Mientras Vaughn se estremece y su calor llena mi interior, exploto, derramándome sobre su estómago mientras mi espalda se arquea en violentas sacudidas.

Me han follado por primera vez, me han marcado por primera vez, pero en lo único en lo que puedo pensar es en el gemido gutural de Vaughn que llena mis oídos, y en todo mi ser que está en sus manos.