22 #2
Mis palabras se disuelven en un gemido cuando él estrella su boca contra la mía, chupando mi lengua, con su mano agarrándome el cabello.
Un sabor metálico explota en mi boca, y no estoy seguro de sí es su sangre o la mía. Tampoco me importa, porque Vaughn acaba de ponerme un apodo.
Volchonok .
Pequeño lobo.
El beso es un caos: sonidos que chocan, extremidades enredadas. Es una pelea, un castigo y un hambre que nos consume a ambos.
No puedo soltarlo, y él tampoco. Sus manos están por todas partes: una mano me sujeta la garganta, la otra recorre sin descanso desde mi cabello hasta mi pecho y mi cintura.
Extiendo la mano entre nosotros y le desabrocho los pantalones, lo que nos hace gemir a los dos cuando nuestros penes duros se rozan a través de la tela.
Mierda.
Parece que no soy el único a quien le excita la lucha erótica. Pero, de nuevo, todo en Vaughn rezuma encanto sexual.
Puede fruncir el ceño y yo estaré listo para correrme en mis pantalones.
Lo deseo tanto.
No creo que haya querido a nadie tanto como quiero a Vaughn. Demándame.
Me tiembla un poco la mano mientras me desabrocho los jeans. Nuestros penes se tocan a través de la delgada capa de nuestros bóxers, y así, sin más, estoy goteando vergonzosamente sobre el mío.
—Te sientes tan jodidamente bien, bebé —le susurro contra los labios, quitándole la camisa por la cabeza y tirándola a un lado.
—¿Qué tan bien? —su susurro vacila un poco mientras me arranca la camisa, casi rasgándola.
—Tan bien que voy a estallar.
—¿Tan bien que no vas a mirar a nadie más que a mí?
—Mmm —es el único sonido que puedo emitir, porque ahora que mi camiseta está fuera, esparcida en algún lugar junto a nosotros en el piso, puedo ver claramente su pecho cerniéndose cerca de mí.
Maldita sea .
Sabía que estaba bien formado, pero no me esperaba esto. Cada línea muscular está definida, su pecho es liso, con cicatrices solo en unos pocos lugares, a diferencia del mío, marcado como un campo de batalla.
Su mirada se clava en mí, frunciendo el ceño más con cada segundo, sin duda por lo que ve grabado en mi piel.
Entonces sus manos se deslizan sobre mí, acariciando cada línea cicatrizada con un roce lento e implacable de sus dedos. No es tan vacilante como la primera vez que me tocó, pero aún hay un toque de exploración, como si me estuviera conociendo cicatriz por cicatriz.
No siento ningún tipo de humillación, porque se me hace agua la boca al ver su pecho desnudo.
Me levanto sobre los codos y le lamo el pectoral, pasando la lengua por su pezón marrón claro antes de morderlo. Con fuerza.
Él gruñe, con ambas manos agarrándome por la cintura.
—Mierda.
—¿Te gusta, cariño?
—Sí.
—Déjame probar el otro pezón. No podemos dejar que se sienta excluido. —Deslizo mi lengua, frotándola por todo su pezón duro, luego lo muerdo y lo chupo.
Vaughn se estremece contra mí, y cuando su gruñido ronco resuena a mi alrededor, creo que me corro un poco.
No ayuda que siga acariciando mi pene con el suyo, la fricción enloquecedora que me llega directamente a la cabeza.
Se incorpora lo justo para quitarse los pantalones y los bóxers, y los lanza a un lado junto con los zapatos, antes de volverse hacia mí.
Levanto las caderas para ayudarle a quitarme los míos, y mis tenis se esparcen por el suelo.
Aun así, no lo suelto y sigo chupando, mordiendo y rozando con los dientes sus pezones perfectos, deleitándome con sus pequeños gemidos de placer .
Podría quedarme aquí para siempre, por favor y jodidamente gracias.
Inmediatamente cambio de opinión cuando él tira mis pantalones y mis bóxers.
Porque ahora, nuestros penes se tocan, y estoy chorreando por todas partes.
—Estás haciendo un desastre —reflexiona, con voz ronca y grave, teñida de asombro.
—Tú me haces eso. —Me empujo contra él y él deja escapar un gruñido ronco.
—Quédate quieto.
—No puedo. —Lo hago de nuevo, frotando mi pene adolorido contra el suyo.
Esta vez, envuelve con ambas manos nuestros miembros, presionando nuestros penes uno contra el otro.
—Te lo dije. Quédate quieto.
—Mmff —gimo contra su pecho, echando un vistazo a sus manos sobre nuestros penes.
Lo estoy empapando con mi líquido preseminal, pero el suyo también brilla en la punta, ambos venosos y enérgicos. Veo destellos del tatuaje en la parte interna de su muslo, pero no puedo observarlo bien mientras nos frota con rudeza, usando el líquido preseminal como lubricante.
—Mierda, cariño. Te estás poniendo tan duro —gimo, envolviendo su mano con la mía, guiándolo para que nos masturbe más rápido.
—Eso es porque estás haciendo un desastre. —Sus palabras son susurradas, cargadas de deseo, y me están volviendo loco.
Vaughn está tan consumido por el deseo que siente por mí que ni siquiera puede mantener los ojos abiertos.
Yo hice eso.
Yo.
Observa con los ojos entrecerrados mientras levanto su mano hacia mi cara, sin apartar la mirada mientras escupo en su palma.
—Ese es el verdadero desastre, cariño. Úsalo para ponernos bien húmedos.
Espero que se resista a eso, considerando lo recatado y correcto que es, pero sus fosas nasales se dilatan mientras escupe en su propia palma, mezclándola con la mía mientras nos masturba más bruscamente, más fuerte.
Toda mi sangre se precipita hacia mi entrepierna.
—Ahh, carajo. Tu mano se siente tan bien.
—¿Sí?
—Sí. Y tú pene también. Está palpitando tanto.
—No puedo... evitarlo.
—Me voy a correr.
—Todavía no. Solo te vas a correr cuando esté enterrado bien adentro de ti, Yulian.
—Oh, carajo. Me encanta el lenguaje obsceno. ¿Me vas a reordenar las entrañas, bebé?
—Te voy a follar tan fuerte que nunca pensarás en nadie más que en mí. —Me aprieta la coronilla y mis ojos se ponen en blanco.
Olvídate de mí necesidad de fallármelo. Dejaré que este hijo de puta me haga lo que quiera. Incluso le ofreceré mi culo.
Todo está sobre la mesa si se trata de Vaughn. Puede pedirme que salte, y yo le preguntaré qué tan alto.
Puede joderme en todos los sentidos de la palabra, y aun así volvería por más.
Es una obsesión.
Una maldición.
Llámalo calamidad.
Vaughn suelta nuestros penes, y yo suelto un gruñido de protesta.
—¿Por qué te detuviste?
—No voy a follarte por primera vez en el piso.
Y entonces este tipo, más delgado que yo en todos los sentidos, me rodea la cintura con un brazo y simplemente me levanta .
Yo , todo masa y músculos.
Me tira a la cama como si no pesara nada, se acomoda entre mis piernas y rebusca en mi cajón lateral. Un momento después, saca un puñado de condones y arquea una ceja.
Levanto una mano en señal de rendición.
—Estoy sano y soy negativo. Siempre follo con condón.
Los examina un rato, maravillándose de la variedad.
—¿Cuál quieres que use?
Niego con la cabeza.
—Sin condón. Quiero sentir tu piel contra la mía.
Sus labios se entreabren y unos cuantos condones se le caen de las manos sobre la cama.
—A menos que no confíes en que estoy sano...
—Cállate, Yulian. —Tira los condones a un lado y vuelve a rebuscar en el cajón hasta que saca un tubo de lubricante.
Me limito a observarlo mientras se inclina sobre mí, hipnotizado, sintiendo cómo me estoy enamorando en medio de la perspectiva de que me follen por primera vez.
Probablemente debería estar teniendo una crisis sexual por eso, ya sabes, por perder mi virginidad anal esta noche.
Quizá debería resistirme.
Intentar engañarme a mí mismo para creer que no quiero esto.
Pero, por otro lado, dejaría que Vaughn hiciera lo que le diera la gana con mi cuerpo.
Así soy yo, alguien que complace a Vaughn en lugar de complacer a la gente.
Cy me llamaría patético, pero Cy es un idiota sin nada de inteligencia emocional, y definitivamente no ha tenido este tipo de conexión tóxica con Vaughn.
El único hombre con el que pensé que nunca tendría un a.
Pero la tengo.
Cuando Vaughn me mira, sonrío, ampliamente.
Frunce el ceño.
—No sonrías así delante de otras personas.
— ¿ Tan posesivo eres conmigo, cariño?
—Cállate. —Exprime una generosa cantidad de lubricante en su mano, se echa hacia atrás sobre sus rodillas y lo frota con cuidado sobre mi ano.
El gel frío se calienta al instante al combinarse con su tacto. Abro más las piernas, dándole más acceso.
—Dime si te hago daño. —Su voz apenas conserva una apariencia de normalidad, con su pene caliente y pesado entre nosotros.
—No lo harás —susurro, sintiendo cómo me invade mi propio deseo.
Vaughn exhala un suspiro agudo mientras desliza su dedo medio dentro de mí.
Mi cuerpo cede sin dudar.
Pensé que dejar que alguien me tocara así se sentiría extraño, incluso incómodo, pero es tan natural, tan vertiginoso, como ese primer beso en sus labios.
—Mierda, estás tan apretado. —Sus ojos brillan mientras empuja lentamente—. ¿Te gusta?
—Mmm. Todo lo que haces me da gusto.
—¿Les dices eso a los demás, Yulian? —Su voz se vuelve más grave mientras añade otro dedo y me deja adaptarme—. ¿Los dejas ver esta expresión en tu rostro?
¿Qué expresión?
No llego a preguntarlo porque él vuelve a moverse, empujando al principio con un ritmo lento, y luego penetrándome con fuerza. Me aprieto alrededor de sus dedos mientras oleadas de placer tensan mis abdominales .
Mi columna vertebral se endereza de golpe mientras un deseo que nunca había experimentado se extiende por mi cuerpo, y mi pene se pone tan duro que me duele.
Con las manos temblorosas, echo lubricante en la palma y masturbo el hermoso pene de Vaughn desde la base hasta la punta.
Sus músculos pectorales se tensan y se contraen mientras empuja más profundamente contra mi mano.
—Me estás apretando los dedos.
—¿Te gusta?
—¿Que si me gusta? —gime con un gemido profundo en la garganta—. Apenas puedo mantener la cordura, Yuli.
Vuelve a acelerar el ritmo, moviendo sus dedos dentro de mí, trabajándome y estirándome tan bien.
Mi corazón retumba en mis oídos con cada embestida, cada respiración entrecortada que suelta.