CAPÍTULO 12 – NOAH
El pinchazo que le asesté antes de salir de la casa del terror hizo su cometido, sentí el peso de su cuerpo sobre el mío conforme avanzábamos al coche y, pocos minutos después, se quedó dormida apoyando su cabeza en mi regazo, su cuerpo está exhausto.
Me he pasado la mayor parte del trayecto acariciando su pelo sucio y enmarañado hasta que llegamos a casa.
***
Camino con ella en brazos, mientras avanzamos por el sendero que bordea la orilla del lago. El agua está negra y en calma por la noche, reflejando la silueta de la vivienda. La madrugada es fría, pero a mí me está ardiendo la sangre.
—Aún le cuesta respirar, Noah —la voz de mi hermano Caleb llega por mi espalda, baja, tensa, totalmente desprovista de la arrogancia de hace unas horas.
—Es por el puto humo, a Zane se le ha ido de las manos —respondo sin detenerme, apretando su cuerpo contra mi pecho.
La palabra —amor— me parece una estupidez ridícula para hombres como nosotros, una debilidad de la que siempre nos hemos reído. Pero ahora, cuando miro a Zoey, sé que es mi punto débil mezclado con algo más retorcido y peligroso; una necesidad visceral de posesión.
Esto comenzó como una venganza. La hija de Blackwell era el trofeo perfecto, la pieza que usaríamos para cobrarnos todo lo ocurrido en el pasado. Porque ella también fue culpable, al menos en parte.