Hunt me CAPÍTULO 8 - EL MONSTRUO
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CAPÍTULO 8 - EL MONSTRUO

​El silencio de esta casa es absoluto. Llevo horas sentado en el sillón de su padre, observando cómo la luz de la mañana empieza a colarse por las rendijas de la persiana mientras mi mano se mueve de forma mecánica.

Clac. Clac.

El sílex de mi Zippo produce chispas en la penumbra. Me gusta el sonido, es limpio y preciso, un ancla en mitad de mi cabeza que me ayuda a pensar. Hay quien prefiere cobrar las deudas con desesperación, pero yo prefiero hacerlo con calma.

En la cama, ella empieza a moverse. El efecto del relajante está desapareciendo, permitiendo que sus sentidos regresen poco a poco.

Veo cómo sus párpados tiemblan, intentando enfocar la vista en el techo y cómo un gemido exhausto se le escapa de los labios al descubrir que no está sola.

No me muevo, solo ladeo la cabeza, contemplando la camisa desabrochada y el temblor que le recorre los muslos desnudos.

—Puff... —murmura, dejando caer la cabeza contra la almohada mientras se limpia con el dorso de la mano el hilo de sangre seca de la barbilla. Le quité las bridas en cuanto se quedó dormida—. Ya me da hasta pereza luchar contigo. ¿No te cansas nunca?

Me quedo callado, observándola. Me pregunto qué estará pensando en este momento, si sentirá miedo o excitación al verme aquí, en su habitación, mirándola mientras duerme. ¿Recordará lo que ha pasado? ¿O todo estará borroso y confuso en su mente?