Hunt me
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PRÓLOGO - CALEB
El ladrillo visto de la pared está frío como el granito.
La humedad del sótano sube por los cimientos de la prisión provincial, empapando el cemento y dejando un rastro permanente de salitre que huele a moho y a condena.
Nueve años encajado en este cubículo de tres por dos.
Dos mil trescientos veintiocho días respirando el aire viciado que sueltan trescientos hombres encerrados.
Tengo veintiocho años, llegué aquí con solo diecinueve, con las manos manchadas de sangre y la boca llena de una rabia que los guardias se encargaron de limar a base de manguerazos de agua helada y noches en aislamiento. Hoy ya no me queda rabia, solo venganza.
El sonido de las botas de los guardias rompe el murmullo lejano del pasillo.
Uno de ellos se detiene al otro lado de los barrotes.
No usa linterna; conoce la galería de memoria.
Es un hombre de cuello ancho, cara marcada por las arrugas y los ojos siempre desorbitados por el miedo a que me acerque a él más de lo necesario.
Sabe lo que me debe, sabe exactamente cuántos sobres de dinero negro y sucio han pasado por sus manos y qué pasaría si la mitad de la documentación sale de mi celda.
—Sinclair, tengo un mensaje —murmura Miller, pegando la boca al acero. El aliento a tabaco rancio y café frío atraviesa la celda—. Ella ha vuelto.