Hotel Noir Epílogo (Halloween El final)
100%

Epílogo (Halloween El final)

KYE

Un año después

—Corre, corre, que hoy es tu día favorito del año —dijo Foster separando su cuerpo desnudo del de Kye, que, perezoso, se estiró en la cama sin intención de levantarse.

—Ya, como si te emocionara Halloween. No me engañas. Estás emocionado porque queda un día menos para el gran estreno del documental que te catapultará a la fama como el puto visionario que eres.

—Y en cuatro días, el concierto; el gran comeback , como lo están llamando los medios —dijo Foster ya en pie y rebosante de energía—. Lleno total. Sorpresas que nadie espera. Locura.

A pesar de que la emoción era contagiosa, Foster tuvo que tirar de él para levantarlo de la cama; y, una vez lo tuvo a su lado, le dio un beso que lo único que logró fue que quisiera volver a tumbarse con él; igual de pegados, igual de desnudos y sin ninguna prisa.

—Vaya semanita —refunfuñó Kye al ver que su deseo no se haría realidad—. ¿Tenía que pasar todo a la vez? Es como la semana de catastróficas desdichas que lo inició todo. Pero al revés. Lo cierto es que esto es todo bueno.

—La semana de catastróficas desdichas que nos unió —dijo Foster simulando un escalofrío y tirando de Kye hacia el baño—. Aún recuerdo tu cara cuando empezamos a leer las noticias aquella noche; el bebé abandonado, el incendio... Pero no lo llamaste así, ¿qué dijiste?

—Que era el efecto dominó del mal.

—Lo que aprendo contigo.

Kye lo siguió, agarrado a su mano, con los dedos entrelazados, y esperó a que abriera el grifo de la ducha. Foster colocó la otra mano para comprobar que el agua caliente estaba a la temperatura que les gustaba y se giró para agarrarlo por la cintura y mirarlo con adoración.

—Quién nos iba a decir que ese bebé sería Miles.

Fue el turno de Kye de estremecerse. Habían encontrado el cuerpo unos meses atrás; no había duda de que estaba muertísimo, y las pesadillas ya casi no hacían acto de presencia, pero, de vez en cuando, su figura en sombras y su voz aún se proyectaban en sus peores sueños.

Y en los de Foster. Su chico no estaba libre de terrores nocturnos.

Pero se tenían el uno al otro. Y lo solucionaban juntos; hablando frente a un café bien cargado, tapados con mantas que les devolvían el calor que necesitaban y con abrazos.

Muchos abrazos. De esos que te calentaban el alma y alejaban los sonidos de faxes y coches que conducían solos con un cuerpo inerte en el maletero.

Sí, tenían pesadillas de diversa índole, pero con el mismo protagonista. Al menos Kye ya no se ahogaba en el fondo del río. O no de forma tan habitual.

Se metieron juntos en la ducha, más pequeña que la que tenían en el apartamento de Foster, donde vivían varias semanas al mes, alternando el hotel con Vancouver. Se besaron, se enjabonaron y se lavaron el pelo el uno al otro. Tranquilos, planeando sus disfraces de esa noche, riéndose.

—Aunque no me creas —le dijo Foster una vez salieron, mientras se secaban—, me hace mucha ilusión lo de esta noche. Una fiesta de Halloween sin riesgos de muerte. Suena a fantasía hecha realidad.

—Sin duda es un plus. Y podemos recrear el fin de fiesta en las escaleras sin problema. Sin la parte del ataque de pánico, a ser posible. ¿El resto de lo que pasó esa noche? No seré yo quien se oponga —le contestó Kye, dedicándole una sonrisa en el espejo.

—¿Crees que vendrá Jon?

Kye negó con la cabeza y sonrió.

—A la fiesta de hoy no; pero al estreno de mañana sí.

Me ha mandado un mensaje. En el que por cierto también me ha pedido que no le hables mucho del nuevo documental que quieres hacer con él como protagonista, que le des unos días.

« Porfavortelopido , Kye», me ha dicho con esa urgencia suya. «Mantén a tu novio lejos».

—Ya, me lo ha dicho Oz —dijo Foster en una especie de puchero adorable—. A él también le ha pedido que me controle.

—¿Tu mejor amigo Oz? —Fue el turno de Kye de fingir indignación—. Echo de menos lo del sarcástico motorista fantasma.

—No es mi mejor amigo, mi mejor amigo eres tú.

—Lo dijo como si aquella declaración no fuera una piedra preciosa reflejando la luz en cada una de sus aristas y cegándolo de felicidad—.

Pero con todo lo que hemos pasado este último año…

No sé. He llegado a conocerlo y, aunque muchas veces me pregunto qué haces conmigo habiendo estado con alguien como él, no puedo evitar admirarlo y quererlo un poquito.

Foster se colocó detrás de él y le rodeó la cintura con los brazos. Se quedaron mirándose en el espejo; primero con tiernas sonrisas, luego, cuando Kye habló, con la seriedad que requerían sus palabras.

—No vuelvas a hacerte semejante pregunta.

Estoy contigo porque eres la mejor persona que he conocido y lo eres a pesar de que toda la vida te han dicho que no valías una mierda.

Estoy contigo porque te quiero con locura, porque quererte es lo más fácil que he hecho en mi vida, porque, salvo por un par de días de negación, me enamoré de ti en semanas y lo hice porque eres protector, sincero, honesto, divertido y guapísimo.

Porque empezaste a ver y leer terror por mí, porque me animas a escribir cada día, porque me levantas cuando caigo y me alzas hasta lo más alto, porque hacerlo no te supone un esfuerzo.

Porque antepones a los demás en lugar de a ti mismo, porque has sabido perdonar a tu padre y darle una oportunidad a pesar de todo y porque encima estás logrando sacar beneficio de ello, porque eres listo e intuitivo a rabiar, porque, como decía tu madre, tienes la vista limpia.

—Yo…

—No he terminado. —Kye levantó la mano, la llevó hacia atrás y le puso un dedo en los labios, callándolo—.

Te quiero porque brillas, porque flotas, porque si estás tú en el mundo todo es mejor, porque me aguantas mis bajones y mis cabreos, pero no me dejas pisarte, porque no mereces que nadie te pise nunca.

Porque eres carismático, inteligente y admirable; y porque haces las mejores mamadas de la historia.

Porque me has enseñado que el orgullo de ser no es público, que se puede amar sin gritar que amas, y, aun así, has gritado al universo que me quieres y te has desnudado ante un público que podría haberte rechazado.

Has enfrentado tus miedos por mí y has espantado los míos a golpe de besos y risas.

Eres el mejor compañero que alguien podría desear y no te pienso soltar nunca.

Foster lo hizo girar y le comió la boca con un ansia que cualquiera diría que se habían pasado la noche entera haciendo el amor.

—Después de tan bonita declaración —dijo Foster con los ojos visiblemente emocionados—, procede a vestirte, por favor; porque, si no, nunca saldremos de este baño y tenemos unos trajes de vampiros que ponernos.

—Y esta vez sí lo son, porque el Halloween pasado ibas de Prince.

Ambos se dirigieron al armario que compartían y sacaron los trajes que habían colgado allí la noche anterior.

—Vamos a estar guapísimos —dijo Foster mirando el suyo—. Los mejores anfitriones del primer gran tour de Halloween del Hotel Noir. —Le dio un beso en la nariz—. Y de la cena temática posterior cortesía del gran chef Dean Walker.

—Bueno…, cortesía… Va a cobrar una millonada por el menú.

—Es muy buen cocinero; en la Casa Azul lo han formado de maravilla.

—Cuando termine del todo su formación, será el chef principal del hotel, ya está decidido. Para total alegría y alborozo de mi hermanita.

—Venga, alborozo; ropa de Anne Rice primero o te como entero —le dijo con una mirada sugerente que a Kye le puso el vello de punta—. Mañana, estreno de Queer Project: legado mortal, y tres días después, concierto de Queer Project. Luego…

—No lo digas.

— Luego… podremos seguir investigando y rodando Queer Project 2 .

—¿Por qué creí que todo acabaría con Queer Project 1 ?

—¿Lo creíste de verdad? —preguntó Foster con una sonrisa y una ceja alzada antes de dejarle un camino de besos desde la clavícula hasta el pezón derecho.

Kye gimió.

—Lo cierto es que no. Sabía que investigarías la muerte de tu madre, y que no te habías quedado tranquilo con lo del Pastor.

—Kye alzó la vista y lo miró con seriedad durante unos segundos, a pesar de la excitación que en esos momentos se apoderaba de él—.

Lo que no sabía era que yo querría hacerlo contigo sin ahogarme en el miedo.

—Eres un puto valiente. Te lo dije desde el principio: somos Rust y Marty en True Detective , somos Ed y Lorraine Warren, somos…

—Calla, que ahora sabes mucho y puedes estar horas diciéndome parejas. Y tenemos prisa —le dijo Kye con una sonrisa, sujetándole la cabeza contra su pecho y contradiciendo así sus palabras.

—Somos Vic McQueen y Maggie, somos Bill Hodges y Holly Gibney, somos…

—Somos todo. Juntos somos todo. Y con todo podemos. Incluso con lo más aterrador.

FIN