Hotel Noir
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Prólogo
Supo que iba a morir. La consciencia lo abandonaba de la misma forma que el sueño se apodera de un cuerpo exhausto.
Trató de respirar, de aferrarse a la vida en un último aliento.
Tenía las manos atadas, algo en la boca que le impedía gritar y una impotencia en el pecho que le apretaba hasta lo más intangible del alma.
Porque ese era el fin de su historia y la desesperación le inundaba el cuerpo.
Se le habían quedado tantas cosas por hacer y decir; tantos besos sin dar; tantas risas atascadas en la garganta…
«Te quiero», pensó. «Ojalá te lo hubiera dicho antes, cuando aún tenía tiempo».