Hôtel Métropole
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PRÓLOGO
Bruselas, octubre de 1933. La fotografía oficial del séptimo Consejo de Física Solvay no parece preparada con esmero.
Los cuarenta y un participantes se apiñan en varias filas tras una alargada mesa en ángulo, atestada de papeles y documentos de trabajo.
El fotógrafo ni siquiera se ha molestado en retirar cuatro sillas vacías que, situadas en primer plano, estropean la composición.
Aun así, la imagen da fe de la excepcionalidad del grupo retratado.
Baste decir que veinte de sus miembros han sido o serán galardonados con el Premio Nobel, lo cual incluye a dos de las tres mujeres presentes: Marie Sklodowska-Curie y su hija, Irène Joliot-Curie, quien todavía está lejos de saberlo.
En cuanto a la tercera, llamada a jugar un papel clave en el descubrimiento de la fisión nuclear, un fenómeno que cambiará el mundo, está destinada a convertirse en uno de los casos más palmarios de ninguneo del Nobel a una mujer. Su nombre: Lise Meitner.
Los presentes, conscientes o no del papel que tienen asignado en la historia de la ciencia, miran a la cámara con atención.
Todos, salvo Meitner, quien con expresión severa dirige su mirada al extremo opuesto de la sala, más allá del encuadre del fotógrafo.
¿Qué es capaz de distraerla tan poderosamente en el preciso instante en que ella y sus colegas son inmortalizados para la posteridad[1]? .