CAPÍTULO 4. HOTEL DEAR GRACE #9
—Se podría decir que sí, que me lo quitó todo, porque esos veinte millones los tenía apartados para emergencias.
—Guau... Sabía que eras muy austera, pero me sorprende lo mucho que conseguiste ahorrar.
—¿Y total para qué? Si se lo llevó todo un estafador... ¡Aj! Estamos comiendo, ¿no podemos dejar de hablar de dinero un rato?
—Ah, lo siento. Venga, come.
Después de apurar el plato a una velocidad abrumadora, Mi-hye preguntó si no podían pedir también una ración variada de morcilla. La señorita Eun-hye le dijo que contuviera aquella glotonería, pero, sorprendentemente, su madre la interrumpió.
—Estos días Mi-hye ha empezado a ir al gimnasio y eso le ha abierto el apetito.
—¿En serio? ¿Vas al gimnasio?
—Sí, va al gimnasio y a correr al parque una vez por la mañana y otra por la noche.
La señorita Eun-hye miró a su hermana, sorprendida.
—Hacer pesas es mucho más divertido de lo que pensaba —dijo Mi-hye, encogiéndose de hombros—. Si lo hubiese sabido antes, no habría hecho dieta y me habría puesto con la barra. Con la dieta perdí un montón de músculo, qué rabia.
—Guau... No tendrás pensado hacer una de esas sesiones de fotos para mostrar los músculos, ¿no?
—Eun-hye, ¿tú crees que una persona que quiere hacer eso le echaría un cuenco de arroz al caldo de huesos y pediría un plato de morcilla? ¡Con la de carbohidratos que tienen!
—Bueno, tienes razón.
Un poco después, llegó la ración de morcilla con carne variada que había pedido Mi-hye. La señorita Eun-hye pensó en mangarle unos trozos, pero, al ver la cara de determinación de Mi-hye al masticar la morcilla, propia del general Jo Ja-ryong 6 en la batalla de Changban, cambió de idea.
Mientras Mi-hye comía, la señorita Eun-hye y su madre se pusieron a ver la televisión que había en el restaurante. Los informativos del mediodía abrieron con una noticia de última hora.
—En las últimas semanas, el caso de la desaparición sin rastro de una madre y una hija captó la atención del público cuando un programa de investigación lo sacó a la luz.
En estos momentos, nos informan de que la hija desaparecida, la señorita Jeong, ha sido encontrada en una isla desierta en las cercanías del lugar donde ocurrió el accidente.
La señorita Jeong dijo no recordar nada después del siniestro; en cualquier caso, no se teme por su vida.
Conectamos con una reportera en la zona para que nos dé más detalles.
Su madre reaccionó primero.
—¡Cielos! ¡Eun-hye! ¿No es ese el caso que apareció en Preguntas sin responder ? ¡El de la desaparición de la escritora de novelas online y su madre!
—Sí, sí, ¡es cierto! ¡Así que estaba viva!
—¡Sí! ¡Todo el mundo decía que había muerto, pero sobrevivió! ¡Estaba viva! Ay, ¿qué rayos le habrá pasado? ¿Cómo acabaría en una isla desierta? ¿Y aún no han encontrado a la madre desaparecida?
La señorita Eun-hye cogió el móvil y abrió por primera vez en mucho tiempo la aplicación de novelas online .
Al pulsar sobre Al pie de la tumba, me encontré con una rosa azul que se parece a ti , en su lista de obras favoritas, vio muchísimos comentarios nuevos.
Todos felicitaban a la autora por haber regresado sana y salva.
«¡Guau! ¿Qué sucede hoy?». Si era cierto que la suerte y la buena ventura coexistían con el infortunio, entonces el día de hoy era uno muy especial, en el que las noticias que mostraban la buena fortuna llegaban una detrás de otra.
—Debido a que este caso recibió incluso la atención del papa durante su visita a Corea el mes pasado, una vez que la señorita Jeong reciba el alta y termine la investigación policial, hay una ONG católica local que se ha ofrecido a ayudarla y a buscarle un nuevo alojamiento.
Les seguiremos informando a medida que haya avances en el caso. Pasamos a la siguiente noticia.
Después de aquella copiosa comida, los nervios de Mi-hye se habían esfumado y le entró tanta modorra que durmió a pierna suelta en el coche de regreso a casa. Al detenerse en un semáforo en rojo, su madre la miró de soslayo a través del espejo retrovisor para comprobar que dormía.
—Eun-hye, he estado pensando con detenimiento en lo que me dijiste la última vez... Creo que tienes razón —susurró entonces.
La señorita Eun-hye ladeó la cabeza ante las repentinas palabras de su madre.
—¿A qué te refieres? ¿Qué te dije?
—Pues me dijiste que tenía que vivir mi propia vida.
—Ah, sí, es cierto. Mamá, ¿has cambiado de idea?
Su madre suspiró.
—Sí. Al ver a Mi-hye hoy, me sentí muy mal. Pensé que, si no le hubiese insistido tanto en que se casara, no habrían estafado así a una niña tan inteligente. Lo he estado pensando con calma y creo que lo de vuestro matrimonio era una excusa. La verdad es que me daba miedo valerme por mí misma.
—Guau, esto es alentador... Entonces, ¿qué piensas hacer a partir de ahora?
—¿Que qué voy a hacer? Lo primero, tener una charla seria con tu padre.
—¿Podrás hacerlo sola? ¿Quieres que te ayude?
El semáforo se puso verde en ese momento. El coche en el que iban aceleró gradualmente y empezó a avanzar.