CAPÍTULO 1. PRUEBA GRATUITA #9
—Ya veo. Entonces, ¿ha encontrado el sueño que quiere cumplir de verdad?
—No estoy segura —dijo la señorita Eun-hye.
Después de quedarse un rato pensando continuó—.
La verdad es que no tengo sueños grandes que puedan cambiar el mundo.
Tal como indicaban las normas de uso del hotel, es posible que haya efectos secundarios.
Por otro lado, ahora que me he dado cuenta de que incluso alguien como yo puede vivir divirtiéndose bastante, me gustaría que a otras personas también les pasen cosas que las hagan felices.
Por ejemplo, desearía que mi novela online favorita se hiciera famosa y estallase el número de visitas.
—Entonces, ¿es eso lo que desea? Después de la decisión final, no hay vuelta atrás, señorita.
—Sí. Eso quiero. También sería bueno para mí —contestó la señorita Eun-hye, despreocupada.
No era algo que tuviese un gran significado, pero tenía dos objetivos. Primero, quería disfrutar de una buena obra junto a su fandom y, segundo, deseaba que la escritora se animase a sacar pronto la segunda parte. En aquel momento no podía ni imaginar las consecuencias que tendría aquel sueño.
Despacio, la señorita Eun-hye se incorporó en la cama.
Había comido una cena deliciosa y nadado con entusiasmo; lo último que recordaba era que había ido a que May le diese un masaje, pero, después de eso, tenía la mente en blanco.
Le parecía que se había acostado en una camilla de masaje y había hablado un poco con May...
El caso era que, ahora mismo, su cuerpo se sentía liviano como una pluma flotando en el agua y, aunque acababa de levantarse, no sufría ni una sensación de neblina que la pusiese de mal humor ni agujetas.
—Guau, qué bien he dormido. ¿Qué hora es?
La señorita Eun-hye salió de la cama, rascándose la cabeza. Con cada movimiento, un delicado aroma a lavanda se desprendía de su camisón de lino. Se quedó allí de pie unos instantes, tirando de la tela del vestido aquí y allá, hasta que se echó a reír al mirarse en el espejo del tocador.
—¡Quién me iba a decir a mí que me pondría algo así! Esto es totalmente del estilo de Mi-hye.
Cuando era pequeña, a Mi-hye le gustaba vestirse como las princesas de los cuentos.
De niña, su marca personal consistía en diademas con lazos bastante grandes, vestidos con volantes, calcetines de puntilla o zapatos de charol con enormes piezas de bisutería.
Por la noche usaba un camisón y un gorro de dormir.
Incluso insistía en ello cuando tenía que quedarse a dormir en casa de algún familiar, así que siempre acaparaba las miradas de los mayores.
Bueno, realmente hasta ahí estaba todo bien, podía respetar los gustos de Mi-hye.
El problema eran los adultos.
—Pero ¡qué monísima que está Mi-hye! ¿Va a ser Miss Corea de mayor?
—¡Anda! ¿Qué tiene de bueno ser Miss Corea? Esas pasan por muchas manos. Lo mejor para una mujer es casarse con un hombre de familia rica y vivir en un palacete. Mi-hye es tan linda que podrá seducir a cualquier señorito, de eso estoy segura.
—Tienes razón, eso sería lo mejor. Eun-hye, deberías arreglarte tú también, como hace Mi-hye. No entiendo por qué una niña va con ropa tan holgada. ¿No sabes que así no les gustarás a ningún chico?
—No te metas con ella, cuando sea un poco más mayor ya adelgazará y aprenderá a arreglarse. ¿A que sí?
Al recordar aquellos tiempos, la señorita Eun-hye se hundió durante unos instantes, pero pronto sacudió la cabeza para expulsar los pensamientos sombríos. Fue entonces cuando escuchó que llamaban a la puerta.
—¿Ha dormido bien, señorita? He venido a entregarle su equipaje. —Doorbot había venido a su habitación.
Todavía no había podido comprobar la hora, pero se había despertado tras dormir como un tronco, así que no sería sorprendente que ya fuera hora de hacer el check-out .
Doorbot extendió algo en su dirección. Eran una bolsita de tela para regalo con una escultura de madera y una tarjetita. La señorita Eun-hye aceptó los regalos.
—Son de la directora.
La señorita Eun-hye abrió la tarjeta que había recibido, ladeando la cabeza.
Señorita, ha sido un honor atenderla.
Deseando que encuentre paz y felicidad, aquí le dejo un pequeño regalo que ha preparado el Hotel Dear Grace.
—Con todo mi corazón, la directora May—
—Al tratarse de regalos que ha recibido directamente de la directora, puede sacarlos del hotel, guárdelos de recuerdo.
A juzgar por el particular aroma que emanaba de la bolsita, la escultura parecía estar hecha de falso ciprés hinoki. La sacó y pudo descubrir que se trataba de una escultura de Doorbot en miniatura. Tras observarla con detenimiento, se la acercó a la nariz e inspiró profundamente.
—¡Ay, qué bien huele! ¡La forma también es preciosa!
—¿Le gusta, señorita? —preguntó Doorbot.
—¡Por supuesto! Me encanta el olor de la madera. De hecho, escogí este hotel al ver que el interior del vestíbulo estaba recubierto de madera. Los interiores de madera son poco comunes hoy en día —contestó la señorita Eun-hye con una sonrisa brillante.
—Entiendo. Sin duda, la directora consiguió construir el espacio para que tuviera un significado profundo exclusivamente para usted.
La señorita Eun-hye prestó atención a las palabras de Doorbot.
—¿Construir el espacio? ¿Quiere decir que la directora se encargó personalmente del interiorismo de este hotel?
—Sí. No se encargó solo de construir el espacio, la contratación de los robots de madera también corrió a cargo de ella.
En vez de corregir la expresión a «interiorismo», Doorbot había vuelto a repetir «construir el espacio».
¿Habría una gran diferencia de significado?
Aunque le surgió la duda, la señorita Eun-hye pensó que lo importante no era la expresión.
Su curiosidad por May, aquella increíble manitas que podía presumir de ser experta en diversos campos que no parecían tener nada en común, no había hecho más que crecer.
—¿Desde cuándo lleva abierto este hotel?
—No lo sé, señorita, a mí solo me han contratado en esta ocasión.
—¿Cómo? ¿Que lo acaban de contratar?
—Sí. Me dijeron que me necesitaban en el espacio creado para usted y la directora me destinó a este hotel.
La señorita Eun-hye ladeó la cabeza. El interiorismo, Doorbot... ¿era posible hacer una preparación de tal magnitud para recibir a una cliente primeriza que no estaba claro si podría volver una segunda vez?
—¿Dónde está la directora ahora? ¿Podré despedirme al hacer el check-out ?
—No. La directora no se encuentra en el hotel en estos momentos.
—¿Ha salido de trabajar?
—Podría decirse algo así. Veamos, en cuanto al interior del hotel, no ha solicitado ningún servicio adicional antes de dormir, y ya ha usado el servicio de sueño que influye fuera del hotel...
—susurró Doorbot, mientras sacaba un pequeño panel táctil de madera de su pecho—.
Aquí está. Solicitó el servicio de sueño con el deseo de que la novela web que le gusta, Al pie de la tumba, me encontré con una rosa azul que se parece a ti , tuviese muchas visitas, ¿verdad?
—¿Eh? Ah, sí.
Aunque no le parecía que aquel fuese un sueño lo suficientemente increíble como para dejarlo registrado.
—Bien. Con esto termina el servicio gratis del Hotel Dear Grace, señorita. Cuando esté lista para marcharse, dígamelo. La acompañaré hasta la salida.
Apenas tenía por equipaje un bolso con unos pocos objetos, así que no le llevaría mucho tiempo recoger; tan solo tendría que asearse adecuadamente y cambiarse de ropa, eso sería todo.
La señorita Eun-hye se preparó para el check-out y cogió el móvil, que estaba encima de la mesa.
Al intentar comprobar la hora, vio que todos los números de la pantalla principal estaban distorsionados.
¿Estaba así ayer? En la cámara solo se veía una pantalla negra y, por supuesto, tampoco tenía conexión a internet.
Metió el móvil en el bolsillo pensando que, al salir del hotel, tendría que buscar una tienda de reparaciones.
Salió de la habitación y subió al ascensor sin botones en el que se había montado al llegar, tras haber recibido la explicación de Doorbot sobre las normas del hotel. Después de moverse durante un rato en una dirección desconocida, la puerta se abrió.
—Ha sido un honor atenderla. —Doorbot la recibió cortésmente, bajando la cabeza.
—Yo también estoy encantada de haberte conocido. ¡Ganaré mucho dinero y volveré! —dijo la señorita Eun-hye por última vez, mientras bajaba en el ascensor.
Doorbot no respondió nada.
En el momento en el que se cerraron las puertas del ascensor, el móvil de la señorita Eun-hye empezó a vibrar sin parar en el bolsillo. Se le acumulaban avisos de llamadas perdidas, mensajes de texto, notificaciones de redes sociales y anuncios varios. Era como si lo hubiera recibido todo de golpe.
Por costumbre, lo primero que abrió fue la aplicación de novelas web para entrar en la página donde estaba publicada Al pie de la tumba, me encontré con una rosa azul que se parece a ti .
Se quedó boquiabierta. En la caja de comentarios, que normalmente tenía un par por capítulo —incluyendo los suyos— había la friolera de más de diez mil publicados.
—Uno, diez, cien, mil, diez mil... ¡¿Trece mil seiscientos trece?! ¡Increíble! ¿En un solo día?
Los dedos que agarraban el móvil se le estremecieron ligeramente.
¿Cómo era posible que una obra que había parado de actualizarse y de la que no había noticias desde hacía seis meses tuviese tantos comentarios?
Entre la alegría y el desconcierto, se apresuró a abrir la página de comentarios.
Al hacerlo, su felicidad, que surcaba los cielos, pinchó y fue bajando poco a poco.
Helllion
¿Vais a poner comentarios negativos incluso aquí? Iros a la mierda, hdp
itsrealme9101112
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vidalibredenivelF