Hotel Dear Grace
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PRÓLOGO
—¿Eh? ¿No es aquí?
La señorita Eun-hye comprobó el mapa en la aplicación de su móvil.
«Hotel Dear Grace». Marcaba claramente como lugar de destino el edificio que tenía justo delante.
Amplió la pantalla para observar el mapa desde más cerca: era el primer edificio de la callejuela en diagonal girando a la derecha después de la comisaría.
Estaba claro que había ido al lugar correcto.
—¿Dónde se supone que está el hotel?
Miraba a su alrededor una y otra vez, frente al viejo edificio comercial que parecía abandonado.
No era solo que no encontrase el antiguo hotel de madera, tampoco podía ver ningún establecimiento con las luces de los carteles encendidas y algo de actividad.
Aquel callejón miserable y vacío, carente de vida, parecía a punto de ser demolido o reconstruido por completo.
Solo le faltaba el cartel de «Deshabitado».
—¡Vaya! ¡Lo sabía! Decían que la primera estancia era gratis, ¡tenía que ser una estafa!
Un viento frío se levantó de pronto y le hizo estremecer.
La peculiar iluminación tenue de aquel callejón estrecho donde no había rastro humano alguno hacía que la sensación térmica fuese mucho más baja.
Era como si las brillantes luces de la concurrida avenida, a apenas unos metros de distancia, hubiesen sido cortadas de repente justo delante de aquel callejón.
Sintiéndose extrañamente fuera de lugar, se subió la cremallera del cortavientos.
«Por ahora lo mejor será volver a la calle principal», pensó, y se giró dándole la espalda al viejo edificio.
Entonces escuchó el repiqueteo de una campanita justo detrás.
Aunque era un tañido claro y elegante, en aquel lugar sombrío era capaz de poner los pelos de punta a cualquiera.
La señorita Eun-hye, preparada para hacerle frente a algo inesperado y salir corriendo del callejón en un santiamén, volvió la cabeza para mirar atrás.
Las lámparas redondas a la entrada del viejo edificio se habían encendido y brillaban con una luz suave. De la doble puerta de aluminio ligeramente entreabierta asomaba un pequeño cuerpo.
—¿Señorita?
La señorita Eun-hye reconoció aquella voz al instante. Era el trabajador del Hotel Dear Grace que había hablado con ella por teléfono.