Horizonte Azul II
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II

El tercer ciclo del viaje comenzó en silencio.

Aun así, había una sensación difícil de explicar.

Era como si la propia nave fuese diferente.

No había ningún defecto evidente.

Ninguna alarma.

Ninguna avería.

Pero, desde las pequeñas oscilaciones eléctricas registradas durante las últimas horas, todos habían empezado a prestar más atención a los detalles más insignificantes.

En la enfermería, Lena terminaba los exámenes diarios cuando se dio cuenta de que Claire estaba distraída.

— ¿Todo bien?

Claire tardó unos segundos en responder.

— Creo que sí.

— ¿«Crees»?

Sonrió con cierta incomodidad.

— He dormido mal.

Lena consultó rápidamente los registros de la pulsera biométrica.

Las constantes vitales eran normales.

— ¿Una pesadilla?

Claire se sorprendió.

— ¿Cómo lo has adivinado?

— No has sido la única.

La médica abrió otra pantalla.

Marcus también había mostrado alteraciones durante el sueño.

Sofia.

Daniel.

Maya.

E incluso Adrian.

Ninguno se había despertado durante la noche.

Pero todos habían mostrado una intensa actividad cerebral exactamente en el mismo periodo.

Lena frunció el ceño.

Aquello era inusual.

Decidió reunir al grupo durante el desayuno.

Sentados alrededor de la mesa circular, Ethan percibió que todos parecían un poco más cansados.

— ¿Alguien ha dormido mal?

Marcus levantó discretamente la mano.

— Yo.

Claire hizo lo mismo.

Después Sofia.

Daniel.

Maya.

Por último, Adrian.

Ethan miró a Lena.

— ¿Qué está pasando?

La médica proyectó los gráficos de las pulseras biométricas.

— Todos habéis presentado picos de actividad cerebral entre las dos y las tres de la madrugada.

Noah abrió mucho los ojos.

— ¿Todos al mismo tiempo?

— Exactamente.

Maya apoyó los codos sobre la mesa.

— Tal vez sea consecuencia de la travesía por el agujero de gusano.

Lena asintió parcialmente.

— Es posible.

Claire continuó mirando su taza.

— Yo tuve un sueño...

Los demás se volvieron hacia ella.

Respiró lentamente.

— Caminaba por un bosque enorme.

La sala quedó en silencio.

Sofia levantó la cabeza.

— ¿El bosque tenía árboles muy altos?

Claire abrió mucho los ojos.

— Sí...

Daniel la interrumpió.

— ¿Y había una niebla azul entre los árboles?

Esta vez fue Claire quien quedó completamente inmóvil.

— ¿Cómo sabes eso?

Daniel tardó unos segundos.

— Porque soñé exactamente lo mismo.

Un escalofrío recorrió la sala.

Marcus se acercó a la mesa.

— Espera...

Miró a Ethan.

— En mi sueño también estaba ese bosque.

Maya dejó escapar un suspiro.

— En el mío también.

Adrian permaneció en silencio.

Después habló en voz baja.

— Pensé que solo era imaginación.

Olivia observaba atentamente a todos.

— Describidlo.

Claire cerró los ojos un instante.

— Los árboles eran enormes...

Daniel continuó.

— El cielo tenía un tono azul verdoso.

Marcus añadió:

— No había viento.

Sofia completó:

— Pero tenía la sensación de que alguien nos observaba.

Nadie habló durante varios segundos.

Incluso Noah, que normalmente buscaba explicaciones racionales para todo, parecía incómodo.

Ethan rompió finalmente el silencio.

— Puede ser solo una coincidencia.

Marcus respondió de inmediato.

— ¿Seis personas soñando exactamente con el mismo lugar?

Maya cruzó los brazos.

— Las coincidencias también existen.

Lena puso fin a la discusión.

— No saquemos conclusiones precipitadas.

Registró cuidadosamente todas las descripciones.

Aunque intentaba mantener una postura científica, no podía apartar una pregunta de su mente.

¿Cómo podían seis personas distintas compartir prácticamente el mismo sueño?

Mientras todos abandonaban la sala, Noah permaneció observando los gráficos de las pulseras.

Las actividades cerebrales realmente coincidían.

Segundo a segundo.

Era como si, durante unos minutos de la madrugada, las mentes de la tripulación hubiesen seguido exactamente el mismo patrón.

Apagó lentamente la pantalla.

Intentó convencerse de que todo tenía una explicación científica.

Pero, por primera vez desde el inicio de la misión, aquella respuesta parecía mucho más difícil de encontrar.

El asunto de los sueños continuó ocupando la mente de la tripulación durante el resto del día.

Nadie lo comentaba abiertamente.

Pero bastaba con cruzar una mirada para comprender que todos seguían pensando en el mismo bosque.

Noah intentaba ignorarlo.

Prefería confiar en los números.

En los gráficos.

En la lógica.

Así había resuelto prácticamente todos los problemas de su vida.

Volvió a sentarse frente al terminal principal del centro de comunicaciones.

Olivia se acercó poco después.

— ¿Sigues pensando en los sueños?

— No.

Ella sonrió.

— Mentira.

Noah respiró profundamente.

— Intento encontrar una explicación.

— ¿La has encontrado?

— Todavía no.

Volvió a concentrarse en los sensores externos.

Tal vez trabajar le ayudara a olvidar el tema.

La Odyssey-X9 continuaba atravesando Andrómeda a velocidad constante.

Millones de estrellas eran registradas automáticamente.

Nebulosas.

Pequeños planetas errantes.

Fragmentos de cometas.

Todo era catalogado por la inteligencia artificial de la nave.

Fue entonces cuando un pequeño gráfico comenzó a oscilar.

Noah acercó inmediatamente el rostro a la pantalla.

— Olivia...

Ella se levantó.

— ¿Qué ocurre?

Una señal extremadamente débil aparecía en la frecuencia de largo alcance.

No parecía una comunicación convencional.

Tampoco se comportaba como ruido de fondo.

Era una secuencia corta.

Regular.

Después desaparecía.

Segundos más tarde, regresaba.

Olivia inició un análisis espectral.

— Podría ser una estrella de neutrones.

Noah continuó observando.

— Tal vez.

Ella amplió la señal.

El ordenador intentó clasificarla automáticamente.

Durante unos segundos no apareció ninguna respuesta.

Entonces surgió únicamente un mensaje.

ORIGEN INDETERMINADO.

Noah modificó la frecuencia.

La señal se debilitó.

Cambió de nuevo.

Reapareció.

Siempre procedía exactamente de la dirección del destino programado.

Olivia fue la primera en percibir el detalle.

— ¿Lo ves?

— Sí.

Proyectó el mapa estelar.

El pequeño marcador azul que representaba el planeta permanecía frente a la nave.

La señal parecía originarse en aquella misma dirección.

Eso no significaba necesariamente que procediera del planeta.

Podía existir cualquier fenómeno natural entre ambos puntos.

Aun así, llamó la atención de los dos.

— Voy a llamar a Ethan.

Pocos minutos después, todo el equipo principal estaba reunido en el centro de comunicaciones.

Noah explicó rápidamente lo ocurrido.

Daniel observaba atentamente los gráficos.

— ¿Intensidad?

— Muy baja.

Marcus preguntó:

— ¿Podría ser otra nave?

Noah negó con la cabeza.

— No tenemos datos suficientes.

Maya se acercó.

— ¿Algún fenómeno conocido produce algo así?

Olivia respondió:

— Varios.

Púlsares.

Estrellas magnetizadas.

Interferencias gravitacionales.

Incluso partículas energéticas pueden producir lecturas similares.

Daniel asintió.

— Entonces todavía no tenemos motivos para preocuparnos.

Ethan siguió mirando el mapa.

— ¿La señal representa algún peligro inmediato?

En el ordenador apareció la respuesta.

NINGUNA AMENAZA IDENTIFICADA.

Ethan respiró aliviado.

— Entonces continuamos con la misión.

Marcus todavía parecía desconfiado.

— Mantendremos ese sector bajo vigilancia.

Noah programó un seguimiento continuo.

Si la señal volvía a aumentar, serían avisados de inmediato.

Cuando todos abandonaron el centro de comunicaciones, Olivia permaneció unos instantes mirando el mapa.

El pequeño punto azul seguía indicando el destino.

Justo delante.

Silencioso.

Inmóvil.

Apagó lentamente el monitor.

En el instante en que la pantalla se oscureció, la señal reapareció durante menos de un segundo.

Tan rápido que ningún equipo llegó a emitir una alerta.

Después volvió a desaparecer.

Como si algo, muy lejos de allí, acabara de responder a la presencia de la Odyssey-X9... sin que nadie lo percibiera.

Noah permaneció frente al terminal de comunicaciones durante más de una hora.

Realizó nuevas búsquedas.

Modificó frecuencias.

Cambió filtros.

Recalibró los sensores de largo alcance.

Nada.

El extraño pulso detectado anteriormente había desaparecido por completo.

Era como si nunca hubiera existido.

Olivia se acercó lentamente.

— ¿Algo?

Noah negó con la cabeza.

— Absolutamente nada.

Ella observó el enorme mapa holográfico.

Miles de estrellas eran identificadas automáticamente por la Odyssey-X9.

Entre ellas solo permanecía un pequeño marcador azul.

El destino.

Silencioso.

Inmóvil.

Respiró profundamente.

— Voy a archivar los registros.

— Hazlo.

Aunque no tuvieran respuestas, decidieron conservar toda la información.

Si el fenómeno volvía a producirse, podrían comparar los datos.

Poco después, Ethan volvió a reunir a la tripulación en la sala principal.

Todos conocían ya la rutina.

La reunión era breve.

Objetiva.

Pero importante.

El comandante observó a cada uno de los integrantes.

Durante los últimos días habían dejado de ser únicamente diez personas huyendo de la Tierra.

Ahora funcionaban como un auténtico equipo.

— Quiero agradeceros el trabajo de todos.

Claire sonrió discretamente.

Marcus permaneció atento.

Daniel se apoyaba sobre la mesa.

— Hemos tenido algunos acontecimientos extraños.

Miró a Noah.

— Oscilaciones eléctricas.

Después a Lena.

— Sueños similares.

Luego se volvió hacia Olivia.

— Una señal desconocida procedente de la dirección de nuestro destino.

Hizo una breve pausa.

— Todavía no sabemos si estos hechos están relacionados.

Nadie respondió.

Porque nadie lo sabía realmente.

— Por lo tanto, continuaremos exactamente como estaba previsto.

Daniel tomó la palabra.

— Puedo confirmar que todos los sistemas de la Odyssey-X9 permanecen en perfecto funcionamiento.

Proyectó rápidamente los diagnósticos.

Reactor principal.

Motores.

Escudos.

Soporte vital.

Todos mostraban indicadores verdes.

— Si existe algún problema, desde luego no está en la nave.

Marcus cruzó los brazos.

— Entonces seguiremos atentos.

Ethan asintió.

— Sin paranoia.

— Sin bajar la guardia —respondió Marcus.

Ambos intercambiaron una breve sonrisa.

Era precisamente aquel equilibrio lo que mantenía unido al equipo.

Después de la reunión, cada integrante regresó lentamente a su sector.

Claire realizó la última inspección del invernadero.

Lena volvió a organizar la enfermería.

Daniel programó una nueva secuencia automática de diagnósticos.

Noah y Olivia finalizaron las actividades en el centro de comunicaciones.

Marcus realizó su ronda habitual por los corredores.

Poco a poco, la Odyssey-X9 volvió a sumergirse en el silencio.

Ethan caminó solo hasta el observatorio.

Le gustaba aquel lugar.

Allí conseguía olvidar, durante unos minutos, todo lo que habían dejado atrás.

Activó el diario oficial de la misión.

Una pequeña luz verde apareció frente a él.

Comenzó a hablar.

— Diario de a bordo... tercer día después de la travesía del agujero de gusano.

Hizo una breve pausa mientras contemplaba Andrómeda a través del enorme panel transparente.

— La tripulación está bien. Hemos conseguido establecer una rutina de trabajo. La nave funciona perfectamente y nuestros recursos siguen por encima de lo esperado.

Volvió a mirar las estrellas.

— Hemos detectado algunos acontecimientos que todavía no conseguimos explicar. Pequeñas oscilaciones eléctricas, una señal de origen desconocido y registros extraños durante el periodo de descanso de la tripulación.

Sonrió discretamente.

— Tal vez todo tenga una explicación sencilla. Tal vez sea únicamente consecuencia del viaje más extraordinario jamás realizado por la humanidad.

Apagó el grabador.

Permaneció unos segundos observando el vacío.

En aquel silencio absoluto, el universo parecía infinito.

Fue entonces cuando la voz serena de la inteligencia artificial resonó por toda la Odyssey-X9.

TRAYECTORIA CONFIRMADA.

TODOS LOS SISTEMAS OPERATIVOS.

DESTINO PROGRAMADO MANTENIDO.

TIEMPO RESTANTE HASTA LA LLEGADA: 48 HORAS Y 00 MINUTOS.

En distintos sectores de la nave, todos escucharon el anuncio.

Claire levantó la mirada en el invernadero.

Daniel interrumpió el mantenimiento.

Lena cerró lentamente un armario de la enfermería.

Marcus se detuvo en mitad del corredor.

Noah volvió a mirar el mapa estelar.

Cuarenta y ocho horas.

Solo dos días separaban a la humanidad de un mundo completamente desconocido.

Ninguno de ellos imaginaba que, en aquel mismo instante, mucho más allá del alcance de los sensores de la Odyssey-X9, algo permanecía inmóvil, oculto en la oscuridad del sistema estelar.

Esperando.

Pacientemente.

La llegada de los primeros visitantes de la Tierra.