Hopeless. Tocando el cielo (Hopeless 1) Sábado, 1 de septiembre de 2012. 1915 h #4
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Sábado, 1 de septiembre de 2012. 1915 h #4

Con delicadeza, deja caer de nuevo el peso sobre mí, simulando una conexión más íntima.

Me besa varias veces las comisuras de los labios y desciende hacia la barbilla de camino hacia el cuello.

Cuanto más se acelera el ritmo de su respiración, más lo hace el mío.

Y, cuanto más deprisa respiro, más rápidos son los besos que distribuye por mi cuello.

Y, cuanto más rápido me besa en el cuello, más deprisa nos movemos, juntos, al unísono, creando un ritmo que, a juzgar por lo acelerado que me va el pulso, no va a durar mucho tiempo.

Clavo los talones en la cama y las uñas en su espalda.

Holder deja de besarme y me dirige una mirada capaz de prenderme fuego.

Luego vuelve a clavar la vista en mis labios, y me encantaría contemplar cómo me observa, pero no puedo mantener los ojos abiertos.

Se me cierran sin querer en cuanto noto la primera oleada de escalofríos que me avisa de lo que está por llegar.

—Abre los ojos —me ordena.

Lo haría si pudiera, pero no tengo fuerzas.

—Por favor —me ruega.

Al oírlo pronunciar esas palabras, los ojos se me abren como si tuvieran voluntad propia.

Desde abajo veo que me mira con una necesidad intensa, y el momento me parece más íntimo de lo que podría ser un beso.

Aunque me cuesta muchísimo, logro mantener los ojos abiertos mientras dejo caer los brazos, me agarro a las sábanas con las dos manos y doy las gracias al karma por haber puesto a este desastre de chico en mi vida.

Porque, hasta este preciso instante —cuando las primeras oleadas de luz pura e inmaculada me recorren por completo—, no me había dado cuenta de que me faltaba.

Empiezo a estremecerme bajo su cuerpo. Él no rompe el contacto visual en ningún momento.

Yo, sin embargo, no puedo mantener los ojos abiertos por mucho que me esfuerce.

Al rendirme y cerrarlos, siento que sus labios se deslizan con suavidad sobre los míos, aunque sigue sin besarme.

Nuestras bocas resisten tozudas, pegadas pero quietas, y la rendija que queda abierta entre ellas permite el paso de mis gemidos, de mi aliento y tal vez de una parte de mi corazón, que se cuela en su interior.

Sumida en el éxtasis, desciendo despacio a la Tierra y, cuando al fin él deja de mecerse contra mí, empiezo a recuperarme de una experiencia que podría haberme resultado bochornosa, pero él ha logrado que no lo sea en absoluto.

Estoy temblando, agotada física y emocionalmente, y él sigue besándome el cuello, los hombros y cualquier otra parte que no sea la que más anhelo: la boca.

No parece tener la menor intención de rendirse, porque, aunque aparta los labios de mi hombro y acerca la cara a la mía, se niega a establecer contacto. Levanta la mano y me acaricia el pelo; mientras me aparta un mechón rebelde de la frente, susurra:

—Eres increíble.

Y esta vez no me observa la boca al decirlo porque tiene los ojos clavados en los míos. Sus palabras compensan su tozudez y hacen que se me escape una sonrisa.

Holder se desploma en la cama a mi lado, jadeando, mientras se esfuerza por contener el deseo que sé que sigue recorriéndole las venas.

Con los ojos cerrados, escucho el silencio que se instala entre nosotros cuando los jadeos dejan paso a una respiración pausada. Todo está tranquilo a nuestro alrededor; creo que mi mente nunca había estado tan en paz.

Acerca la mano y une el dedo meñique al mío, como si no le quedaran fuerzas para sostenerme la mano entera.

Me gusta porque ya nos hemos dado la mano, pero nunca nos habíamos agarrado del meñique.

Me doy cuenta de que es otra primera vez que ya hemos superado, pero no me importa porque empiezo a tener claro que con él no importan demasiado las primeras veces.

Sé que podría besarme por primera vez, o la vigésima o la millonésima, y me daría igual porque estoy segura de que acabamos de batir el récord de mejor primer beso de la historia de los primeros besos, y eso que ni siquiera nos hemos besado como es debido.

Tras un periodo de silencio perfecto, Holder inspira hondo, se sienta en el colchón y me mira.

—Tengo que irme. No puedo seguir ni un segundo más en esta cama contigo.

Ladeo la cabeza hacia él y lo observo desanimada mientras se levanta y se pone la camiseta. Él sonríe al ver mi expresión y se inclina sobre mí hasta quedar muy cerca, peligrosamente cerca.

—Cuando te he dicho que no iba a besarte esta noche, lo decía muy en serio, pero, joder, Sky, no tenía ni idea de que ibas a ponérmelo tan difícil.

Me desliza la mano bajo la nuca y contengo el aliento mientras siento que el corazón se me va a salir del pecho. Me besa en la mejilla y noto que duda antes de apartarse de mí.

Holder camina de espaldas hacia la ventana sin perderme de vista en ningún momento. Antes de salir, se saca el móvil del bolsillo y desliza los dedos por la pantalla antes de guardárselo. Con una sonrisa de despedida, salta al exterior y cierra la ventana.

No sé de dónde saco las fuerzas para levantarme de un salto e ir corriendo a la cocina. Cojo el teléfono, donde, tal como me imaginaba, me espera un mensaje suyo, aunque solo consta de una palabra:

Increíble.

Sonrío porque estoy de acuerdo. Ha sido increíble.