HISTORIAS DEL ÁNGEL CAÍDO
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Prólogo
Historias del ángel caído es la tercera copa servida, el tercer tiempo, el tercer volumen.
Algunos podrán llamarlo parte de una trilogía; yo prefiero pensarlo como la cábala mística de la Trinidad versus el Tridente.
Son las historias sobre ángeles que perdieron sus alas, errados y soberbios que buscan reivindicarse para retornar al cielo que les prometieron.
Esta entrega es un ciclo de relatos que no busca redención ni consuelo, sino que descorcha botellas de vino fermentadas con sangre, odio, carne y culpa.
Relatos añejados en barricas del tiempo, apuñaladas para sacar sus brebajes, dejando heridas abiertas que nunca terminaron de cicatrizar.
Fueron escritos, enjuiciados y luego olvidados.
Algunos descartados, pero otros rescatados por el tiempo, como quien escoge una cepa entre los viñedos de la memoria.
Otros fueron tempranillos, frescos, atrevidos, con acidez joven y aromas de fruta.
Algunos con sabor a cuero viejo y herrumbre, otros más con notas ahumadas de piel quemada y pecado.
Algunos relatos te acariciarán como un vino dulce, con luz de amor y nostalgia; otros te lacerarán el paladar, ferrosos como un tajo en la lengua.
Este libro está dividido en tres partes, como un triduo sacro que invoca al ángel caído.
La primera contiene historias de demonios hambrientos que acechan en los márgenes de la divinidad.
«Zarpazos y teriomorfismos» son relatos de lo sobrenatural, de ángeles diabólicos que devoran carne, sorben médula y susurran promesas a los incautos.
«Hominis Sanguinem» es la segunda parte.
Retrata al ser humano en su estado más crudo: el hombre como bestia, en guerra consigo mismo.
Relatos con dientes astillados, ojos hinchados, uñas rotas contra el muro de la violencia doméstica, del rencor social, de la rabia contenida.La tercera parte es el descenso final: «Animadversiones», historias trágicas de pasiones malogradas, de odios fermentados en los corazones rotos.
Relatos sobre almas suicidas que perdieron el rumbo y forjaron su propio infierno.
La literatura, en mi caso, ha sido un bar de madrugada.
Un lugar para confesarse, para exagerar, para inventar.
Para mirar el pasado a través de una copa llena.
A veces con humor, otras con rabia, muchas con dolor.
Escribir ha sido mi manera de digerir la violencia, el insomnio y las derrotas.
De reírme de la oscuridad, de invocar a los demonios con nombre propio y darles voz para que me dejen dormir.
Este libro no existiría sin aquellos que han corregido mis borradores con paciencia y sinceridad.
A los talleres, a los clubes de lectura, a mis colegas, aliados del abismo, gracias.
Y también a mis estimados Nora y Aitor, quienes me acompañaron como enólogos expertos de mis textos, detectando acideces, impurezas y taninos rebeldes.
Para quienes ya me han leído, sabrán que aquí no hay moralejas. Tal vez se encuentren retratados en alguna escena monstruosa de este libro; espero que no.
Brindo con ustedes, lectoras y lectores, por esta tercera entrega. ¡Sírvanse una copa, que el rito prohibido apenas comienza!